Mientras las empresas del IBEX 35 baten récords millonarios, los salarios se mantienen por debajo del coste de la vida, hecho que no se revierte con los últimos convenios firmados, en los que no se recupera el poder adquisitivo. Frente a esto es necesario un sindicalismo de clase y combativo y, sobre todo, basado en la autoorganización.
1. Beneficios millonarios para las empresas…
Solamente en el primer trimestre de 2026 las grandes empresas del IBEX 35 obtuvieron un 42% más de beneficios que en todo el 2019: 40.000 millones de euros. En general, entre el 2019 y el 2025, han pasado de ganar 28.000 a 71.118 millones, lo que supone un aumento de un 154%. Los nombres nos son bien conocidos: Iberdrola, Endesa, Naturgy, Repsol o Moeve, en el sector energético, que han presentado 9.863 millones de euros de beneficios, cifra similar a todo el año 2023; la banca ha obtenido 20.164 millones, un 18% más que el año pasado, destacando especialmente el banco Santander, cuyos beneficios crecen un 31,3%; y empresas como Telefónica (con un 75% de crecimiento, partiendo de números negativos) y Sacyr (con un 157%). En definitiva, están siendo años récords para el IBEX 35.
2…y pérdida de poder adquisitivo para las y los trabajadores
Sin embargo, la cosa no va tan bien para el bolsillo de las trabajadoras y trabajadores. Según datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social, desde el mes de marzo de 2026 la media de los incrementos salariales pactados ha sido inferior al IPC. Dicho de otro modo, los salarios han subido por debajo de los precios. En los datos más recientes, relativos a septiembre de 2026, las subidas salariales recogidas en los convenios registrados en lo que va de año se situarían en un 3,05%, mientras que el IPC de ese mismo mes ha alcanzado un 4,9%. Ni siquiera en los sectores donde los incrementos han sido mayores, como “Transportes y almacenamientos” u “Otros servicios”, se alcanza esa cifra: en el primero, la media ha sido de 3,87%, mientras que en el segundo, un 3,63%.
Pero esto no es algo propio de este año. Si echamos la vista atrás y comprobamos la evolución de los precios, podemos ver cómo se habría acumulado una inflación aproximada del 22,77% entre el año 2021 y el 2025. Según los datos disponibles de subidas salariales pactadas y revisadas a lo largo del mismo periodo, los sueldos en aquellos sectores afectados por estos convenios habrían subido un 16,2%, es decir, casi siete puntos menos. Evidentemente, esto se agrava si nos fijamos en cuestiones específicas, como es el caso de la cesta de la compra, que se ha encarecido un 39,5% desde 2021 o la vivienda: mientras que entre 2011 y 2026 los salarios se habrían incrementado un 30%, los precios de los alquileres lo habrían hecho un 80%.
3. Un problema estructural que tiene nombre (y apellidos): Capitalismo
Que en el mismo periodo las grandes empresas del IBEX 35 alcancen cifras récords en sus beneficios y los trabajadores y trabajadoras tengan que enfrentarse a una pérdida de poder adquisitivo que les dificulta cada vez más llegar fin de mes o acceder a una vivienda muestra claramente que el problema no es la falta de riqueza, porque hay y mucha, sino cómo se distribuye y quién la acapara. Y esto es consecuencia de que unos pocos puedan ser dueños de todos aquellos medios y servicios que producen la riqueza, y que esos bienes que todas y todos necesitamos sean una mercancía con la que especular y ganar dinero.
Frente a esto, hay dos responsables. De un lado, las direcciones sindicales que están siendo participes de la firma de estos convenios “a la baja” bajo el mantra de la concertación social, incluso cuando hay luchas (y asambleas que están desbordando a muchas de esas direcciones diciendo no a este tipo de acuerdos) y la conflictividad laboral aumenta: si en 2025 tanto el número de participantes en jornadas de huelga como el nº de jornadas pérdidas fue superior a los años anteriores, en 2026 la conflictividad se ha disparado: en agosto, se habían registrado un total de 1,37 millones de jornada perdidas, frente a 383.000 en el mismo periodo del año anterior; de otro, un gobierno que supuestamente es el “más progresista de la historia” pero que no se enfrenta a los intereses de los que más tienen, y bajo el cual se incrementan los presupuestos de guerra mientras nuestros salarios se empequeñecen.
El hartazgo ante esta situación ha terminado estallando tras el desahucio de Maricarmen, confluyendo así con el aumento de conflictividad laboral señalado. Las movilizaciones masivas y las acampadas que se extendieron por todo el Estado han obligado a que se convoque la primera huelga general desde el año 2012. Para que la huelga sea efectiva, es necesario fortalecer las asambleas y comités que puedan surgir o hayan salido ya de las movilizaciones y canalizar esa rabia y descontento, no hacia las instituciones o la concertación social, sino hacia la lucha que debe continuar para poder revertir esta situación en la que unos se enriquecen mientras otros pagan, poniendo en cuestión que unos pocos puedan acaparar la riqueza mientras que muchos y muchas están condenados a un trabajo cada vez más precario con el que no poder vivir.