1º DE MAYO – CON LA FUERZA DE NUESTRA CLASE: NI UN EURO PARA SUS GUERRAS

La guerra se paga con nuestros salarios y servicios públicos 

Se acerca el 1° de Mayo, día en que trabajadoras de todo el mundo salimos a las calles para recordar que tenemos una historia común, una clase común y un enemigo común. En esta fecha se vuelven a enfrentar dos modelos de sociedad: un mundo de explotación, guerras y destrucción del planeta, frente a un mundo posible donde nosotras decidamos.

La crisis del capitalismo se agudiza y la competencia entre bloques imperialistas se hace cada vez más palpable en cada rincón del planeta. El militarismo y la deriva belicista se normalizan, mientras sacan de los bolsillos de las trabajadoras de todo el mundo el coste de sus guerras. Cada misil, cada maniobra militar, cada aventura imperialista o cada reforzamiento de fronteras se pagan con dinero que podría destinarse a viviendas sociales, a camas de hospitales, a aulas en colegios o a pensiones. No es un error presupuestario. Es parte de un modelo económico que destina recursos a extender mercados a bombazos y asegurar la acumulación del capital, en vez de a cubrir las necesidades de quienes producimos todo.

Que no nos vendan humo: los reformistas son cómplices

Ante esta realidad, la izquierda reformista no hace más que vender la ilusión de un capitalismo sin guerras, o directamente participar de ellas. Se llenan la boca de “No a la guerra” mientras mantienen sin escrúpulos relaciones con Tel-Aviv o colaboran en operaciones militares de interés para la OTAN. Y lo hacen dirigiendo el producto social que generamos a la guerra y a hacia las fortunas de los ricos. 

Solo en el Estado español, cada semana se quedan sin pagar 2,5 millones de horas extras; nos hacen destinar el 60 % del presupuesto de los hogares a vivienda y alimentación; el salario no sube al ritmo del coste de la vida y con el negocio de la guerra se han disparado aun más los precios, y solo en lo que va de 2026, sostener este sistema ha costado ya la vida de 116 personas en sus puestos de trabajo. Todo esto por alimentar los beneficios de explotadores, rentistas, terratenientes, especuladores y quienes hacen negocio matando obreros de otros países y saqueando sus recursos. 

Además, en este Primero de Mayo la clase trabajadora migrante lo atraviesa enfrentando las trabas burocráticas de la insuficiente regularización extraordinaria y el racismo que vertebra hoy a la extrema derecha. De nuevo, un Primero de Mayo en plena temporada de recogida de frutos rojos y que cada vez más impone la tarea de enfrentar, en unidad de clase –nativa y extranjera–, el racismo estructural que solo sirve a los intereses patronales.

Unidad de acción en las calles

En este contexto, la unidad de acción se hace más necesaria que nunca. Las múltiples convocatorias por el 1ª de Mayo que tenemos por norma en cada ciudad reflejan la debilidad de la organización de nuestra clase. También evidencian la apuesta por un programa de ruptura con la conciliación de clases y la paz social que representan las direcciones de los sindicatos mayoritarios. Pero el papel de las comunistas debe ir dirigido a coordinar de manera más unitaria este día. Que esta fecha vuelva a servir para articular luchas concretas –como lo fue por la jornada de 8 horas o en contra de la guerra–, actualizadas a la lucha por la vivienda, por subidas salariales y por los servicios públicos. Y en ese proceso, apuntar directamente a desmantelar la industria de guerra que se lleva el producto social que generamos, vinculando así estas movilizaciones a la lucha internacionalista contra el imperialismo.

Concretamente en Andalucía, las convocatorias del 1ª de Mayo coincidirán este año con el inicio de una campaña electoral que, para muchos, será una simple fecha simbólica que aprovechar electoralmente para enmascarar su confianza en las instituciones. Pero desde IZAR aprovechamos la para las obreras organizadas en organizaciones combativas será una oportunidad para arrancar la campaña electoral movilizando movilizar entorno a la consigna clara de que únicamente mediante la lucha –como la que representa históricamente el 1º de Mayo– podremos fortalecer la organización de nuestra clase, conseguir victorias y dejar claro que solo podemos confiar en nuestras propias fuerzas. Para enfrentar tanto a los explotadores, rentistas y terratenientes de Andalucía, como para enfrentar a los imperialistas bajo la consigna de expulsar las bases de Rota y Morón. Es en la lucha donde necesitamos la unidad. Es mediante la movilización como conseguiremos imponer las mejoras para nuestra clase.

El enemigo principal está en casa

El bloque atlantista se resquebraja. Las relaciones comerciales globales y las fuerzas militares que han sostenido el orden occidental hasta ahora, se hunden. Una derrota del imperialismo yanqui y sionista en Oriente Medio –junto a sus cómplices europeos– supondría una victoria para las trabajadoras del mundo. Pero no nos vale cualquier alternativa que pueda representar Irán, China o Rusia: solo la clase trabajadora consciente y organizada podrá golpear de manera definitiva al imperialismo y plantear una alternativa real. 

Este Primero de Mayo señalamos que el principal enemigo está en casa y la primera tarea es enfrentarnos a nuestra propia burguesía y su bloque imperialista. Y la manera efectiva de hacerlo no es otra que enfrentar el capital que hoy engendra estas guerras, desde el mundo del trabajo. Hay experiencias que marcan el camino: las huelgas de trabajadores portuarios en muchos países del Mediterráneo contra el transporte de armas, las huelgas generales de Italia o Bélgica que han puesto en el centro la cuestión del gasto militar o las movilizaciones masivas en EEUU contra la guerra de Irán. Debemos combinar la agitación contra la guerra con la ineludible tarea de la organización obrera y sindical en los centros de trabajo. Porque solo si avanzamos en la lucha hasta parar la producción, el transporte y todo el engranaje de este sistema, conseguiremos demostrar que la guerra no es inevitable: es el negocio de unos pocos y la organización obrera tiene la fuerza para pararla.

Este primero de mayo salimos a las calles para plantar cara al militarismo. Para reivindicar una política de independencia de clase que demuestre que la lucha obrera puede frenar la miseria a la que nos lleva el imperialismo. Y para poner sobre la mesa que mientras haya capitalismo, habrá guerras. Solo el comunismo las hará desaparecer.

¡Abajo las armas, arriba los salarios! ¡Ni un euro para sus guerras! ¡Todo el presupuesto a lo público!