Se dice mucho que quienes no conocen su Historia están condenados a repetirla. Sin embargo, hace tiempo que esa afirmación quedó vacía porque el problema no es conocer la Historia: la conocemos, tenemos escritos, tenemos análisis, disponemos, incluso, de documentos audiovisuales. El problema, como en todo y como siempre, no viene del no saber sino del no querer recordar. Y en ese ejercicio de memoria, los que nos obligan a olvidar como sinónimo de reparar, casualmente son los que más errores, atrocidades, asesinatos cometieron. En definitiva, los culpables.
¿De dónde venimos? Limitaciones de la Ley de Memoria Democrática
En octubre de 2022, el Gobierno del momento firmó con sus socios una nueva Ley de Memoria Democrática. Entre otras cosas, resignificaba el Valle de los Caídos, retiraba los títulos nobiliarios concedidos por Franco, asumía las exhumaciones como responsabilidad de Estado o declaraba ilegal la dictadura y las sentencias dictadas por los tribunales franquistas. No fue lo único, también se incluía la creación de un censo de víctimas, la elaboración de un mapa de fosas o la creación de un banco estatal de ADN. Por el contrario, aunque también se incluía la modificación de la ley franquista 9/1968 sobre Secretos Oficiales para poder acceder a toda la documentación necesaria para hacer justicia, el gobierno no quiso incluir en esa obligatoriedad a la Iglesia, que tantos documentos posee al respecto.
Fueron muchas las críticas a esta nueva ley por parte de las asociaciones que trabajan el tema porque consideraban que si verdaderamente hubiera una voluntad de juzgar los crímenes del franquismo se tendría que haber incluido la derogación total o parcial de la Ley de Amnistía, la ratificación de España sobre la convención de la ONU para la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad y la judicialización de las fosas.
La “ley de nietos” ¿y por qué no?
Dentro de la ley mencionada se contempla conceder la nacionalidad a descendientes de exiliados por la Guerra Civil y la dictadura franquista. Aquí se incluyen a los nacidos fuera de España de padre, madre o abuelos españoles que perdieron o renunciaron a esta nacionalidad al exiliarse por razones políticas, ideológicas o de creencia o de orientación e identidad sexual; además, hijos o hijas de mujeres españolas que perdieron la nacionalidad por casarse con personas extranjeras. El plazo para presentar solicitudes ya acabó pero en vísperas de unas nuevas elecciones generales, tanto el PP como VOX denuncian que esta ley sirve al gobierno para “fabricar votantes”.
Por otro lado, el Tribunal Supremo acordó este pasado septiembre limitar el derecho a voto de estas personas descendientes de represaliados por le franquismo porque “Tal crecimiento [del censo exterior] genera un peligro fundado, real y serio de poder afectar gravemente a la objetividad y transparencia del proceso electoral”.
Esto último es lo que ahora está encima de la mesa: el Tribunal Supremo ha basado su decisión en los datos dados por VOX y Iustitia Europa del aumento del censo aunque el Gobierno ha proporcionado otros.
La voluntad de la derecha de hacernos olvidar y nuestra responsabilidad para que no sea así
El juego electoral no debe importarnos. Es evidente que la Justicia, PP, VOX, las asociaciones derivadas y algunos medios de comunicación no tienen ningún interés en saldar las cuentas que el franquismo sigue teniendo con la clase trabajadora; ni con la que se quedó ni con los descendientes de los exiliados. Relacionar la “ley de nietos” y el derecho a voto de todas las personas solicitantes de nacionalidad con la regularización de migrantes como han hecho PP y VOX solo responde a la necesidad de construir un relato falso y seguir incentivando al odio.
Las organizaciones de izquierda revolucionaria, los sindicatos con una perspectiva de clase real, las asociaciones de memoria histórica, la juventud…tenemos la responsabilidad de combatir también en este ámbito el discurso de la derecha y la extrema derecha. Necesitamos enmarcar en este auge discursos racistas pero también de respuestas por mejoras en políticas de vivienda, servicios públicos, antibelicistas, antirracistas una perspectiva de organización política y sindical.
Solo podremos hacer frente a los que acumulan las riquezas y generan odio con organización y movilización.
Hay que extender la idea del escritor Eduardo Galeano: debemos ser como las “locas de Plaza de mayo” y negarnos a “olvidar en los tiempos de amnesia obligatoria”.