Comunicado de IZAR
La movilización para cambiarlo todo
Las movilizaciones por la vivienda han dado un vuelco de 180º a la situación política estatal. En un abrir y cerrar de ojos, hemos pasado de un sentimiento de resignación muy extendido a causa del auge de manifestaciones abiertamente racistas llamando a la deportación del migrante invasor a movilizaciones masivas por el acceso a la vivienda, con un discurso claramente antirracista, dónde los/as manifestantes no dudan en expulsar de la acampada de Sol a provocadores fascistas como Vito Quiles o Bertrand Ndongo a golpe de “fuera fascistas de nuestros barrios”.
¿Qué ha pasado? ¿Cómo se explica ese giro de guión? Pues de una manera muy sencilla. Ni antes estábamos en un callejón sin salida frente a la extrema derecha en el que sólo se pudiera esconder la cabeza como un avestruz. Ni ahora estamos en una situación en la que haya dejado de existir el peligro de la extrema derecha y de sus políticas reaccionarias. Como decía el filosofo, no se trata ni de reír (ahora) ni de llorar (antes), sino de comprender.
Comprender para sacar lecciones de cara a influir políticamente en la situación. Y la mayor lección que podemos sacar de esta secuencia es que la movilización masiva de la clase trabajadora y de la juventud sigue siendo la mejor herramienta para mover líneas y contrarrestar políticas antisociales e ideas reaccionarias. Hay que organizarse y movilizarse. Esperar pacientemente a que las instituciones y los gobiernos de turno aporten soluciones a nuestros problemas no sirve para cambiar nada. Lo hemos visto con la cuestión de Ceuta y lo llevamos sufriendo años con la inacción de los poderes públicos con respecto a la cuestión del acceso a la vivienda.
Si la clase trabajadora y la juventud no hubiesen irrumpido en la política mediante la movilización de masas, seguiríamos hoy hablando del supuesto “problema” de la inmigración mientras nos resignamos a ver como suben los alquileres y como desahucian a otras Maricarmenes. Sin embargo, lo que parecía imposible hace apenas unas semanas se ha convertido en realidad en sólo unos días. En primer lugar, logrando que un fondo buitre tenga que retroceder y devolver a Maricarmen su piso pagando un alquiler parecido al que venía abonando. Y en segundo lugar, consiguiendo trasladar el foco político y mediático de Ceuta a Sol o lo que es lo mismo del señalamiento de las personas migrantes mediante el discurso racista a la lucha por el derecho a una vivienda y al señalamiento, en este caso, de los rentistas.
La vivienda: un problema estructural que debe ligarse a la cuestión de los salarios
Por mucho que algunos traten de hacernos creer que los rentistas son caseros vulnerables detentores de una segunda vivienda fruto de los ahorros de toda una vida y que el problema está en los inquilinos sinvergüenzas que no pagan por la cara, la realidad es muy distinta. Alrededor de un 25% de los propietarios acumula cerca del 50% del total del parque inmobiliario. Eso significa que existe una alta concentración inmobiliaria en manos de una minoría representada por diferentes fondos de inversión y entidades bancarias que especulan con la vivienda disparando los precios. Según un informe, habría 13 caseros con más de 100 000 viviendas en alquiler de los cuales destacan Caixa Bank, siendo éste el mayor casero del Estado Español y de Andalucía con más de 22 000 pisos, Blackstone (fondo estadounidense) con más de 19 600 viviendas en alquiler (el mayor casero de Madrid), Cebre (8096 viviendas alquiladas), Cerberus (más de 7000 pisos), Banco Santánder (más de 5000) o Banco Sabadell (más de 3600).
Parece, por tanto, que el problema de la vivienda tiene más que ver con la acumulación de pisos en propiedad por parte de una minoría que busca especular y sacar beneficio de la necesidad de alojarse de la mayoría que de unos supuestos inquilinos caraduras que no pagan sus alquileres por capricho. De hecho, los datos son claros, en 15 años, el alquiler ha subido un 80% mientras los salarios lo han hecho un 30%. Los y las trabajadoras llevamos años perdiendo poder adquisitivo. Esto se resiente en todo. Cuando los precios de la energía, de los productos de primera necesidad o de la vivienda suben más rápido que los salarios, es imposible entonces llegar a fin de mes y en lugar de vivir, se malvive, compartiendo vivienda, buscando ayuda de familiares o duplicando puestos de trabajo precarios mientras unos pocos se enriquecen indecentemente invirtiendo en la vivienda (porque tienen medios para hacerlo) para especular con ella.
