DESPUÉS DE LAS ELECCIONES ANDALUZAS, ¿QUÉ TAREAS?

Juanma Moreno Bonilla no logra su objetivo…

Las elecciones andaluzas han cerrado un ciclo electoral que se abrió, el pasado mes de diciembre, con Extremadura y que siguió con Aragón y Castilla y León. En esas tres elecciones anteriores, un mismo resultado. El PP gana, pero sin mayoría absoluta, perdiendo votos (salvo en Castilla y León) y con la necesidad de VOX para gobernar. El objetivo fijado entonces por Génova sólo se habrá cumplido a medias, logrando cercar un poco más al PSOE y a Pedro Sánchez gracias a una avalancha de malos resultados, pero dependiendo aún más de VOX.

Andalucía no ha escapado a esa lógica. El PP de Moreno Bonilla no solo no ha alcanzado la mayoría absoluta sino que también ha bajado, pasando del 43,13% de los votos en 2022 al 41,6% en 2026, perdiendo hasta 5 diputados/as.

ni VOX tampoco

Aunque también en Andalucía VOX vaya a gobernar con el PP, la extrema derecha no ha logrado alcanzar el 20% de los votos que muchos medios de comunicación y sondeos le auguraban al inicio de este ciclo electoral. Al final, el partido de Abascal consigue en Andalucía unos resultados muy parejos a los de 2022, pasando del 13,46% de los votos al 13,82% (+ 1 diputado).

El bloque de las derechas (PP-VOX) pierde casi 2 puntos y 4 diputados/as con respecto a 2022. Incluso al sumarle los votos de la candidatura de Alvise (SALF), que logra 105 761 votos y un 2,53%, éste seguiría estando por debajo del bloque que representaba entonces la suma de votos del PP, Vox y C’s. Un 59,88% de los votos entonces, frente al 57,95% de hoy. Todo esto no significa que estemos minimizando los resultados de las derechas y menos aún lo que supone que VOX entre en un gobierno del PP, que ya sin la extrema derecha no tuvo reparos en estar al frente de fuertes políticas de privatizaciones y de escándalos sanitarios como los cribados del cáncer de mama. En esta legislatura, nos tendremos que enfrentar a un gobierno, sin duda, todavía más reaccionario.

El PSOE en caída libre…

El PSOE-A ha cosechado sus peores resultados electorales de la historia en Andalucía. Los múltiples escándalos de corrupción en los que está envuelto su partido y las políticas llevadas a cabo por el Gobierno de coalición de Pedro Sánchez, que no responden a los problemas de la clase trabajadora en materia de poder adquisitivo, de vivienda, de servicios públicos o de pensiones, han pasado factura al PSOE en todas y cada una de las citas electorales de este curso. La elección, por parte de Sánchez, de contar con María Jesús Montero como candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía le ha salido mal. No sólo por estar ésta claramente identificada con el Gobierno central sino por estarlo también con los antiguos gobiernos andaluces del PSOE dirigidos por Chaves y Griñán en los que las políticas de recortes, de privatizaciones y los escándalos de corrupción fueron, sin duda, la tónica.

Así pues, el PSOE pierde 1,38 puntos y dos diputados/as con respecto a 2022, cosechando los peores resultados de su historia. No hay que olvidar que el PSOE no sólo ha gobernado Andalucía durante 40 años sino que, además, lo solía hacer con resultados electorales que apenas bajaron del 40% de los votos entre 1982 y 2012.

junto con su socio de gobierno a nivel estatal

Los resultados de Por Andalucía son los únicos que bajan también en número de votos y no sólo en porcentajes, a pesar del aumento de participación. En efecto, la candidatura conformada por IU, Sumar y Podemos pierde más de 18 000 votos y de 1,37 puntos pasando del 7,68% logrado en 2022 al 6,31% de este año. Evita, sin embargo, la pérdida del grupo parlamentario manteniendo, in extremis, sus 5 diputados/as.

