Desde hace meses, Albania se ve sacudida por grandes manifestaciones, impulsadas en gran parte por la juventud. Tras una tregua y en un contexto de resurgimiento de los movimientos juveniles en el continente (Francia, Italia, Bélgica) y más allá, como en la India, el movimiento ha cobrado fuerza de nuevo, con varios días de intensos enfrentamientos en la capital, Tirana.
Tras las primeras manifestaciones contra la corrupción iniciadas en diciembre de 2025, que en marzo y abril habían culminado con enfrentamientos con cócteles molotov en el barrio gubernamental de Tirana, los y las jóvenes han retomado la iniciativa desde principios del verano en lo que se ha denominado la “revolución de los flamencos rosas”. Se trata de la oposición a la construcción de un complejo hotelero de lujo por parte de Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense. Situado en una zona protegida cerca del delta del río Vjosa (un lugar clave para los flamencos rosas que dan nombre al movimiento), el proyecto ha concentrado las preocupaciones medioambientales y el malestar ante la injusticia social y la corrupción.
En todo el país, especialmente en las ciudades de Vlorë y Tirana, las y los jóvenes se han manifestado casi a diario bajo consignas como “Albania no está en venta”, “Sin justicia para el pueblo, no hay paz para el gobierno” o “Berisha a la cárcel, Rama a la cárcel”, apuntando tanto al primer ministro como a la principal figura de la oposición. El movimiento ha logrado su primera victoria: a mediados de junio la UE y Albania anunciaron la suspensión del proyecto hotelero de Kushner y Trump.
Desde entonces, las manifestaciones continuaban, pero el movimiento había perdido dinamismo. Sin embargo, el 13 de octubre los activistas de la “revolución de los flamencos rosas” llamaron a los estudiantes a unirse a ellos para manifestarse frente al ministerio de Educación. Exigían la dimisión del gobierno y protestaban contra el aumento de las tasas universitarias y del coste de la vida, las malas condiciones de estudio y la falta de perspectivas para la juventud en un país marcado por el desempleo y la emigración masiva.
El llamamiento tuvo un seguimiento masivo y desembocó en enfrentamientos con la policía durante toda la noche, los cuales han continuado a diario desde entonces durante más de una semana. Se lanzaron cócteles molotov y otros proyectiles, se rompieron cristales y se provocaron incendios en el ministerio, todo ello frente a cañones de agua y gases lacrimógenos. El saldo fue de decenas de heridos y decenas de detenciones. La actuación policial provocó protestas por las instituciones internacionales y la suspensión de varios agentes tras difundirse un vídeo en que se les veía arrastrando a un joven de 19 años con una pierna rota en el interior de una comisaría en Tirana.
Desde hace meses, la juventud albanesa sacude el régimen de Edi Rama, en la misma estela de la “primavera de los Balcanes”. Hoy es un nuevo soplo sobre las brasas de la contestación el que ha reavivado el fuego, amenazando seriamente con derrocar al régimen. En Serbia, Albania, Francia e Italia y más países de Europa una juventud rebelde rechaza un futuro negado por la carrera por el máximo beneficio de una minoría, la guerra, el desempleo y la precariedad. Sus gobernantes están, sin duda, muy inquietos.