EL MAYOR INCENDIO DE ANDALUCÍA, OTRA VEZ

Aún no ha terminado el verano, pero 2026 ya es el año con el incendio más mortífero de Andalucía, el de Los Gallardos (Almería) con 14 personas fallecidas, y el más devastador, el de Niebla (Huelva) con más de 38.000 hectáreas arrasadas y más de 800 personas desalojadas. Las llamas han recorrido todo el país en un contexto desolador mayor. De los cinco mayores incendios registrados de la historia Estado español, cuatro han sido entre 2025 y 2026, este último año con más de 310.000 hectáreas arrasadas por la gestión política de la crisis ambiental.

Falta de recursos y gestión privada del monte

Huelva, con más de 53.000 hectáreas quemadas, es la provincia de la Unión Europea más afectada por los incendios este año. El de Niebla ha afectado a once municipios, calcinando el 95 % de El Berrocal (Huelva) o un tercio de la superficie de Aznalcóllar (Sevilla), aniquilando espacios como el Corredor Ecológico del río Tinto o el paraje natural Pata del Caballo, misma zona que ya sufrió en 2004 el que hasta ahora era el mayor incendio de la historia de Andalucía con más de 33.000 hectáreas arrasadas. Hoy se repite la tragedia: vuelve a arder un área donde no solo no se ha mejorado la prevención de estos incendios, sino que se ha incrementado el abandono del monte y la lógica del beneficio privado en la gestión forestal.

La mayor parte del monte se encuentra en manos privadas y, como en otras zonas de la provincia de Huelva, se están extendiendo los proyectos extractivos. Al menos tres grandes corporaciones mineras están hoy desplegando proyectos de extracción de recursos minerales en la zona: el proyecto Zaidín de Iberian Resources (durante el incendio ha ardido el 90,6 % del terreno que disponen para investigar su proyecto); el proyecto Nostromo de Atalaya Riotinto Minera S.L. (el 60,4 % del espacio donde investigan ha ardido) y el Proyecto Escacena de Pan Global. Bajo la misma lógica de la gestión privada del territorio, en 1964 se instaló ENCE, la gran fábrica de obtención de pasta de celulosa a partir de la madera del eucalipto y que vino acompañada de la plantación de miles de hectáreas en Huelva y Sevilla, desmantelando las antiguas dehesas y manchas de matorral mediterráneo de sierra Morena. Una vez cerró en 2012, se sigue aprovechando esta madera del eucalipto para obtener energía eléctrica y, la filial de ENCE, MAGNON GREEN, administra la mayoría de estos eucaliptales mientras presume de ser la empresa líder de Europa en obtención de energía eléctrica procedente de biomasa forestal. Además, se han quemado numerosos terrenos agrícolas y al menos 355 fincas y 3191 parcelas han sido afectadas por el incendio de Niebla. Con estas premisas, un gran incendio en esta zona volverá a repetirse como una farsa de manera aún más severa si la ordenación territorial sigue supeditada al mercado exportador de biomasa, la industria papelera, el rentismo y la gestión privada del suelo. Mientras las instituciones gestionan los montes para beneficio privado, las y los trabajadores arriesgan sus vidas con condiciones inaceptables y se normaliza la tendencia a sufrir cada vez peores incendios.

¿Fuera de capacidad de extinción?

Con los últimos grandes incendios se ha extendido la evasiva de que son incontrolables, dejando a la suerte o a la virgen de la cueva su extinción. Pero lo único que denota esto es incapacidad estatal para responder a la crisis climática que hace de los incendios cada vez mayores y difíciles de apagar. Por supuesto, prefieren excusarse en la imposibilidad de su extinción que atender a la falta de prevención (el 70 % de la inversión va directamente a extinción), recortes en un gasto percibido como inútil o poco rentable y políticas dirigidas al extractivismo y la ganadería intensiva que configuran el medio rural.

Bonilla, con barba de tres días para performar cansancio al llegar de la playa una semana después, salió culpando a los árboles: “vamos a hacer una reflexión sobre el papel del eucalipto en la masa forestal andaluza”. Esta salida hacia delante tomándola contra una especie se desmorona con la imagen que dejó un camión autobomba volcado en Niebla con un único conductor tras varios días trabajando más de 17 horas seguidas. Los bomberos forestales del Infoca llevan años denunciando la falta de personal, de equipos de protección individual y de vehículos adecuados. Efectivamente los monocultivos de estas especies son problemáticos. Eucaliptales en Portugal, Pontevedra, Huelva o Sevilla, cuando arden son especialmente peligrosos, acumulan hojarasca y producen aceites inflamables. Pero no se entiende esto sin considerar la gestión del territorio y las relaciones de producción entorno a estos eucaliptales.

Ninguna solución bajo el capitalismo

El territorio forestal comprende el 57 % territorio del país, 27 millones de hectáreas. Las consecuencias van mucho más allá del paisaje. Han alcanzado hábitats esenciales de muchas especies y zonas residenciales. Pero tropezándonos adrede con la misma piedra será imposible la recuperación ecológica y evitar peores incendios. Y el cortoplacismo parlamentario no puede resolverlo. Existe un desfase entre los ritmos ecológicos y los ritmos en los que operan los gobiernos. El crecimiento de un pino para tala es de unos treinta años, unas ocho legislaturas. La recuperación de un bosque incendiado, de su cobertura vegetal y los ecosistemas, puede ser de unos cincuenta años. O mientras se sube un 5 % la inversión andaluza en el Infoca, los grandes incendios son veinte veces más probables en el Estado español. Para una verdadera transformación ecológica se necesita una verdadera transformación social y económica. Para eso es necesaria una planificación democrática, una gestión forestal constante, renovación de ecosistemas y someter los productos forestales (papel, cartón, madera, etc.) bajo interés de la mayoría.

Las movilizaciones en Castilla y León o la huelga de bomberos forestales en Aragón con las multitudinarias protestas que se están realizando marcan el camino. Hay que extender ese ejemplo a cada territorio devastado por los incendios para defender nada más y nada menos que las condiciones de habitabilidad en este mundo, pero con el objetivo ineludible de construir uno nuevo nuevo sobre las cenizas de los incendios del capitalismo. Uno donde nuestra relación con la naturaleza se ponga bajo la organización consciente y racional con las necesidades ecológicas y de las personas.