El pasado 10 de Septiembre, en la jornada previa a la Diada nacional de Catalunya, el partido de extrema derecha Aliança Catalana trató de apropiarse del recuerdo de los caídos contra la monarquía borbónica, conocidos como els Segadors (nombre que recibe también el himno nacional), al tomar el Fossar de las Moreras para realizar un acto y brindar flores a los caídos en el lugar donde fueron asesinados. Esto es una clara provocación contra el patrimonio de la lucha campesina contra el poder, el cual ya no solamente es que no pertenezca a los fascistas, sino que ellos representan la herencia de quienes produjeron tanto sufrimiento a nuestra clase.
Este partido consiguió reunir a unas 300 personas en dicha plaza, mientras que la convocatoria antifascista impulsada por la CUP, Arran, Endavant, Regularizació ja, la PAH, Cossac, Alerta Solidaria y la OJS consiguieron reunir a más de 3000 personas según fuentes policiales y 8000 personas según las propias organizaciones. El despliegue policial descomunalmente cuantioso y violento desplegado por el gobierno del PSC consiguió que los fascistas pudieran realizar su acto, aunque con dificultades por el enorme ruido de la protesta antifascista. También el 11 de septiembre, durante la Diada, 1500 antifascistas e independentistas impidieron que el grupo neonazi Núcleo Nacional celebrara su acto que apenas consiguió reunir a un centenar de personas, los cuales fueron expulsados llegando a salir escoltados por los mossos.
Durante las semanas posteriores, vimos como los fascistas de Oviedo apalizaban a dos compañeros del colectivo Ama Asturies en la caseta colocada durante las fiestas populares, arrancándoles una pancarta antirracista, para luego negar de manera cobarde frente al juez que la agresión tuviera motivación política, diciendo textualmente “nosotros no tenemos problemas de dinero ni sociales, venimos de buena familia”. Parece que conocen bien cómo funciona la justicia en el Estado español. Esta agresión recibió la repulsa masiva de los antifascistas asturianos en una concentración multitudinaria.
Otro ejemplo de cómo una respuesta unitaria consigue frenar los ataques directos a nuestra clase por parte de la reacción es la cancelación del acto convocado por Vox en Santiago de Compostela, dirigido esta vez por una de sus figuras más abiertamente fascistas, el delegado europeo Jorge Buxadé, quien ha participado en numerosas ocasiones en charlas defendiendo la conspiración neonazi del gran reemplazo. El acto, pese a estar protegido por la policía, no se pudo realizar gracias a las acciones coordinadas de boicot previas al acto y a la convocatoria de una concentración masiva que rodeara el evento, dejando a un Buxadé visiblemente frustrado. El mismo día que la policía apalizaba a los manifestantes en Santiago tratando de parar el aquelarre fascista de Vox, veíamos como una serie de “patriotas” reventaban a pedradas el coche de una diputada ceutí, ante la mirada cómplice de la polícia que no sólo comulga con discursos racistas sino que además forman parte de un Estado que también es racista y bajo el mando de un Ministerio del Interior y de un gobierno de coalición que no tiene ningún problema en endurecer las leyes de extranjería y de asilo a la vez que aprueba militarizar aún más la frontera con Marruecos para evitar con la violencia la inmigración.
Es importante destacar que muchas de las personas que participaron en estos actos de respuesta, al igual que el que se pudo ver en Granada contra la agresión a Pablo antes del verano por llevar una camiseta antifascista, no se encuentran actualmente organizadas políticamente pero sí tienen una conciencia antifascista clara.
Está claro que vamos a necesitar reforzar lazos entre organizaciones políticas, sociales y sindicales que se definen antifascistas. Las concentraciones del pasado día 2 de septiembre en contra de las movilizaciones racistas e islamófobas convocadas por PP y VOX, como lo son las recientes movilizaciones masivas por la vivienda, son un buen inicio para ello. Y es que razones no van a faltar para movilizarse.