Los malos resultados de Por Andalucía sobresalen aún más debido al sorpasso de Adelante Andalucía. Un sorpasso que deja atrás el cínico debate sobre la unidad de la izquierda que pretendía alinear a todo el mundo tras la izquierda que lleva años gobernando junto al PSOE independientemente de sus políticas y de no ser, en la práctica, ningún dique de contención contra la extrema derecha.

A ojos de muchos/as trabajadoras y jóvenes, las organizaciones que conforman Por Andalucía son también responsables de las políticas antisociales del Gobierno central que después de 8 años en el poder no ha solventado problemas claves como el de la vivienda, los salarios, los servicios públicos o las pensiones. Y ahí nadie se salva. Ni los que gobernaron antes con el PSOE, como UNIDAS PODEMOS, ni los que lo hacen ahora, como SUMAR. Una vez más, los que acaban gobernando y colaborando con las políticas del PSOE, son duramente penalizados en las siguientes elecciones. En Andalucía, somos bien conocedores de eso. Ya en 2015, IU perdió hasta 4,45 puntos con respecto a las elecciones de 2012, después de que gobernase durante tres años junto al PSOE y aplicara unos recortes sociales brutales, en palabras de su entonces Coordinador General, Diego Valderas, por “imperativo legal”.

PODEMOS tampoco se salva de la quema. La organización que logró en 2015 casi un 15% de los votos en Andalucía, pasa a la marginalidad institucional, once años después. Aquí también, tienen mucho que ver sus años de gobierno a nivel estatal junto al PSOE y su justificación de la política del mal menor que conllevó, entre otras cosas, a ser cómplice del mayor incremento del gasto militar de la historia del Estado español. Hoy, y por mucho que discursivamente trate de denunciar las políticas del Gobierno de Sánchez, a nadie se le escapa que lo hace por puro oportunismo y para diferenciarse electoralmente de SUMAR. Por tanto, credibilidad cero para PODEMOS y más aún cuando, a la primera de cambio, la organización de Pablo Iglesias acepta ir en una candidatura unitaria que propone para Andalucía la misma receta que la que nos llevan ofreciendo a nivel estatal desde 2019 y que supuestamente llevan 3 años denunciando: ser muleta del PSOE y cogobernar con ellos para acabar aplicando sus políticas.

Adelante Andalucía supera todas las expectativas

El resultado de la formación andalucista, que pasa de 2 a 8 diputados/as, logrando algo más de 400 000 votos y aumentando en más de 5 puntos con respecto a 2022, ha superado todas las expectativas. En nuestra opinión, esto se explica fundamentalmente por la combinación de dos aspectos. Por un lado, por la recuperación de un espacio electoral andalucista que siempre ha existido, aunque desapareciese su principal exponente electoral, el Partido Andalucista (PA), en 2015. Por otro, por un voto crítico, desde la izquierda, a las políticas del gobierno PSOE-SUMAR.

En efecto, el voto andalucista siempre ha existido en Andalucía, alcanzando incluso mejores resultados que el pasado 17 de mayo, con un 10,75% de los votos y hasta 10 diputados/as en 1990. El PA, logró incluso tener representación en el Congreso de los Diputados hasta en tres ocasiones (1979, 1989 y 2000 con 5, 2 y 1 diputados/as respectivamente) así como en el Parlament de Catalunya en 1980, fruto de la emigración, con 2 diputados/as. Por tanto, ese espacio electoral siempre ha estado ahí y ha sido tradicionalmente un voto interclasista llegando incluso el PA a gobernar con el PSOE la Junta de Andalucía entre 1996 y 2004 y, junto al PP, en numerosas localidades.

Pero, el resultado de Adelante Andalucía no sólo se explica a través de la recuperación de un espacio electoral andalucista que ha demostrado ser, a lo largo de estos cuarenta años, bastante voluble, sino que también lo hace a través de un voto de izquierdas crítico con las políticas llevadas a cabo por los partidos que gobiernan junto al PSOE a nivel estatal. Así pues, los resultados del 17 de mayo dejan entrever algunas cuestiones importantes que parecen contradecir dos ideas que nos repiten a diario. Por un lado, la sociedad no parece escorarse inevitablemente a la derecha y, por otro, el discurso de la política del mal menor no parece ser la única alternativa posible.

