SIRIA: DESPUÉS DE TRECE AÑOS DE GUERRA, EL RÉGIMEN DE AL-ASSAD SE DERRUMBA

Una semana después de que la ciudad de Alepo cayera en manos de los “rebeldes” del grupo islamista HTS, ahora es la capital, Damasco, la que cayó el sábado 7 de diciembre, provocando la huida del dictador Bashar Al-Assad. Después de 54 años de gobierno de los Al-Assad, del padre y del hijo, y de 13 años de guerra civil. El colapso del régimen sirio – precipitado por el debilitamiento del llamado “eje de la resistencia” (Hezbollah, el régimen sirio y su aliado Irán)– es celebrado como una victoria por una parte de la población del país, en vista de la apertura de las cárceles a miles de detenid@s, much@s por motivos políticos.

Sin embargo la caída del régimen sirio no significa una aprobación de las tropas islamistas que acaban de derrocar al dictador, y menos aún del régimen que pretenden instaurar. También hay aplausos, pero de otro tipo, desde las cancillerías occidentales. La UE y el gobierno PSOE-Sumar se felicitan, pero en primer lugar Trump, que declaró que si «Assad ya no está allí» es porque «su protector, Rusia, dirigida por Vladimir Putin, ya no está interesado en protegerlo».

El 8 de diciembre, EEUU (es decir, la administración saliente de Biden) envió tropas adicionales al contingente militar estadounidense estacionado en Siria y bombardeó más de 50 lugares, oficialmente campos de entrenamiento del Daesh. Mientras tanto, Netanyahu ordenó al ejército israelí tomar el control de una franja de transición en los Altos del Golán, en la frontera siria, y bombardeó diferentes ciudades, incluso en los suburbios de la misma Damasco, oficialmente para destruir los arsenales de armas.

En el origen de la guerra civil, el aplastamiento de la revolución de 2011

La satisfacción de las potencias occidentales por la caída de Al-Assad, cuyo protector Putin sufre un golpe, no puede hacer olvidar que todas, según sus propios intereses, colaboraron para mantener en el poder al régimen sirio que reprimió ferozmente la revuelta de 2011 en el marco de las “primaveras árabes” en Túnez y Egipto. Y fue el mismo dictador quien ese año liberó a cientos de pres@s polític@s, militantes islamistas y yihadistas más o menos afiliad@s a los Hermanos Musulmanes, para canalizar la ira popular detrás de una oposición poco peligrosa para el orden social.

Fortaleciendo así a estos grupos, Al-Assad avivó el fuego de una guerra civil que finalmente lo consumió, a costa de cientos de miles de muertes y millones de desplazad@s. De la misma forma, el juego de las grandes potencias ha alimentado esta cruenta guerra, siendo el objetivo de todos una «primavera» social y política del pueblo, totalmente sofocada por el régimen

Siria en el centro de las rivalidades religiosas

Desde el inicio de la “revolución siria”, el país se convirtió en el patio de recreo de las potencias imperialistas y regionales. EEUU y la UE apoyaron desde el principio un Consejo Nacional Sirio fundado en Turquía por LA oposición en el exilio y su “Ejército sirio libre”, inicialmente compuesto por oficiales del ejército disidentes, luego gradualmente corrompido por grupos islamistas financiados por Turquía, Qatar y Arabia Saudí. Pues mientras Rusia e Irán apoyaban al régimen, las grandes potencias occidentales por un lado y Turquía por otro estaban a la búsqueda de una dictadura de recambio. Turquía directamente y occidente a través de sus aliados han apoyado y financiado movimientos islamistas. Ayudando a enterrar la revuelta y hundir al país en una guerra sin fin.

Después de la intrusión en Siria del Estado Islámico (Daesh), que procedía de Irak y fue combatido por los líderes estadounidenses y sus aliados de la OTAN, fue finalmente a Rusia a quien, paradójicamente, los occidentales dejaron la gestión del caos en Siria: ¡bombardeos destructivos y mortíferos en Alepo y otras ciudades y mantenimiento del régimen de Al-Assad!

Caos también el de un país dividido desde hace una década en zonas de influencia política y militar. El régimen de al-Assad, apoyado por Rusia e Irán, retuvo el control del 70% del territorio. Varios grupos islamistas se repartieron el resto, incluido este HTS en el norte, apoyado por Turquía, que aprovechó el caos para asegurar la ocupación de una zona a lo largo de la frontera turco-siria, amenazando así al Kurdistán sirio (Rojava) dominado por un partido nacionalista kurdo, el PYD, cercano ideológicamente al PKK, contra el que Erdogan lidera la guerra en Turquía.

Las negociaciones, iniciadas en 2017 en Astana, Kazajstán, entre Rusia, Irán y Turquía se suponía que limitarían las escaladas entre estas potencias rivales. Pero el estado de guerra continuó y la miseria seguía siendo el destino de la población siria.