Los salarios deben aumentar al mismo nivel que el coste de la vida. Los alquileres deben bajar drásticamente y toparse en función de los salarios. Según un estudio de junio de 2026, el pago del alquiler ya consume el 50% de los salarios de los y las trabajadoras, el porcentaje más alto desde 2019. En cuanto a los fondos de inversión y a los bancos que especulan con nuestras vidas hay que expropiarlos. Quitarles esos inmuebles y ponerlos a disposición de los y las trabajadoras y la juventud bajo alquiler social. Debe privilegiarse el derecho a techo frente al derecho a la propiedad. No hay más.
El problema de la vivienda y de los salarios tiene un nombre: capitalismo
El gobierno de coalición lleva años diciéndonos que la economía estatal “va como un cohete”. Se centra para ello en una serie de datos macroeconómicos que no se corresponden sin embargo con el día a día de las condiciones materiales de los y las trabajadoras. Así, mientras se habla de un aumento del crecimiento, el umbral de la pobreza salta del 19,5% al 23,5%. Los salarios suben por debajo de la subida de los precios y de los alquileres y todo eso con el beneplácito de las direcciones sindicales de CCOO y UGT que llevan años firmando con la patronal, convenios que no recuperan el poder adquisitivo perdido durante todos estos años.
El movimiento por la vivienda está destapando las vergüenzas de un gobierno de coalición que, durante 8 años, no ha aportado soluciones a la problemática de la vivienda al igual que no lo ha hecho con la cuestión de los salarios que cuando suben, lo hacen siempre por debajo del coste de la vida. Esta movilización ha forzado ya al Consejo de Ministros a tener que aprobar unas medidas que incluyen la prohibición de los desahucios hasta 2030, la limitación de la subida de las rentas, la prohibición de la compra especulativa por los llamados “fondos buitres” por debajo del 70% de su valor (si bien no define qué son), la regulación del alquiler de temporada y de habitaciones, a la vez que se aprueban deducciones fiscales para los inquilinos y bonificaciones para los propietarios que bajen el alquiler. En cuanto a la medida de la renovación automática de los contratos de alquiler, ésta viene recogida en un segundo Decreto Ley que aún no ha sido publicado en BOE.
Estas medidas recogidas en dos decretos diferenciados pasarán a votación en el Congreso este viernes día 2 de octubre. Lejos queda la propuesta de SUMAR de expropiar el inmueble perteneciente al fondo buitre, Urbagestión, en el que se encontraba el piso de Maricarmen. Estas medidas, claramente insuficientes y que no responden al problema de fondo, han sido fruto de la presión. Por tanto, hay que seguir empujando para imponer medidas que se enfrenten verdaderamente a los intereses de los Caixa Bank, Blackstone, Banco Sántander y demás propietarios que especulan con nuestras vidas para acaparar cada vez más riquezas. El problema es sencillo, que nadie nos engañe. El problema es la lógica de un sistema capitalista que favorece legalmente la búsqueda del máximo beneficio en detrimento del derecho a vivir dignamente. Hay que acabar con esa lógica y expropiar a los responsables para poner los recursos a disposición de la mayoría social.
Pero eso no se logrará mediante los debates parlamentarios, habrá que arrancarlo mediante la movilización sostenida en el tiempo, extendiendo las manifestaciones y las acampadas en el conjunto del Estado y coordinando el movimiento a nivel estatal. Hay que exigir la convocatoria inmediata de una huelga general para que de una vez aumenten nuestros salarios y bajen los alquileres y para que todas las luchas que se están dando en la actualidad puedan confluir y converger. Las movilizaciones previstas para este fin de semana son un buen punto de partida.