Por mucho que los medios de comunicación traten de decirnos lo contrario, ni la juventud es facha ni la clase trabajadora se cree mayoritariamente la historia de que la forma de luchar contra la extrema derecha pasa obligatoriamente por apoyar un gobierno del PSOE. Hay un espacio político claro a la izquierda de la izquierda institucional que está dentro del Gobierno (antes PODEMOS, ahora SUMAR) y que ha sido en esta ocasión, en parte, ocupado electoralmente por Adelante Andalucía. Y decimos en parte porque el aumento de la participación en las pasadas elecciones andaluzas no puede ocultar que aún hay más abstencionistas en Andalucía que la suma de votantes del PSOE, de Por Andalucía y de Adelante Andalucía (cerca de 700 000 personas más) y que éstos casi alcanzan, también, la suma de los votantes de PP, VOX y SALF.

Nos tendrán en frente

Las negociaciones entre PP y VOX para conformar gobierno en Andalucía no van a distar mucho de lo ya acordado en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Así pues, Moreno Bonilla acabará aceptando el concepto de “prioridad nacional” al igual que ya lo hicieran antes María Guardiola, Jorge Azcón y Alfonso Fernández Mañueco para acabar sellando con la extrema derecha ejecutivos conjuntos, vicepresidencia y quizás otras tres consejerías.

Frente a las políticas que estén por venir hay que configurar un frente unitario en la calle que sea capaz de imponer otra lógica mediante la movilización y las huelgas. Las luchas que están teniendo lugar en otros territorios como en el nuestro, tanto en el sector privado como en el sector público, muestran el camino a seguir y son, en ese sentido, un buen punto de apoyo.

El contexto internacional va a profundizar aquí una política belicista y militarista combinada con un aumento de los precios. Para que la clase trabajadora y la juventud no siga perdiendo poder adquisitivo, la movilización por una subida de los salarios al mismo nivel que el aumento del coste de la vida va a ser imprescindible así como una lucha contra las guerras y las agresiones imperialistas. En cuanto al problema del acceso a la vivienda y de los servicios públicos, éstos van a seguir deteriorándose mientras no se asuma una política que se enfrente a los intereses de los capitalistas y no se imponga otra política mediante la movilización de la mayoría. Y sobre esas cuestiones, no solo tendremos que movilizarnos contra las políticas del gobierno andaluz sino también contra las que provengan del gobierno central, aunque la izquierda institucional en Andalucía siga evitándolo tal y como lleva haciéndolo, por cierto, desde 2019.

Adelante Andalucía va a tener, en este sentido, una fuerte responsabilidad. Al convertirse en primera fuerza a la izquierda del PSOE, tendrá que tomar iniciativas para promover y reforzar la movilización y las huelgas contra las políticas antisociales vengan de donde vengan y contra las guerras y las agresiones imperialistas. No vale ya alinearse en la calle con la izquierda institucional que rechaza enfrentarse a las políticas antisociales del gobierno central. Las movilizaciones por Palestina y contra las agresiones imperialistas, por el acceso a la vivienda o de sectores de trabajadores/as en lucha son el camino a seguir. Máxima unidad en la movilización pero sin condicionar el discurso y pudiendo decir alto y claro, por ejemplo, que el Gobierno Sánchez sigue comerciando con el Estado sionista de Israel, que los presupuestos militares nunca se han incrementado tanto (+ de 60 000 millones en gastos desde 2018), que los precios de los alquileres siguen aumentando o que la jubilación anticipada sin penalización de las camareras de piso les sigue siendo negada mientras se la reconocen a toreros y policías.

