FRENTE A LA BARBARIE CAPITALISTA, LOS Y LAS TRABAJADORAS SOLO PUEDEN CONFIAR EN SU PROPIA FUERZA

El capitalismo incendia nuestro planeta…

Iniciamos septiembre en un momento crítico, en el que el sistema capitalista amenaza con llevar a la humanidad y al planeta a un escenario en el que la barbarie y la desolación aparecen como el único destino posible mientras sean los capitalistas quienes dirijan nuestras vidas.

Una desolación hemos visto continuamente durante este verano. Y es que, a unos incendios de tal magnitud que, en el Estado español, en apenas dos años hemos sufrido cuatro de los cinco mayores incendios registrados debemos sumarles las incontables olas de calor que nos ha asolado y que tienen un impacto también en nuestra salud laboral. De hecho, según datos del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, el riesgo de sufrir un accidente laboral aumenta un 17% durante las olas de calor. Una situación que se une a un escenario ya de por si escalofriante en el que, aun con el verano por terminar, ya presenta un aumento del 56% de los accidentes graves en el Estado español durante el mes de julio (39) con respecto al año pasado (25), datos que explican que tengamos una siniestralidad laboral que da una media de dos trabajadores fallecidos por día.

y destruye nuestras vidas

Pero, sin duda, ha sido la crisis humanitaria en Ceuta la que mejor ha ejemplificado lo que es el capitalismo. Entre el 30 y el 31 de julio, 80.000 trabajadores y jóvenes se lanzaron al mar para intentar cruzar la frontera, huyendo de la pobreza y las condiciones de miseria que viven. A las 141 personas que perdieron la vida en busca de un futuro mejor hemos de sumar la actuación policial, de la guarida civil y el ejército con devoluciones y retenciones de trabajadores migrates en situaciones deplorables en Ceuta, al amparo del el co gobierno PSOE-Sumar, que ha endurecido las leyes de asilo y extranjería, poniendo a estas personas en una situación de indefensión aún mayor.

Una situación que la derecha y la extrema derecha están aprovechando para lograr dos ovjetivos: primero, para seguir preparando nuevas ofensivas contra las condiciones de los y las trabajadoras, tantos migrantes como nativos mediante discursos y acciones racistas, xenófobas y nacionalistas; segundo, hablar de “invasión” y de inseguridad para justificar la creciente militarización y el aumento de la represión para ocultar que, en realidad, esta militarización responde al auge de las tensiones y rivalidades interimperialistas, alimentadas por la competencia por el control de los recursos y los mercados.

La hoja de ruta de los capitalistas y la respuesta de los y las trabajadoras

El objetivo de los capitalistas es, sin duda, aumentar el beneficio que sacan de la explotación de la clase trabajadora y del planeta y, para ello, buscan silenciar cualquier voz disidente. Y en este contexto actual, están apostando por el establecimiento y fortalecimiento de regímenes autoritarios y de la extrema derecha a nivel mundial.

No obstante, aun con este auge reaccionario y autoritario, la situación está lejos de resolverse en su favor. La lucha de clases entre los capitalistas y la clase trabajadora no se detiene, y no lo hace porque es una consecuencia inevitable de la propia existencia de la sociedad de clases capitalista, una sociedad en la que cada clase tiene sus propios intereses contradictorios entre ellos. Estas contradicciones son las que nos permite asegurar las luchas en los centros de trabajo, de estudio, contra las opresiones, por la vivienda, por los servicios públicos o por los derechos democráticos se van a seguir sucediendo.

De hecho, en este contexto de agudización de las contradicciones entre los intereses de los capitalistas y los de la clase trabajadora nos demuestra que, precisamente, luchas no nos faltan. Y son numerosos los ejemplos recientes que avalan esta afirmación: huelgas masivas con decenas de miles de personas en Minnesota con grupos de autodefensa contra el ICE en EEUU; una revuelta en Bolivia nacida de la lucha contra los ataques a los salarios y otras condiciones del gobierno Paz, los estallidos entre la juventud que han derribado a primeros ministros en Magadascar, Nepal, Serbia o Perú; las movilizaciones de jóvenes contra el servicio militar obligatorio en Alemania o la lucha contra el genocidio palestino en todos los rincones del globo.

Y el Estado español no es una excepción pues tenemos huelgas y movilizaciones, tanto en el sector privado, donde a las importantes huelgas en el sector del metal en Cádiz y Galicia se ha sumado la huelga indefinida en Airbus en la que la plantilla está pasando por encima de los acuerdos de la miseria que quieren firmar sus direcciones sindicales y organizándose en asambleas para decidir los objetivos y la orientación de la huelga, como en el sector público, en el que hemos tenido luchas masivas de sanitarios y una huelga indefinida de docentes en Catalunya y País Valencià con posibilidades de extenderse este nuevo curso a Madrid y Andalucía. En el caso de Andalucía tenemos que el movimiento estudiantil que está en lucha contra las reformas privatizadoras como la LUPA, está en coordinación con los/as docentes para construir esa huelga educativa.

En la lucha de clases no hay atajos

Ante este contexto de explosiones sociales debemos reflexionar sobre cómo se puede transformar todas estas luchas en una fuerza capaz de derribar este sistema. Porque pasar de movilizarte por las condiciones de vida a hacerlo para derrocar a los capitalistas no es algo que pase de manera automática y no todas las respuestas sirven para eso. Precisamente porque no se enfrentan a los intereses de los capitalistas, que son opuestos a los de la clase trabajadora, es que la respuesta de la izquierda institucional y sindical no permite solucionar esta cuestión central, sino que más bien la orientación política de gestión del sistema, manteniendo la ilusión de que es posible una colaboración de clases para alcanzar la paz social, incluso en un momento como este, supone un freno para elevar el nivel de conciencia de clase y ayuda a desarmar a nuestra clase social, abonando el terreno para el crecimiento de la extrema derecha.

Frente a estas ilusiones de la izquierda institucional de que se puede gestionar las crisis del sistema y frenar a la extrema derecha con nuevas coaliciones electorales y la política del mal menor, defendemos que solo la clase trabajadora tiene la solución. Pero que esta pasa porque recupere la confianza en su propia capacidad para actuar, organizarse y defender sus intereses de forma independiente.

Pero para afrontar esta tarea, es necesario que todos/as aquellos/as que ya pensamos en estas claves nos organicemos en una herramienta que, al calor de las movilizaciones existentes, busque elevar el nivel de conciencia de estas luchas de una pelea para defender nuestras condiciones laborales o de estudio y pasar a una lucha política que busque derribar este sistema podrido y alcanzar una transformación revolucionaria de esta sociedad en una nueva sociedad sin clases, sin explotación y sin opresiones: la sociedad comunista.