FRENTE A LA ANDALUCÍA DE LOS SEÑORITOS, LA LUCHA ES EL ÚNICO CAMINO PARA LA CLASE TRABAJADORA Y LA JUVENTUD

Nos quieren hacer pagar los costes de sus guerras: la cesta de la compra se dispara, la vivienda es cada vez más inaccesible, la luz y los combustibles nos asfixian, y aumentan el gasto militar mientras desmantelan y privatizan nuestros servicios públicos. Mientras tanto, señalan a la clase trabajadora que viene de fuera, a la migrante, y nos dicen que son nuestros enemigos, que son ellos y no los capitalistas quienes colapsan nuestros servicios públicos y nos empobrecen, y nos dividen y enfrentan. A la vez que el Gobierno español retrasa la edad de jubilación, el secretario general de la OTAN propone que los gobiernos europeos privaticen las pensiones para destinar esos fondos a subir el presupuesto militar, que ha alcanzado su cifra más alta bajo la presidencia de Pedro Sánchez.

Nos dicen que la economía va bien, pero ¿para quién? Los datos que celebra el gobierno, tanto el español como el andaluz, encubren una realidad de empobrecimiento y explotación para la clase trabajadora mientras los empresarios ganan más beneficios que nunca. Nos venden la subida del SMI, pero los salarios reales llevan estancados 30 años. Nos hacen destinar el 60% del presupuesto de los hogares a vivienda y alimentación. Nos venden tasas de empleo históricas que ocultan contratos temporales y precariedad, especialmente para la juventud. Cada semana se quedan sin pagar 2,5 millones de horas extras. La siniestralidad laboral se dispara y no es un error: es el resultado de priorizar sus ganancias sobre nuestras vidas; solo en lo que llevamos de año, la mortalidad en el trabajo se ha incrementado en un 120% respecto a 2025 en Andalucía, donde se concentra el 17% de accidentes laborales. Nos hacen pagar los platos rotos de su crisis climática, apropiándose del agua, la energía y el suelo para sus cada vez más voraces negocios hoteleros y agroexportadores. Saquean nuestros servicios públicos para forrarse a costa de nuestra educación y nuestra salud, y las mujeres trabajadoras somos las primeras en sufrir las consecuencias, como desgraciadamente hemos visto con el escándalo del cáncer de mama o con las 1.567 víctimas de las listas de espera de la dependencia en solo el primer trimestre de este año. Y, mientras tanto, para dividirnos y enfrentarnos, señalan a la clase trabajadora inmigrante y nos dicen que son nuestros enemigos, que son ellos quienes colapsan nuestros servicios públicos y nos empobrecen.

En este contexto,llegan las elecciones andaluzas. La mayoría social no percibe, comprensiblemente, que la política sea una herramienta para mejorar sus condiciones de vida. Esto se debe a que las instituciones políticas están diseñadas para favorecer los intereses de la clase capitalista y garantizar la explotación de la clase trabajadora, gobierne quien gobierne. Solo una política distinta puede revertir esa ofensiva y lograr avances; una política que, como ya hemos aprendido en la historia, no nos traerán las urnas ni los parlamentos, sino que solo podemos hacer los trabajadores y las trabajadoras uniéndonos, dando un golpe sobre la mesa, luchando, movilizándonos e imponiendo nuestros intereses mediante nuestra fuerza más efectiva: con huelgas, paralizando la producción y dándoles donde más les duele, porque sin nuestro trabajo ellos no ganan.

¿QUÉ ES IZAR?

IZAR no es un partido que busque gestionar las migajas del sistema. Somos una organización política comunista revolucionaria. Defendemos una sociedad sin ningún tipo de opresión ni explotación, donde quienes producimos la riqueza con nuestro esfuerzo diario seamos quienes decidamos sobre ella. No necesitamos a los capitalistas; ellos nos necesitan a nosotros y nosotras. Sin la clase trabajadora, nada funciona.

¿POR QUÉ NOS PRESENTAMOS A LAS ELECCIONES ANDALUZAS?

¿Se puede acabar con la lógica del capitalismo desde las instituciones? Rotundamente NO. Nos presentamos sin generar falsas ilusiones. El juego institucional es un fraude diseñado para servir a los que más tienen.

Nos presentamos para cuestionar el circo electoral y utilizar las elecciones como un altavoz. Nuestra candidatura sirve para visibilizar una política de ruptura y para convertir cada voto en un compromiso militante en los barrios, en los pueblos, en los centros de trabajo y en los centros de estudio. Estamos aquí para decir que este sistema no es reformable: hay que derribarlo.

¿POR QUÉ LA UNIDAD (ELECTORAL) DE LA IZQUIERDA ES INSUFICIENTE?

La llamada “unidad de la izquierda” (IU, Podemos, Sumar) ha demostrado ser una trampa. La unidad que plantean nunca se concreta en el cómo ni el para qué, sino que consiste solo en sumar escaños para apuntalar los gobiernos del PSOE. Hablan de políticas sociales en campaña, pero avalan las políticas antiobreras de aumento del gasto militar, los salarios de miseria y la jubilación a los 67 años, además de reprimir a trabajadores/as andaluces cuando se movilizan en Cádiz o a trabajadores/as migrantes cuando intentan pasar las concertinas de la vergüenza en Ceuta y Melilla.

Mientras el IBEX 35 bate récords de beneficios, la izquierda institucional mira para otro lado. Esa política del “mal menor” es precisamente la que genera desilusión y alimenta a la extrema derecha. Ahora, en periodo electoral, intentan movilizar el voto para frenar al PP y a Vox en las urnas, pero la realidad es que los partidos de la izquierda institucional les están poniendo una alfombra roja.

¿QUÉ HACER MÁS ALLÁ DE LAS ELECCIONES?

Las conquistas sociales nunca fueron el resultado de un debate parlamentario, sino de la fuerza de la clase obrera organizada. En ese sentido consideramos que el conjunto de la izquierda institucional, desde IU, Sumar y Podemos, hasta Adelante Andalucía, contribuyen a alimentar la perspectiva falaz de que el juego institucional puede cambiar nuestras vidas. Desde IZAR pensamos lo contrario. Los debates parlamentarios nunca lograron arrebatarle a la patronal ninguna conquista social. Lo hicieron los trabajadores y las trabajadoras movilizándose y visibilizando una alternativa a la lógica del sistema capitalista, logrando la jornada de 8 horas, las vacaciones pagadas o derechos democráticos como el derecho al aborto. El parlamento debe servir para que ese discurso resuene con más fuerza y para que la prioridad de los que sufrimos las consecuencias de las crisis capitalistas no sea votar cada cuatro años sino organizarse para movilizarnos por un programa de urgencia social que recoja entre otros aspectos cuestiones como la expropiación de todas las viviendas vacías, la subida salarial automática vinculada a la inflación y financiada con los beneficios alarmantes de las grandes empresas o la anulación de todas las privatizaciones y las colaboraciones público-privadas que desmantelan nuestros servicios públicos y aumentan la edad de jubilación. NI UN EURO PARA ARMAS Y SUS NEGOCIOS DE GUERRA.