Enfrentarse al auge de la extrema derecha en el próximo periodo pasa inevitablemente por enfrentarse a las causas materiales que la alimentan. Responder a la problemática del aumento de los precios, de los salarios, de la vivienda, de la edad de jubilación, del cambio climático o de los servicios públicos pasa inevitablemente por enfrentarse a los intereses de la patronal, de los grandes tenedores y de los fondos de inversión. Y para enfrentarse a esos intereses no basta con decirlo en periodos de campaña electoral, hay que hacerlo en el terreno de la lucha de clases y ligarlo claramente a una lucha más global contra la propia lógica del sistema capitalista. Un sistema que no es reformable y que solo conduce a más explotación, miseria, racismo, guerras y destrucción del planeta.

Hay que romper con el sistema capitalista

La izquierda institucional a la izquierda del PSOE alimenta la ilusión de que es posible cambiar nuestras vidas mediante el asalto a las instituciones. Es mentira, y así se está demostrando. La supuesta gestión “humana” del sistema no tiene margen de maniobra para cambiar profundamente la vida de los y las trabajadoras. Como dice la consigna, “no hay otra manera: o con la patronal o con la clase obrera”. Mientras haya propiedad privada de los medios de producción y, por tanto, capitalistas, habrá explotación, opresiones, miseria y guerras. Es así. Esa explotación, esas opresiones, esa miseria y esas guerras son el fruto de una acumulación de las riquezas cada vez mayor por parte de una minoría, y de una disputa entre esas minorías para aumentar sus mercados a nivel internacional. Hoy más que nunca, urge dejar claras estas cuestiones. Sin embargo, consideramos que la campaña electoral de los y las compañeras de Adelante Andalucía ha perdido una buena oportunidad para hacerlo.

Claro que es importante conseguir meter a diputados/as que se reconocen anticapitalistas en San Telmo. Sobre eso no hay ninguna duda. Pero lo será en la medida en la que esos diputados/as no contribuyan a sembrar falsas ilusiones sobre el juego institucional. La rueda de prensa de AA de hace unos días, presentando en el Parlamento a sus diputados/as, deja, cuanto menos, algunas dudas al respecto, al afirmar José Ignacio García que: “somos conscientes de que la situación es muy difícil, somos conscientes de que Andalucía va a tener un mal gobierno, va a tener un gobierno contra la clase trabajadora, va a tener un gobierno contra Andalucía, pero también somos conscientes de que tenemos la mejor herramienta para luchar contra las derechas en Andalucía, que son las 8 de Adelante Andalucía. Que frente al gobierno que se va a conformar previsiblemente en las próximas semanas, un gobierno de la derecha y la extrema derecha, tenemos una herramienta fuerte dispuesta a todo, dispuesta a partirnos la cara, dispuesta a darlo absolutamente todo para defender al pueblo andaluz y para defender a la clase trabajadora”.

Sin menospreciar la labor de oposición parlamentaria que los/as 8 diputados/as puedan ejercer estos próximos 4 años, para enfrentarnos a las políticas reaccionarias de un gobierno PP-VOX vamos a necesitar, ante todo, la movilización sostenida y unas huelgas protagonizadas por la clase trabajadora y la juventud capaces de presionar a este gobierno. La herramienta de la movilización y de la huelga es imprescindible. Para los/as comunistas revolucionarios/as, el Parlamento debe servir de altavoz para hacer audible a nivel masivo este mensaje. Pero, desde nuestro punto de vista, en ningún caso, para difundir la idea que la batalla contra este gobierno se juega en San Telmo. No es cierto. La batalla se jugará dónde siempre se jugó: en el terreno de la lucha de clases. Nuestras conquistas sociales a nivel histórico no fueron nunca fruto de los debates parlamentarios sino el resultado directo de las movilizaciones y de las huelgas masivas de nuestra clase. La presencia de militantes anticapitalistas en las instituciones tiene que servir para reforzar esas luchas y, sobretodo, para dotarlas de una perspectiva de ruptura con la lógica de este sistema.

