NO SON INVASORES, SON TRABAJADORES/AS Y JÓVENES COMO NOSOTROS/AS HUYENDO DE LA MISERIA

Desde hace unos días, venimos asistiendo a pogromos perpetrados por grupos de extrema derecha contra migrantes hacinados en la playa del Trampolín de Ceuta y todo eso bajo la inacción y la atenta mirada de la policía y la guardia civil que sin embargo detiene y reprime a miembros de las ONG’s que están dando soporte a las personas migrantes. Las importantes manifestaciones de estos últimos días exigiendo la deportación inmediata de las personas migrantes que entraron a Ceuta el pasado día 30 de julio contrastan con las primeras movilizaciones de Ceutíes increpando a militantes e influencers de extrema derecha al grito de “fuera fascistas”. Entre medias, tres semanas de inacción por parte de un gobierno central que no solo no quiere acoger a estos trabajadores y jóvenes sino que además habla de “violación territorial de la soberanía española” mientras mantiene en Ceuta a 5000 migrantes en situaciones infrahumanas a la espera de poder expulsarlos legalmente.

Esta situación está siendo un caldo de cultivo inmejorable para una extrema derecha que empezó diciendo que había que “cazar” a los/as migrantes para acto seguido, y con el apoyo del PP, convocar movilizaciones a grito de fuera “invasores” entre las que se enmarcan las concentraciones convocadas frente a los ayuntamientos del conjunto del Estado Español para el próximo día 2 de septiembre.

La política del gobierno PSOE-SUMAR: ejército, triaje para agilizar las deportacionesy endurecimiento de las leyes de asilo y de extranjería. Un caldo de cultivo para la derecha y la extrema derecha

Desde que los días 30 y 31 de julio, hace ya un mes, 80.000 personas intentasen cruzar la frontera en busca de un futuro, contabilizándose hasta 141 muertes, lo que se han encontrado ha sido al ejército, la policía y la Guardia civil, devoluciones y una situación de espera en condiciones infrahumanas en Ceuta, donde hay unos 5.000 migrantes. Esa ha sido la respuesta del gobierno PSOE-SUMAR, que en vez de dar acogida a esos trabajadores y jóvenes, ha optado por devolverlos a sus países para quitarse el problema de encima mientras endurece las leyes de asilo y extranjería acelerando los plazos de expulsión, regulando la posibilidad de internamientos forzosos o restringiendo el derecho de asilo. Resultado: un gobierno que busca expulsar a la mayoría de las personas migrantes que se encuentran a día de hoy Ceuta y mientras lo hace siguiendo la actual ley de extranjería, genera un desastre humanitario siendo éste un caldo de cultivo para el racismo y la xenofobia tanto en la población ceutí como en otros lugares del Estado español.

Y mientras, PP y VOX aprovechan este caldo de cultivo y agitan la bandera del odio echando la culpa de nuestros problemas a los migrantes…

Mientras PP y VOX hablan de “invasores” y de “cacerías”, grupos de extrema derecha golpean, arrasan y queman el campamento de migrantes en las playas de Ceuta. Frente a eso no puede haber respuestas tibias. Los/as migrantes que se encuentran en Ceuta son trabajadores/as y jóvenes que se buscan la vida huyendo de las condiciones de pobreza y miseria en la que se encuentran. Porque, por mucho que se empeñen, no existe otra razón para que todos esos jóvenes y trabajadores decidan tirarse al mar y jugarse la vida con el objetivo de llegar a territorio español, como no hay otra razón cuando se montan en pateras y cayucos para viajes que no saben a donde los llevará.

Condiciones de miseria y pobreza que, además, no han salido de la nada. Décadas de presencia directa de países europeos (sin ir más lejos, el Estado español tuvo colonias en Marruecos), y posteriormente de sus empresas (Acciona, ACS, Iberdrola, Naturgy, CaixaBank o el Banco Santánder en el caso español) y ejércitos, que esquilman y han esquilmado los recursos de todo el continente africano, condenando a sus habitantes a la explotación más miserable, a dictaduras sangrientas, a guerras civiles y a tener que buscarse la vida en aquellos mismos países responsables de lo que allí ocurre, que ahora los rechazan en sus fronteras.

para evitar que miremos a los verdaderos culpables de nuestra situación de miseria y explotación

El capitalismo es un sistema en el que una minoría siempre busca alcanzar el máximo beneficio. Para eso, poco le importa si se generan guerras, se destruye el planeta, si los/as trabajadoras llegamos a fin de mes o si se fomenta el racismo y la xenofobia. Al contrario, los capitalistas tienen interés en que los y las trabajadoras estemos divididos por aquello del “divide y vencerás” y más aún que acabemos asimilando que nuestros problemas son culpa del trabajador/a migrante. Hay que rechazar la política de la guerra de pobres contra pobres. los migrantes no son los culpables de que cada vez nos cueste más llegar a fin de mes, nos cueste más pagar el alquiler y acceder a una vivienda o de que nos despidan. No, los culpables son aquellos que nos hacen trabajar por salarios miserables, que nos dicen que no podemos enfermar porque si lo hacemos faltamos al trabajo, los que quieren hacernos trabajar más por menos y que nos jubilemos cada vez más tarde, o los que recortan los servicios públicos para fomentar su privatización. Y a esos ni les importa Ceuta ni les importamos nosotras/os. Lo único que vale para ellos son sus beneficios, ganar más a nuestra costa. Y contra esos, ni la derecha ni la extrema derecha nunca tienen nada que decir, mientras la izquierda institucional rechaza aplicar unas políticas que se enfrenten verdaderamente a sus intereses.

Desde la izquierda comunista y revolucionaria tenemos una responsabilidad: frente al racismo, a la extrema derecha y a las políticas antisociales vengan de donde vengan, es necesario movilizarse

Las personas migrantes hacinadas en Ceuta son trabajadores/as y jóvenes como nosotros. Tenemos más en común con ellos que con los millonarios Amancio Ortega, Juan Roig o demás Marcos de Quintos que acumulan riquezas explotando a sus trabajadores/as. Hay que acoger a las personas migrantes y regularizar sus situaciones. Basta ya de fronteras que sólo causan muertes. Hay riquezas suficientes en el mundo pero las acaparan los de siempre. Además tenemos que dejar claro que militarizar aún más las fronteras no acabarán con la migración: como mucho, seguirán matando. Porque migrar es el único recurso al que millones de personas pueden acudir para sobrevivir y huir de guerras, miserias y pobreza, una miseria provocada por potencias, como las europeas, para quienes las vidas no valen nada cuando de beneficios se trata. Que nadie se equivoque de enemigo: si no llegamos a fin de mes, si no paran de subir los alquileres, si nuestros empleos son precarios, si no se nos respetan nuestros derechos laborales o si nos jubilamos a los 67 años mientras recortan nuestros servicios públicos… no es culpa del migrante sino de un sistema controlado económica y políticamente por una minoría que solo busca enriquecerse a costa nuestra.

Desde IZAR, hacemos un llamamiento urgente al conjunto de las organizaciones de la izquierda política, social y sindical en el conjunto de las ciudades a reunirse para hacer declaraciones comunes que vayan en este sentido y para organizar movilizaciones de repulsa del racismo y por la regularización de las personas migrantes.