Artículo del Combate Juvenil de IZAR
Las principales ciudades europeas se están convirtiendo en polvorines. Las acampadas y movilizaciones masivas a raíz del desahucio de Maricarmen han inspirado acampadas y protestas por la vivienda en Portugal o Irlanda. Y las movilizaciones de estudiantes de secundaria en Francia que sacaron a más de 800 000 personas a las calles el pasado 17 de octubre han motivado importantes protestas en Italia, Grecia o Bélgica, a las que se suman las movilizaciones en Alemania contra los presupuestos militares, en Serbia contra el gobierno y la corrupción y en Albania contra los centros de datos que le ha vendido el gobierno albanés al yerno de Trump. Estas luchas por supuesto no se paran en las fronteras europeas, también recorren Chile, la India, Marruecos o Nepal, lo que pone en el centro la necesidad del internacionalismo.
La lucha estudiantil en Francia está siendo un verdadero polo de luchas a escala internacional. Lo que empezó como una lucha digna de los estudiantes de secundaria contra una educación precarizada en los institutos de barrios obreros sin calefacción y que frecuentaban techos derrumbados y hasta ratas en las clases, ha acabado incorporando a universitarios y trabajadores de todos los sectores, con los chalecos amarillos uniendose a la lucha, que vistieron con un gran chaleco amarillo a Marianne, la estatua de la Plaza de la República en París, donde ponía: “la policía mutila estudiantes de secundaria”. Los estudiantes están hartos de la falta de recursos, obligados a dar clase de las 8 de la mañana hasta las 18 de la tarde por la falta de aulas y de profesorado, problemas estructurales que sufren desde hace años y que se han agudizado con los recortes introducidos en los últimos presupuestos de austeridad, recortes de los que sectores como la armada o las empresas del CAC40 (equivalente al IBEX35) están exentos.
Desbordar la represión
En Italia, el gobierno de Meloni ha desplegado miles de militares y ha aprobado nuevas leyes represivas que incluyen la detención preventiva a menores. En Francia, la violencia estatal está siendo especialmente violenta frente a un movimiento en su mayoría conformado por estudiantes menores de edad, contra los que el ministro de interior sugiere que los CRS (equivalente a los antidisturbios) hagan un uso indiscriminado de sus armas. Ya son más de 8000 arrestados desde el inicio de las movilizaciones en septiembre, al menos un muerto y varios estudiantes con manos desmembradas por granadas. Pero la imposición de un toque de queda y la prohibición de las manifestaciones y hasta de las redes sociales no han hecho más que avivar el espíritu de lucha de las estudiantes y trabajadoras frente a un gobierno que prefiere mandar al ejército contra los estudiantes antes que responder a sus reivindicaciones. En esa misma línea está respondiendo el gobierno progresista aquí, reprimiendo brutalmente a docentes en huelga en Madrid o a jóvenes antifascistas en Catalunya o Galiza. Tenemos que prepararnos para desbordar su represión de aquí al 11N.
La primera huelga general de nuestra generación
En el estado español la movilización por la vivienda ha sacado a miles a las calles bajo un claro enfrentamiento de clases entre jóvenes y trabajadoras precarias contra rentistas y especuladores. Esto ha dado un vuelco al auge racista que atravesábamos meses atrás, ha provocado un adelanto electoral y la convocatoria de la primera Huelga General en 14 años, la primera para la mayoría de nosotras en un contexto en el que demostramos que las jóvenes no somos de derechas, como han tratado de hacernos creer. Estamos llenando las calles contra el rentismo, las privatizaciones y la extrema derecha.
Se habla mucho sobre cómo aquí no han cristalizado las legítimas formas violentas de lucha de Francia, para lo que hay que señalar el papel disuasorio de la Ley Mordaza y el papel desmovilizador y apagafuegos del PSOE y todo el reformismo político y sindical que para disipar las protestas han canalizado el problema de la vivienda hacia las urnas llamando al «voto útil» y la confianza institucional. Por eso, más que nunca es necesario desbordar a las direcciones de CCOO, UGT y también de los partidos reformistas para sobrepasar los estrechos márgenes electoralistas que le quieren poner a la Huelga General.
Para que esto sea posible tenemos que seguir el ejemplo de nuestros vecinos franceses, asambleas generales masivas donde converjan trabajadoras y estudiantes para que seamos nosotras mismas quienes elijamos cómo liderar la lucha. Frente a la tibieza de las direcciones sindicales, construyamos una huelga cuya legítima dueña sea la clase trabajadora. Organicémonos en los comités de huelga unitarios, unamos las fuerzas de todo el estado a través de la coordinación estatal, paralicemos la economía el 11 de noviembre y avancemos hacia lo que sacudiría todo con el estado actual de conciencia de clase: extender la huelga general a nivel europeo.