Traducción de Yasmina Soriano de un artículo del NPA-R
Hace unas semanas, buques rusos y chinos que transportan petróleo y gas han sido autorizados por la marina estadounidense a atracar en Cuba. Estas entregas podrían aliviar a la población durante uno o dos meses pero son el resultado de negociaciones entre los dirigentes del Partido Comunista cubano y la administración Trump. Negociaciones que no preparan nada positivo para los trabajadores cubanos, sometidos a una violenta crisis humanitaria.
El imperialismo estadounidense quiere asfixiar a la población cubana
La población de Cuba atraviesa una importante crisis humanitaria, resultado del endurecimiento del bloqueo estadounidense. Desde el 9 de enero, la importación de energía fósil está impedida. Como consecuencia, en marzo de 2026 se han producido tres colapsos en el suministro de electricidad. Las familias se ven obligadas a tirar alimentos a consecuencia de esto y el agua corriente no llega a los hogares, ya que el bombeo depende de la electricidad. En los hospitales, cerca de 160.000 personas están en lista de espera para operaciones.
Este bloqueo reforzado tiene como objetivo obligar a Cuba a hacer concesiones, y el gobierno cubano comienza a ceder. Díaz-Canel, el presidente cubano, tras haber reconocido la existencia de negociaciones, anunció el 16 de marzo la publicación de un decreto que autoriza la posibilidad de que la diáspora cubana vuelva a invertir en territorio cubano.
Desde la revolución de 1959, que derrocó la dictadura de Batista, y posteriormente la adhesión del castrismo a la burocracia de la URSS en 1961, las burguesías cubana y estadounidense habían sido expropiadas. Este nuevo decreto les autoriza a invertir, cuando hasta ahora eso les estaba prohibido. Esto representa un paso importante hacia el restablecimiento de un capital privado en Cuba, un país donde el sector privado solo emplea al 10 % de la mano de obra y representa apenas el 15 % de las importaciones de mercancías, todo ello estrictamente regulado mediante acuerdos público-privados con el Estado cubano.
Desde 2010, los dirigentes del PCC buscan acelerar la liberalización de la economía. En febrero pasado, el Estado anunció que a partir de abril la cartilla de racionamiento ya no cubrirá la totalidad de los alimentos, sino solo una parte para los más vulnerables (mujeres embarazadas, ancianos, etc.). La población tendrá que pagar los alimentos a un precio más alto… en un mercado que pronto estará inundado por importaciones del sector privado. ¡Un buen regalo para los inversores extranjeros!
¡Los trabajadores de todo el mundo deben movilizarse contra la injerencia imperialista en Cuba y los ataques contra su población!
Los dirigentes del PCC quieren preservar sus propios intereses, incluso si eso implica empobrecer aún más a la población cubana. Hasta ahora, el imperialismo no quería ninguna negociación con los dirigentes cubanos: quería desalojarlos. La administración Trump parece cambiar de enfoque, al constatar que los herederos del castrismo podrían ser buenos gestores para un regreso en fuerza de los capitales estadounidenses y de la burguesía cubana en el exilio. En este contexto, Estados Unidos ha autorizado la llegada de petróleo ruso y chino, así como el atraque de la flotilla humanitaria «Nuestra América».
Si esta dinámica continúa, el pueblo cubano se enfrentará a reformas duras, que implicarán privatizaciones, despidos, deterioro de los servicios públicos y de las condiciones laborales. Se enfrentará al regreso con fuerza del imperialismo estadounidense. Para oponerse, solo puede contar con la movilización consciente de los trabajadores en la isla y en el mundo, contra la injerencia imperialista y para preservar las conquistas de la revolución de 1959. ¡Es urgente que los trabajadores y la juventud expresen en las calles su oposición a la voracidad capitalista!