¿QUÉ DICE LA IZQUIERDA INSTITUCIONAL DE LA VISITA DEL PAPA?

Por eso el Estado español no es un estado laico

El Papa León XIV visitó el Estado español los días del 6 al 12 de junio. En este artículo no profundizaremos, aunque seguramente sería necesario hacerlo, sobre por qué para un supuesto acto religioso se han destinado millones de euros de dinero público así como han puesto a su disposición dispositivos sanitarios extraordinarios, mientras en muchas ciudades no tenemos atención en centros de salud los fines de semana; servicios de emergencias; espacios e infraestructuras o los cambios realizados en las paradas del transporte público como en Madrid, donde cerraron estaciones de metro y cercanías desde mayo mientras ponían buses gratuitos para ir a ver al Papa. Una prueba más de por qué en el Régimen del 78 caracterizó al Estado español como aconfensional y no laico, aunque incluso lo de aconfesional parace un término exagerado cuando vemos estos ejemplos, por si las exenciones fiscales, la financiación a través de la casilla del IRPF que recibe la Iglesia Católica o la cesión de recursos para centros educativos y sanitarios de organizaciones religiosas no fueran ya lo suficientemente reveladoras. En este artículo, como decíamos, reflexionaremos sobre otro tema, que es el papel de la izquierda institucional en esta visita del Papa.

Una cortina de humo perfecta para el PSOE

Porque efectivamente la visita de León XIV no fue solo religiosa. El Papa se reunió con Felipe VI y con Pedro Sánchez y, por primera vez en la historia de la democracia, un pontífice intervino en las Cortes. Un acto de dudosa simbología fomentado por un gobierno que se ha volcado en esta visita, especialmente el presidente. Pedro Sánchez fue a la Nunciatura Apostólica para reunirse con León XI y acompañó a los reyes en el Aeropuerto de Barajas, llevando a varios de sus ministros como el de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, y el de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Una representación gubernamental que se incrementó en la ceremonia de bienvenida en el Palacio Real, además de que el citado Bolaños acompañó al Papa en una visita a Cáritas Madrid.

Y esto se debe a que esta visita ha sido una magnífica cortina de humo para desviar la atención pública de los casos de corrupción que están haciendo tambalear a este gobierno: el caso Zapatero, abierto en mayo, el juicio a Ábalos y Koldo, que coincidía en fechas con la visita y el estallido del caso Leire Díaz. La estrategia del PSOE ha sido clara, aprovechar la visita del Papa y después el inicio del mundial de selecciones de fútbol para ganar el tiempo suficiente y llegar al verano, sabiendo que la atención pública en estas fechas se relaja como en cada periodo vacacional.

Para ello era necesario construir un relato que dijera que este Papa, al igual que su antecesor, es un progresista que se enfrenta a Trump y a la guerra y que defiende a las personas migrantes de tal manera que pudieran centrar en esto y no en la corrupción el debate institucional, poniendo además en dificultades a un PP que ya habla, al igual que Vox, de “prioridad nacional”. Para un gobierno acostumbrado a decir una cosa y hacer otra totalmente diferente, como se ha demostrado con Palestina y la no ruptura con el estado genocida de Israel, el aumento del gasto militar y los compromisos con la OTAN, la cuestión de apoyarse en una institución que mantiene su homofobia con las parejas del mismo sexo mientas se erige como el Ejecutivo más defensor de la igualdad de derechos del mundo es un ejercicio de funambulismo cuya dificultad ya debe parecer de nivel amateur para estos profesionales de la hipocresía.

La izquierda institucional a la izquierda del PSOE no confronta

Para ello el PSOE necesitaba el apoyo de la izquierda institucional a su izquierda y esta no lo han defraudado. Salvo el BNG y Podemos (que cuando gobernaron con el PSOE no se pasó de estado acofensional a estado laico ni se derogaron los Acuerdos con la Santa Sede), el resto han sido cómplices de este despropósito. De hecho, Sumar mandó a Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, a acompañar al Papa a Cáritas y Yolanda Díaz asistió a la bienvenida en el Palacio Real. La posición de Izquierda Unida fue intentar pasar de perfil, excusándose en que como era la visita de un jefe de Estado, “acudirá quien lo considere”, porque “desde IU no se dan directrices de acudir o de no hacerlo en estos casos”. También asistieron ERC y EH Bildu.

De hecho, el nuevo máximo referente del mal menor, Gabriel Rufían, valoró el discurso del Papa en el que se pronunció contra el aborto y la eutanasia como correcto” y “humanista” y que “lo que más me ha sorprendido son los aplausos de PP y de Vox, que han aplaudido un discurso que aquí semana a semana abuchean y vetan con sus votos”. El aplauso de la izquierda institucional en el Congreso a la crítica al derecho a decidir de las mujeres sobre sus cuerpos parece que no le llamó tanto la atención.

Desde Compromís fueron más allá al destacar que sería absurdo plantar al Papa cuando, “por una vez, es de los nuestros”. Incluso una organización que se autodefine anticapitalista como Adelante Andalucía , tal y como han demostrado estas declaraciones de su portavoz, José Ignacio García, ha hecho concesiones en una entrevista al valorar la visita del Papa al Estado español, en las que afirmó que él se siente más identificado con “las comunidades de base, gente en las ONG, en las cofradías o que hace un trabajo de hormiguita”. Si ya lo de las ONG es suficiente para generar una mueca de sorpresa, la alusión a las cofradías es sencillamente lamentable. Porque fue la dictadura fascista de Franco la que exaltó el papel de las cofradías, cuyo apoyo popular era en esas fechas más bien escaso. De hecho, muchas de ellas fueron refundadas y/o se reorganizaron bajo los parámetros de la ideología nacionalcatólica del Régimen entre los años 40 y 50, como una herramienta más de control social a la par que desde el Estado se hacían esfuerzos para volver a popularizar las procesiones y romerías, en las que a día de hoy seguimos viendo una nutrida representación de autoridades políticas, policiales y militares que marchan al lado de los hermanos mayores cofrades, con los cordones y medallas colgadas del pecho. Que este blanqueamiento de las cofradías, con un objetivo claramente electoralista para ampliar su base de votos, se produjera a pocos días de acabar el Rocío, con la carga simbólica tan reaccionaria que tiene esta romería en concreto, no hace sino agravar el contenido de las mismas y nos demuestra que incluso una tarea democrática tan básica como la separación real entre la Iglesia y el Estado tampoco vendrá de la mano de la izquierda institucional y que para lograrlo solo podremos confiar en nuestras propias fuerzas y nuestros métodos y herramientas de lucha.