“Mientras unos estamos aquí construyendo, otros están ahí fuera destruyendo, diciéndonos que dejemos en sus manos la educación de los hijos en Madrid, algo que me parece un tanto sorprendente teniendo en cuenta que es gente que no respeta, que es violenta y que a través del acoso y la intimidación pretenden no sé qué […]”, esto decía literalmente la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, sobre el profesorado en huelga por las mejoras en materia de educación pública. Sin embargo, se le olvida decir que, a pesar del legítimo derecho a la reivindicación de cualquier colectivo, ella desprecia conscientemente la lucha del profesorado por la pública no sentándose a negociar con el comité de huelga elegido por el movimiento por la educación pública. Quizá deberíamos de preguntarnos si la violencia no es la propiciada por un Estado que deteriora la educación pública en favor de la privada-concertada en todas las etapas de la educación, generando así, por tanto, cada vez mayor desigualdad entre clases sociales. Esto no es nuevo, y los datos nos dan la razón. En el Estado español, el alumnado que repite es más del doble que en la OCDE. Y hoy, como ayer, lo hacen hasta cinco veces más los pobres que los ricos. Evidentemente, la diferencia está marcada por la clase social a la que perteneces.
El profesorado madrileño marca el camino a seguir
El final del curso pasado acabó con grandes movilizaciones en Catalunya, Madrid o País Valencià exigiendo unas mejoras que, en realidad, son necesarias para muchas partes del Estado en el sector educativo. El profesorado madrileño exige la reducción de horas tanto en primaria como en secundaria; la bajada de ratios; la sustitución inmediata del profesorado de baja; eliminar la burocracia; y una subida salarial para recuperar una pérdida de poder adquisitivo empeorada año tras año a causa del aumento del coste de la vida.
Ante los y las que se movilizan contra un sistema que genera desigualdad, explotación y opresión, la lógica de los capitalistas y de las fuerzas represivas del Estado siempre es la misma: el uso de la deslegitimación de las protestas y la represión. Por si no fuese poco con la negativa de la Comunidad de Madrid de sentarse a negociar, la comunidad educativa madrileña ha sido respondida por la Administración con la represión mediante cargas policiales por parte de la policía; además de tildar la movilización de los y las profesores de oportunista y de hacerle la campaña electoral a los partidos de izquierda cuando todo el mundo sabe que la huelga fue convocada antes de cerrar el curso 2024/2025.
La huelga general del 11 de noviembre como herramienta de autoorganización
Las movilizaciones en educación a finales del curso pasado, llevaron a la comunidad educativa andaluza a reunirse en Antequera (Málaga) durante el verano y convocar una Huelga General Educativa el 11 de noviembre. Después de eso, llegó la convocatoria de Huelga General, y ante esto, la Asamblea Andaluza por la Educación Pública ha apostado por construir y movilizar al profesorado para esta huelga general sabiendo que hacerlo supone que se esté en mejores condiciones tras el 11 de noviembre para seguir peleando por las reivindicaciones propias del sector educativo.
La Huelga General del 11 de noviembre pone el foco en el problema de la vivienda y exige que se acabe con el concepto de esta como negocio para verlo como el derecho que es; pero sabemos que esto debe ir unido a un aumento de los salarios para mejorar nuestras condiciones de vida o con acabar con la ley mordaza porque luchar no puede ser un delito. Sin embargo, también debemos utilizarla como herramienta de construcción de autoorganización; como una vía más para generar asambleas en cada centro educativo y así encontrarnos, después del 11 de noviembre, en mejores condiciones para seguir peleando por las mejoras en la educación pública.
LUCHEMOS POR LO PÚBLICO, GOBIERNE QUIEN GOBIERNE.