Desgraciadamente la campaña de AA durante estas elecciones tampoco ha ido en esa dirección. Al contrario, ha reproducido dejes de la izquierda institucional tradicional planteando la batalla electoral como la herramienta de cambio y centrando su discurso en cuál sería su política de gestión en cuestiones relacionadas con los servicios públicos o la vivienda. El ejemplo utilizado por su portavoz de las 2600 viviendas en manos de César y Josef (dos jóvenes de nacionalidad alemana) para denunciar la especulación y para proponer una ley andaluza de vivienda destinada a desprivatizar los inmuebles que se encuentran en manos de los grandes tenedores, bancos y fondos de inversión podría haberse considerado como una medida transitoria más si ésta fuese acompañada de una coletilla importante: ¿cómo se imponen este tipo de medidas en el sistema capitalista? Y la respuesta es que este tipo de medidas sólo se podrán imponer mediante la movilización consciente, sostenida y masiva de nuestra clase y en ningún caso mediante el juego parlamentario. Bajo el capitalismo, la propiedad privada es intocable. Y cuando se toca, la reacción es contundente. Esos elementos deben ir de la mano de propuestas como estas. En el caso contrario, se siembran falsas ilusiones sobre la posibilidad de gestionar, desde las instituciones, un capitalismo más amable.

Algo parecido pasa con la cuestión de la soberanía de Andalucía. Plantar un discurso sobre la soberanía del pueblo trabajador andaluz sin ligarlo a la cuestión de la ruptura con el capitalismo en el conjunto del Estado español es sembrar falsas ilusiones sobre que la soberanía depende del número de diputados en el Parlamento. El ejemplo del Procés en Catalunya demuestra lo contrario. En el caso de Andalucía es evidente que no se puede acabar la situación de dependencia y de sumisión económica sin luchar por la expropiación de las riquezas que acapara una minoría capitalista andaluza y española. Una minoría que ha expoliado económicamente a la clase trabajadora andaluza transformando, históricamente, nuestro territorio en un centro de exportación de capital y de mano de obra barata.

Hay que construir una alternativa comunista revolucionaria que defienda una política de independencia de clase

La política de la izquierda institucional nos conduce hacia un muro. Su política de colaboración de clases alimenta a las derechas a partir del momento en que no responde a las necesidades de la clase trabajadora y de la juventud. Para responder a esas necesidades es imprescindible enfrentarse a los intereses de los más ricos. Y, precisamente, esa política es la que no está dispuesta a llevar a cabo esa izquierda.

Por ello, es imprescindible construir una alternativa comunista revolucionaria que defienda públicamente esa perspectiva política y que combata todos los efectos de la política del mal menor. Una alternativa que defienda abiertamente que no va a participar en ningún gobierno del PSOE pero que tampoco va a votar a favor de su investidura. Porque ambas cosas son dos caras de una misma moneda. En este caso, de la moneda de la política del mal menor.

Afirmar eso no significa pensar que un gobierno PP-VOX vaya a ser lo mismo que uno de PSOE-SUMAR. Evidentemente que no. Sin embargo, decir eso sí significa afirmar que un gobierno PSOE-SUMAR-PODEMOS no va a frenar el auge de las derechas al no enfrentarse a las causas materiales que las alimentan sino al contrario. Entrar en una coalición junto al PSOE o facilitar un gobierno de coalición liderado por el PSOE podrá evitar una, dos o quizás tres veces que el PP y VOX gobiernen por miedo a la extrema derecha, pero no impedirá que sigan reforzándose y que algún día acaben por gobernar a la vez que favorece que crezca la desafección política en una parte significativa de nuestra clase.

Frente a ese planteamiento, Adelante Andalucía habla de “izquierda gobernista” para diferenciarse de los partidos que han cogobernado con el PSOE, es decir, PODEMOS y SUMAR, a la vez que José Ignacio García insistió a lo largo de la campaña electoral en que apoyaría un gobierno andaluz del PSOE desde fuera en materia de educación, sanidad y vivienda. Esto es un desacierto que ha quedado ampliamente demostrado. Pensar que la desafección solo la generan y la refuerzan los que acaban gobernando junto al PSOE es no entender que a ojos de gran parte de la clase trabajadora y de la juventud, partidos como EH BILDU o ERC están igual de pringados con las políticas antisociales de Pedro Sánchez que SUMAR hoy o que UNIDAS PODEMOS ayer. Porque al final, la política del mal menor la acaban aplicando todos/as, aunque sea en diferentes niveles. Algunos lo hacen presentando unos presupuestos generales del Estado en 2023 que aumentan en un 26% el gasto militar mientras el de sanidad lo hace sólo en un 4% o no derogando la edad de jubilación a los 67 años, mientras otros votan en el Parlamento a favor de esos presupuestos generales del Estado o del aumento de la edad de jubilación voluntaria a los 72 años.

