Los capitalistas se forran con la guerra mientras la clase trabajadora paga las consecuencias
La situación política actual está marcada por una agudización muy importante de las políticas belicistas y militaristas a nivel internacional, con un gasto militar que ya marca récords históricos (1). Una carrera armamentística apoyada por todos los gobiernos, indistintamente del color de su pelaje, que nos acerca cada vez más a un escenario de guerra generalizada. Y es que mientras la UE se va a gastar unos 800.000 millones de euros en armas con el plan Readiness 2030 (nuevo nombre del RearmEurope), el Estado Español bajo el “gobierno más progresista de la historia” está registrando un aumento en el gasto militar del 50%.
El Gobierno PSOE-Sumar no solo no es una excepción a la hora de gastar recursos en políticas militaristas, sino que también coinciden con los gobiernos de EEUU, Francia o Alemania sobre la cuestión de quiénes se están forrando y quiénes quieren que paguen esta cuenta:
– Mientras la clase trabajadora no deja de perder poder adquisitivo, con estudios que además señalan que las cifras oficiales se quedan cortas ya que el IPC no está reflejando fielmente el encarecimiento real de la vivienda ni de los alquileres (2), lo que termina absorbiendo las mejoras que puedan darse en los sueldos de los y las trabajadores y en las pensiones. De hecho, menos de la mitad de los convenios cuentan con cláusulas para afrontar nuevas subidas de los precios, subidas agravadas por el precio de los combustibles como el diésel, que llegó a subir hasta un 29% o la gasolina, con un aumento del 16%.
– El número de grandes fortunas en el E. Español no para de crecer, con unos 260.000 ricachones amasando un patrimonio financiero de más de 670.000 millones de euros en 2025. Los beneficios de las empresas se mantienen en máximos históricos(3), superando los niveles previos a la crisis inflacionaria de 2022. Por ejemplo, en el sector inmobiliario las empresas han conseguido márgenes que superan el 30%, con unos beneficios de más de 13.000 millones de euros, mientras los beneficios de la banca también siguen en máximos históricos cada año.
Todo esto se está dando con la complicidad de las direcciones reformistas políticas y sindicales que sostienen a este gobierno, los mismos que luego se excusan diciendo que “es que la gente no se mueve”, cuando la realidad es justamente todo lo contrario.
Huelgas y movilizaciones de la clase trabajadora y la juventud
En el caso de los y las jóvenes, a las masivas movilizaciones por Palestina o por el acceso a la vivienda, principalmente impulsadas por la juventud, se están sumando protestas contra leyes privatizadoras de la educación como la LUPA en Andalucía y manifestaciones muy importantes contra la extrema derecha o por los derechos de las mujeres y de las personas trans.
En el caso de la clase trabajadora, estamos viendo numerosos episodios de estallidos en los centros de trabajo. Por un lado, podemos enumerar las huelgas indefinidas del profesorado en Catalunya y País Valencià, con visos a extenderse al inicio del próximo curso académico en Andalucía y Madrid. Huelgas en las que los y las trabajadoras están superando los frenos de las direcciones burocráticas de los sindicatos y rechazando los acuerdos miserables que han ido planteando las instituciones, como es el caso de la última propuesta de la Conselleria de Educación del País Valencià. A su vez, en Madrid, los y las educadoras infantiles llevan más de 60 días en huelga indefinida, luchando también por una mejora de sus salarios y sus condiciones laborales.
Luchas que también se están dando en el sector sanitario, con un nuevo anuncio de movilizaciones y una quinta semana de paro del 15 al 19 de de junio, enmarcada en la huelga intermitente de médicos/as y facultativos/as contra el Estatuto Marco que el Ministerio de Sanidad firmó con los sindicatos mayoritarios el pasado 26 de enero.
Estos estallidos no se están limitando al sector público, sino que también se están dando en numerosas ramas del sector privado. El ejemplo más llamativo lo tenemos en el metal, el año pasado en la provincia de Cádiz y este en Galicia. Las movilizaciones están siguiendo en junio tras los cuatro días de huelga en Pontevedra (Vigo) en mayo que terminaron con la traición de las direcciones de CCOO y UGT. Tenemos nuevas convocatorias de paros en El Ferrol y A Coruña en los que los y las trabajadoras siguen peleando para recuperar, entre otras cosas, la pérdida de poder adquisitivo de estos años en el nuevo convenio.
Pero no es el único ejemplo que tenemos, las camareras de piso en Granada de la CSTA están llevando a cabo una campaña con un calendario de movilizaciones por sus derechos laborales y para adelantar su edad de jubilación, enfrentándose a la represión patronal y a la falta de apoyo del resto de sindicatos con representación en el sector.
No faltan las luchas, falta una orientación que permita ganar
Tenemos por lo tanto una situación en la que miles de trabajadores y trabajadoras están normalizando el uso de la huelga en sectores públicos y privados, muchas veces con paros indefinidos, con luchas en sectores estratégicos y con un número de trabajadores/as que sobrepasan los frenos que les quieren imponer desde las direcciones burocráticas de sus propios sindicatos y que no aceptan sus acuerdos con la patronal hechos a sus espaldas. Es evidente que lo que falta no son movilizaciones, sino una orientación alternativa para estas luchas que les permita ganar.
Porque la orientación de las direcciones sindicales y la izquierda institucional nos llevan a un callejón sin salida. Su política de la paz social y la colaboración de clases solo lleva a ahondar esta situación de beneficios para las empresas y miseria para la clase trabajadora y la juventud, mientras abona la llegada de la extrema derecha. No se pueden colmar las necesidades de la clase trabajadora sin enfrentarse a los intereses de los capitalistas y ni el reformismo sindical ni el político están dispuestos a hacerlo.
Es fundamental que los que pensamos en estas claves asumamos nuestras responsabilidades. A día de hoy ninguna organización de la extrema izquierda tiene la capacidad por si sola de cambiar las tornas en favor de nuestro bando social. Urge, por lo tanto, reflexionar sobre cómo podemos intervenir de manera conjunta en las luchas, cómo podemos fortalecerlas, unificarlas y abrir otras nuevas que permitan conseguir victorias que eleven la moral y refuercen la idea de que la organización de los y las trabajadoras pueden lograr sus objetivos si mantienen también una independencia con respecto a las organizaciones de la política institucional y a las direcciones sindicales burocráticas. Esta tarea no puede ser obviada más tiempo por los/as militantes revolucionarios/as, es necesario empezar a generar marcos de debate para discutir sobre todas estas cuestiones y empezar a llevar una práctica común.
(1): Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, el gasto militar mundial alcanzanzó en 2025 una cifra récord de 2.887.000 millones de dólares. Europa se sitúa como la región del mundo que más ha contribuido a este aumento, con un 14%.
(2): Estudio realizado por Gabinete Económico de CCOO.
(3): Ídem.