OLAS DE CALOR E INCENDIOS QUE NO SON NATURALES

Europa atraviesa la tercera ola de calor del año. Capitales europeas por encima de los 40 ºC, con al menos siete países superando su récord histórico desde mayo de este año y que deja 10.000 muertes por encima de lo habitual. El Ártico se calienta hasta cuatro veces más rápido que el resto del planeta y hace más frecuentes y prolongadas estas olas de altas temperaturas. Las consecuencias son devastadoras. No solo es el calor que notamos. Se han sobrepasado siete de los nueve límites planetarios para la estabilidad del planeta. Y solo en la última década, los desastres climáticos han causado 250 millones de desplazamientos, según el último informe de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

La crisis climática ya es la barbarie. Cada año se hace inventario de nuevos y peores datos para elaborar leyes a modo de parches sobre parches, sin cuestionar el modo de producción que genera este desastre. Esta realidad que atravesamos derrumba la ofensiva patronal y política contra las bajas laboralesde las últimas semanas. Mueren trabajadores en sus puestos de trabajo por el calor. Durante la última ola, han muerto al menos un temporero de 64 años en Lleida y un trabajador migrante de 48 años en plena calle en Sevilla.Sin embargo, las estadísticas del Ministerio de Trabajo no recogen ninguna categoría para la muerte por calor, sino que las disuelve entre infartos y “otras causas”. Pero la siniestralidad laboral aumenta un 17,4 % durante las olas de calor, mientras que el mismo Ministerio de Trabajo defiende la ejemplaridad de España en la gestión de la adaptación climática. Y así quieren creerlo sus socios europeos, desconcertados ante la barbarie que derrite sus raíles, semáforos y asfaltos. Al ministro de Trabajo francés, Jean-Pierre Farandou, le debió dar un golpe de calor cuando decidió organizar un viaje, a invitación de Yolanda Díaz, para aprender de la normativa española ante las olas de calor. “En Madrid, a 40º C la sociedad funciona”.  Y no le falta razón, ya que ni estar rodeados de un aire irrespirable es excusa aquí para parar la rueda del capital. Quizá viene sin saberlo, pero seguramente lo que atraiga al ministro francés sea precisamente ver cómo el Estado español es capaz de forzar la maquinaria productiva y el normal funcionamiento mediante el disciplinamiento laboral que bien ejemplifican los mencionados ataques a las bajas laborales, mientras mueren obreros por el calor. Desde luego, es buen sitio para aprender si de lo que se trata es de gestionar los efectos de la crisis climática en contra de los trabajadores. Seguramente el ministro francés, del Gobierno de Lecornu que ha recortado 163 millones del llamado Fondo Verde, viene sabiendo que continúa la normalidad mientras España encabeza la lista de países con más superficie arrasada por el fuego de Europa, donde ya han ardido más de 130.000 hectáreas desde inicios de año.

El riesgo de estos incendios aumenta durante las olas de calor. La crisis climática hace de estos fuegos más probables, más frecuentes y más difíciles de controlar. Sin embargo, cada año se abandonan montes, se reducen efectivos y se recorta en prevención y extinción. El pasado 9 de julio tuvo lugar el incendio más mortífero de Andalucía en los Gallardos (Almería), con 13 personas fallecidas, 1.300 personas desalojadas y más de 7.000 hectáreas calcinadas de la Sierra de Cabrera-Bédar. Como ya desarrollamos en este artículo durante los grandes incendios del año pasado, una vez más estos fuegos dejan al descubierto tanto la negligencia de los responsables, como la ineludibilidad de la crisis climática. Sobre lo primero, con sus particularidades en el contexto andaluz, destaca la falta de plantillas completas –mientras la Junta presume un año más de aumentar la inversión del Plan INFOCA–, el déficit de prevención forestal y la construcción de viviendas en entornos naturales. No se avisó a la población, las víctimas no conocían las instrucciones y continúa la incertidumbre de la causa por una aparente caída de una línea eléctrica, de la que todos se lavan las manos. Todo esto, apenas dos semanas después de que se formara gobierno en Andalucía con un pacto PP-Vox abiertamente negacionista de la crisis climática y ecológica, con el que blindan el saqueo de recursos naturales para contentar a la patronal agraria, pesquera, ganadera y minera; sobre lo segundo, la intensificación de los incendios y las condiciones para que se vuelvan inapagables evidencian los efectos de una crisis climática derivada innegablemente por este modo de producción basado en los combustibles fósiles. De manera reactiva, se extienden las conspiraciones que tratan de justificar el negacionismo ante la incontestable evidencia climática. Conspiraciones y bulos que ponen en el centro a las renovables, cambios de uso del suelo o hasta chemtrails para evitar hablar de lo que sí es evidente, y es que se desmantelan medios, se hace negocio con los recursos y se desvían millones de euros de políticas climáticas hacia el rearme y la escalada bélica.

La relación es directa y la inversión en greenwashing, una vez agotado su período mediático y de rentabilidad, se destina en toda Europa al negocio de la guerra. Así, la agenda estratégica europea se centra en la amenaza de las guerras que nuestro mismo bloque imperialista genera, por encima de la amenaza que supone el desastre climático y ecológico que está haciendo de Europa un lugar incompatible con la vida tal y como la conocemos. Los capitalistas tratan a toda costa de justificar el rearme y sus guerras, de manera que entre los operativos de extinción de incendios tenemos normalizado ver a un equipo de las Fuerzas Armadas como es la Unidad Militar de Emergencias (UME). Así, el Ministerio para la Transición Ecológica enmarca, de la mano de los ministerios de Interior y Defensa, su campaña política y comunicativa sobre los incendios, para incorporarlos en la agenda militarista y usarlos como pretexto para potenciar la imagen del Ejército, de la Policía y de la Guardia Civil. De la misma manera nos llegan imágenes de vehículos antidisturbios en Berlín refrescando las calles con sus cañones de agua, porque en Europa abunda el gasto militar y escasea el climático. También para ejecutar esas políticas se asienta la extrema derecha en los parlamentos. El capitalismo amenaza con exterminarnos y en medio de este infierno redirigen recursos a rearme, combustibles fósiles y extractivismo. Enfrentar los efectos de la crisis climática, como el calor o los incendios, solo pasará por la lucha de clases, expropiar las empresas contaminantes y planificar el uso de los recursos y la producción según las necesidades humanas y de la naturaleza.