La realidad es que, aunque sea a diferentes escalas, entrar en un gobierno del PSOE o facilitar que el PSOE gobierne genera, a la larga, un mismo problema para la izquierda institucional que quiere aparecer como una alternativa al PSOE. Al final, todos acaban colaborando con sus políticas en mayor o menor medida. Es fundamental visibilizar una política diferente que no se vea condenada a la marginalidad y que se apoye en las luchas existentes que mantienen una orientación de independencia de clase con respecto al gobierno central o a las direcciones sindicales burocráticas. Las movilizaciones por Palestina, contra las agresiones imperialistas, por el acceso a la vivienda o las huelgas indefinidas de los/as docentes en Catalunya y País Valencià son buenos ejemplos de ello.

Los resultados de la izquierda revolucionaria en las elecciones andaluzas han sido muy bajos. Los nuestros, en particular, también. Esto demuestra la dificultad que existe para que organizaciones extraparlamentarias con medios económicos escasos y ninguna presencia en los medios puedan irrumpir en el panorama electoral. Sin embargo, eso no significa que nuestro balance sea negativo y que no se pueda lograr. Al contrario, presentar candidaturas comunistas revolucionarias en tres provincias nos ha permitido, a nuestra escala, visibilizar una política alternativa a la de la izquierda institucional, debatiéndola con los y las compañeras con las que nos movilizamos a diario, ya sea en nuestros centros de trabajo o en nuestros centros de estudio. Una campaña modesta pero que ha tenido el mérito de defender abiertamente la necesidad de una perspectiva comunista en el escenario actual de declive y barbarie del sistema capitalista.

Estamos convencidos/as de que, a pesar de la debilidad del conjunto de la izquierda comunista revolucionaria en el Estado español, ésta tiene que asumir sus responsabilidades tanto a nivel de intervención en la lucha de clases como a nivel electoral. A nivel de intervención en la lucha de clases, la izquierda comunista revolucionaria debe empezar a generar marcos de coordinación y de discusión para favorecer una intervención común en los centros de trabajo y en los centros de estudio. No puede ser que cada uno siga por su lado interviniendo por separado. Desde IZAR seguimos insistiendo en la necesidad de que los y las militantes comunistas revolucionarios debatamos conjuntamente, más allá de nuestras siglas, de una intervención conjunta que permita reforzar experiencias de luchas comunes en el mundo del trabajo, manteniendo una independencia total de las direcciones sindicales burocráticas, así como en la juventud.

Por otro lado, urge también que avancemos en el terreno electoral. Las pequeñas experiencias electorales de las diferentes organizaciones comunistas revolucionarias son valiosas a nivel interno. Están permitiendo su reforzamiento al permitir visibilizar nuestro discurso entre nuestros entornos políticos respectivos. Sin embargo, esto sigue siendo muy insuficiente con respecto a las necesidades actuales. Hay que romper, de una vez, con esa percepción de que no es posible que las ideas revolucionarias puedan abarcar a sectores más amplios de nuestra clase. Por supuesto que partimos de una situación de debilidad, pero no debemos menospreciar lo que podría generar en nuestros respectivos entornos políticos y más allá que la izquierda comunista revolucionaria del Estado español lograra presentar candidaturas comunes. Las elecciones generales de 2027 deben propiciar, al menos, abrir ese debate entre el conjunto de nuestras organizaciones. Esa es la propuesta que desde ya formulamos y que propondremos a diferentes organizaciones en las próximas semanas de manera formal.