El pasado mes de mayo la imputación del que fuera presidente del Gobierno, Zapatero, saltaba a la luz. En el entorno del PSOE se señalaba que dicha noticia hacía “polvo a la militancia” y que era “un palo muy grande”. Desde su punto de vista, claro. Tras sus años de gobierno y sus políticas antisociales, la figura de Zapatero se había revalorizado (con grandes dosis de desmemoria) como una especie de referencia progresista, situado en la izquierda del PSOE y con esa imagen de político íntegro, mediador, alejado de las broncas y de la política espectáculo. Su caso, vuelve a ponernos sobre la pista de las puertas giratorias, los pagos millonarios y, sobre todo, nos invita a recordar qué papel jugó el expresidente en plena crisis económica.
La imputación de Zapatero: del Plus Ultra al supuesto delito de organización criminal
La investigación de un delito de blanqueo de capitales en la aerolínea Plus Ultra, empresa que recibió un rescate de 53 millones de euros durante la pandemia, habría llevado al juez Calama a entender la existencia de una trama de influencias, en la que jugaría un importante papel el expresidente.
En concreto, a Zapatero se le imputarían supuestos delitos de organización criminal, tráfico de influencias y falsedad. Según esto, existirían un conjunto de sociedades a través de las cuales se cobrarían comisiones, justificadas con contratos de consultoría y asesoría. Según el auto, los principales beneficiarios serían Zapatero y la empresa Whathefav S.L, perteneciente a sus hijas. Los pagos, a través de diferentes sociedades, ascenderían a 1.948.857 euros, de los cuales Zapatero habría percibido 1.525.078 euros y Whathefac S.L, 423.779.
La política como forma de vida
Basta echar un simple vistazo a la prensa o escuchar ciertas declaraciones para comprobar que no existe consenso al respecto de lo que ocurre con Zapatero. El papel que las denuncias y juzgados están jugando en la política en los últimos años (bajo el término Lawfare), la sensación que tiene mucha gente en la calle de que no todo el mundo es tratado igual por la justicia, poniéndose en cuestión la neutralidad de jueces y fiscales, hace que se hayan alzado voces defendiendo la figura de Zapatero, señalando las posibles debilidades del proceso.
No obstante, ahí no radica la cuestión. Lo que estaría en duda no es si Zapatero o la empresa de sus hijas han facturaron tal o cual cantidad de dinero, sino si el origen del mismo es legal o no. Evidentemente, si no lo fuera estaríamos ante una trama que volvería a mostrar la corrupción asociada a muchos cargos políticos. No obstante, incluso si lo fuera, si ese dinero se hubiera cobrado de manera legal, tendríamos de nuevo que preguntarnos sobre las relaciones que se establecen en la política y como estas permiten el lucro personal.
Fue precisamente en los años en los que la crisis y las políticas de recortes golpearon con más fuerza cuando se puso sobre la mesa el problema de las puertas giratorias: políticos que, terminada su carrera, pasaban a formar parte de consejos de administración, sociedades, etcétera. Por tanto, su independencia al cargo de las instituciones quedaba en duda, ya que las puertas giratorias parecían el pago por los servicios prestados.
En el caso de Zapatero, independientemente de persecuciones o el uso de los juzgados con fines políticos, podemos preguntarnos de nuevo por ello. Dos millones de euros no es cualquier cosa, sea el precio de mercado o no lo sea. El hecho de poder acceder a determinados tipos de clientes se debería a las relaciones establecidas por sus vinculaciones políticas. Dicho de otro modo, si Zapatero no fuera quien es, no sabemos si habría podido hacer labores de consultoría o la empresa de sus hijas habría sido contratada. Por tanto, haber sido político lo sitúa en un lugar privilegiado desde el que poder acceder a contactos, información, relaciones…y eso dista mucho de la tan cacareada igualdad de oportunidades. No deja de ser una versión, sea más o menos legal, se acaben o no demostrando las acusaciones, de la política como forma de vida.
Zapatero, de gestor de la crisis a referencia de la izquierda
Zapatero se ha ido convirtiendo con los años en uno de los referentes de la izquierda, tanto del PSOE como de más allá. Como figura progresista, mediadora, razonable, lejana a los exabruptos. Sin embargo, ha parecido olvidarse, a pesar del escaso tiempo pasado, que Zapatero fue (seguido luego por Rajoy) el presidente que gestionó la crisis socializando las pérdidas frente a la privatización de los beneficios.
Entre sus políticas, se contaron los recortes realizados a partir de mayo de 2010, que conllevó la reducción de un 5% en el salario del funcionariado o la congelación de las pensiones, además de reducirse el gasto farmaceutico; la reforma laboral de 2010, que avanzó lo que luego se consolidaría en las siguientes, como el abaratamiento de los despidos; el “pensionazo” (2011), que tendría como consecuencia la elevación de la edad de jubilación de los 65 a los 67 años; o la reforma de la Constitución en pleno verano del año 2011, de acuerdo con el PP, por el que se modificaba el artículo 135, priorizándose el pago de la deuda sobre cualquier otro gasto, incluido el social.
Y como respuesta ante la escalada de la crisis y al paro, este presidente también tuvo que ser testigo de como se extendía un movimiento masivo que ocupaba las plazas y ponía en cuestión el régimen del 78, y que entre otros eslóganes puso sobre la mesa el “no hay pan para tanto chorizo” o “PSOE, PP, la misma mierda es”. En ese momento no había dudas del papel que Zapatero (ZP) juagaba a favor de los intereses de los de arriba al aplicar políticas antisociales.
Sin embargo, años después, esa visión ha parecido perderse, y su figura ha sido investida con un nuevo brillo. Al menos hasta las acusaciones, que veremos donde llegan. Independientemente de que estemos ante un caso de persecución judicial con fines políticos o no, e independientemente del resultado, es necesario desmitificar esta figura, gestor de la crisis económica y responsable de las mismas políticas antisociales que, si ayer hicieron emerger grandes movilizaciones, hoy además alimentan el crecimiento de la extrema derecha.