POR UNA HUELGA GENERAL YA: PORTUGAL Y LA DERROTA DE LA REFORMA LABORAL

El pasado 19 de noviembre, el proyecto de Reforma laboral impulsado por el Gobierno portugués de Luís Montenegro (coalición conservadora entre el PSD y CDS-PPM) fue rechazado en el Asamblea de la República. Dos huelgas generales masivas explican esta derrota.

«Trabalho XXI»

    El proyecto de Reforma Laboral, que recibía el nombre de “Trabalho XXI”, introducía una serie de cambios en la legislación laboral lusa que profundizarían en la precarización del trabajo. Por poner algunos ejemplos: se aumentaba el tiempo de los contratos temporales (incluso a cinco años) y se eliminaba el límite en las renovaciones de los mismos; se proponía el “Banco de Horas”, por el cual la jornada laboral podía ascender a 50 horas semanales; se facilitaban despidos en pequeñas y medianas empresas mediante la simplificación de los procesos disciplinarios; se retiraba la capacidad de elección del convenio colectivo por parte de los trabajadores y se depositaba dicha capacidad en la patronal; se permitía la modificación de los convenios colectivos como consecuencia de dificultades económicas en las empresas; se limitaban las reuniones sindicales en los centro de trabajo, pudiendo ser realizadas únicamente fuera del horario; y se profundizaba en la obligatoriedad de los servicios mínimos en actividades consideradas “de necesidad social”.

    Es decir, entre otras cosas, esta reforma laboral iba dirigida a facilitar los despidos, acrecentar la “flexibilidad” (desregulando jornadas y horarios laborales, dificultando con ello la conciliación de la vida laboral y personal), aumentar la precariedad y limitar el derecho a la huelga, dando además mayor preponderancia a la patronal en las negociaciones. Se trataba de un proyecto en la línea de las reformas laborales de otros países que han permitido precarizar el trabajo y asegurar los beneficios de la empresa mediante jornadas más largas, un menor control horario y mayor capacidad de contratar y despedir, limitando de paso la capacidad de respuesta de los trabajadores y trabajadoras.

    Dos huelgas generales como respuesta: la lucha es el único camino

      La respuesta ante la propuesta de Reforma Laboral fue la movilización en la calle. El 11 de diciembre de 2025 se convocaba por parte de la CGT-IN y UGT la primera huelga general desde 2013, cuya participación se estimó en unos 3.000.000 de trabajadores/as, con manifestaciones masivas, paralización de múltiples servicios. La siguiente jornada de huelga se daría el pasado 3 de junio, una vez que el Gobierno aprobase el Proyecto y pasase a debate parlamentario. De nuevo, la huelga fue un éxito: transportes, sanidad, educación, tráfico aéreo…el país quedó paralizado.

      Tras las movilizaciones, el 19 de junio dicha reforma era rechaza en el parlamento portugués. Se ha señalado como el voto en contra por parte del partido de extrema derecha Chega ha sido clave. Sin embargo, esto no es cierto, y no nos referimos a la aritmética parlamentaria, sino a que Chega no tenía problemas con el espíritu de la misma y hasta negociaron in extremis. Sin embargo, lo que si es cierto es que nunca se hubiera tumbado esta Reforma Laboral sin las movilizaciones y las huelgas convocadas. La extrema derecha en esto no tiene nada que ver: ha sido la presión social la que ha acabado con la reforma, a través de asambleas, huelgas sectoriales, movilizaciones y dos huelgas generales.

      Hace falta seguir el camino de Portugal

        En estos momentos de contradicciones sociales, de empobrecimiento de los niveles de vida, de una implementación del gasto militar a costa de la inversión en servicios públicos…Portugal ha marcado el camino, ya que ha sido mediante los métodos de las y los trabajadores, es decir, mediante asambleas, movilizaciones y huelgas, como han acabado con una Reforma Laboral que pretendía hacer lo ya se ha hecho en otros países, incluido el Estado español tras las reformas de Zapatero, Rajoy y más recientemente, Yolanda Díaz.

        Al mirar a Portugal es imposible no preguntarse cuando se convocará una Huelga General aquí en el Estado español. Razones no faltan para ello, como demuestran las grandes movilizaciones sectoriales que ha habido últimamente en sectores como el metal, Sanidad o Educación. Como decíamos, el aumento del gasto militar, la inflación, el incremento de los alquileres, mientras los salarios no suben al mismo nivel, mientras la precarización es nota habitual en los centros de trabajo, imponen la necesidad de organizarse, movilizarse y luchar. Y en un periodo electoral como el que vivimos, es más importante aún recordarlo: no será en los parlamentos e instituciones donde se recuperarán los derechos perdidos o se conseguirán otros que es necesario ya poner sobre la mesa, para no andar siempre defendiéndonos. Será en la calle. Es necesaria ya una Huelga General por salarios dignos, por trabajos con horarios dignos y contra los presupuestos de la guerra.