¿Quiénes están detrás de la HTS?

Es la Organización para la Liberación de Al-Sham (“Levante”, en el vocabulario religioso que se desmarca de manera reaccionaria del uso nacionalista de la palabra “Siria”). Procedente de Al-Qaeda, su líder al-Joulani fundó primero el Frente al-Nosta, una organización yihadista, antes de fundar su propia organización en 2017. Controlando con el apoyo de Turquía la región noroeste del país alrededor de la ciudad de Idlib, la HTS buscó ofrecer garantías de respeto del orden social, de buena gestión.

Su líder Al-Joulani ha cambiado su turbante o uniforme yihadista por un traje a lo Zelensky según el día y su lucha por un califato islámico por el perfil de un líder sirio. Al parecer sigue siendo muy islamista, porque fue desde la mezquita de los omeyas, un alto lugar de culto en Damasco, donde el 8 de diciembre proclamó su victoria: “Siria ha sido purificada”.

Pero la HTS se presentó como reemplazo aceptable si no aparentemente aceptado por las potencias imperialistas, como una buena dictadura de recambio. Cómoda para Turquía, que desea seguir controlando el norte, neutralizar el Kurdistán sirio y poder enviar de regreso a Siria a los 3,5 millones de refugiad@s siri@s. Fiable para las grandes potencias occidentales, por haberse impuesto a las demás facciones islámicas de Idlib con un “gobierno de salvación”. Respetable pues autoriza el maquillaje de las mujeres, la música en las calles y promete una «Siria respetuosa de todas las religiones y nacionalidades», incluida la población kurda, a la que pretende someter.

El avance rebelde permitido por los ataques de Israel en Palestina y Líbano

Desde estas zonas del norte del país, la región de Idlib, se desplegó la ofensiva relámpago que puso fin al reinado del clan Assad. Esto se vio facilitado por los golpes asestados por Israel al Hezbollah, que en años anteriores había enviado sus tropas a Siria para defender el régimen (hasta 10.000 hombres). La presión israelí y estadounidense sobre Irán, que apoyaba el régimen del carnicero Assad, prohibió cualquier intervención, directa o indirecta, a través de las milicias chiíes iraquíes. Abandonaron el territorio y renunciaron a defender el régimen.

Por otro lado, la Rusia de Putin no pudo o no quiso movilizar a sus capacidades militares más allá de algunos bombardeos contra la HTS al comienzo de su ofensiva (incluido uno contra un hospital en Idlib). ¿Imposible desplegar un ejército ruso atrapado en Ucrania? ¿Un “acuerdo” bajo los auspicios de Trump de una retirada de Siria a cambio de una promesa sobre Ucrania? Básicamente, Rusia proporcionó apoyo aéreo al régimen de Damasco. Esto resultó inútil porque el ejército de Assad, gangrenado de corrupción, crisis económica y decadencia política, rápidamente colapsó o huyó. Así que el momento era el adecuado. Y si sigue abierto el interrogante de qué apoyo militar o ayuda logística podría haber logrado una ofensiva tan rápida, de Idlib a Damasco en días, encontramos inicio de una respuesta en las felicitaciones de quienes dicen ser beneficiarios: las potencias occidentales e Israel.

La paz está lejos de haber regresado

Hoy en día, los bombardeos israelíes continúan en la frontera siria. El régimen de Ankara ha dado luz verde al “Ejército nacional sirio” (representantes sirios del régimen turco) para atacar a los kurdos en el noreste. El mismo 8 de diciembre se lanzó una primera ofensiva contra la ciudad de Manbij, en territorio controlado por los kurdos.

Si Al-Joulani y su organización HTS han cambiado a los ojos de los occidentales, no ocurre lo mismo del lado de la población siria: el 15 de marzo de este año, en el mismísimo bastión de Idlib, con motivo del decimotercer aniversario de la guerra de 2011, miles de manifestantes protestaron al de grito «¡El pueblo quiere la caída de Al-Joulani! Si ayer era contra Al-Assad y su opresión, lo hacemos ahora por las mismas razones”. Esta protesta en el norte del país no fue muy diferente de la de hace 6 meses antes, en la zona controlada por el régimen, en la ciudad de Soueïda, denunciando la corrupción y el aumento de los precios.

Si much@s trabajador@s y jóvenes, tanto en el país como entre los inmigrantes y exiliadi@s siri@s, aplauden la caída de una dictadura brutal, no significa que sea bienvenida la llegada al poder de Al-Joulani, un islamista educado y que usa corbata, tanto por la población siria como por Trump, Netanyahu y la UE. Bien podríamos ver el resurgimiento de explosiones de ira social como las que han marcado al país recientemente, tanto en las regiones bajo el control del exdictador como bajo el control de quien sueña con ser su sucesor. En cualquier caso, ahí es donde reside la esperanza.