Getafe: el pistoletazo de salida a la huelga
El pasado 1 de julio los y las trabajadoras de Airbus Getafe iniciaron una huelga que sigue a día de hoy y que ha alcanzado ya los otros 6 centros de Airbus en el Estado Español. La llama que prendió esta fuerte movilización fue la autoorganización de un sector de trabajadores de la empresa que vieron recortados, de manera unilateral, sus días de teletrabajo de dos días a uno. Sin embargo, la huelga indefinida actual y su masividad hay que enmarcarla en razones que van mucho más allá y que tienen que ver con un hartazgo que se ha ido fraguando durante años por parte de una plantilla que ha visto como todos los últimos convenios se han ido firmando a la baja por parte de una patronal que no deja de enriquecerse y de una burocracia sindical que solo busca la paz social.
El centro de Getafe es la planta de Airbus más grande del Estado Español. Cuenta con 9000 trabajadores de un total de 14000 en el conjunto del Estado. Sus reivindicaciones son claras. Más allá de la vuelta a los dos días de teletrabajo, exigen que sus salarios que se desligaron del IPC en el sexto convenio colectivo, vuelvan a estar ligados al coste de la vida. Han sido años de retrocesos que ahora quieren recuperar como por ejemplo la retirada del complemento IT, es decir el de las bajas de enfermedad común dónde antes cobraban la cobertura del 100% de los salarios, las ayudas a trabajadores en cuanto a becas, la retirada de las rutas de transporte colectivo para llegar al centro de trabajo en agosto, la amenaza con instaurar un comedor de pago cuando hasta ahora éste era gratis, y un largo etc…
Por otro lado, existe un proyecto, llamado Proyecto Bromo, que pretende disgregar una parte de la compañía. La parte de satélites de espacio. Se trataría de crear una nueva empresa europea junto con otras dos compañías (Thales y Leonardo) con el fin de montar un nuevo gigante espacial con toda la parte de satélites de Airbus que corresponde en exclusiva a la planta de Getafe. Si eso ocurre, no hay ninguna garantía, a día de hoy, de que los trabajadores mantengan sus condiciones de trabajo ni incluso sus puestos de trabajo.
Airbus: compañía privada con participación pública
La política de degradación de las condiciones de trabajo y de recortes salariales de estos últimos años avalados por las direcciones sindicales burocráticas van de la mano del indignante aumento de los beneficios de Airbus. Hablamos, en 2025, de unos beneficios netos que superaron los 5000 millones de euros, lo que supone un incremento de un 23% respecto a 2024.
Airbus es una empresa privada con participación pública. El Gobierno de Sánchez ha firmado desde 2018, en el ámbito de defensa, contratos por más de 23 000 millones de euros. La política de rearme de la UE y del Estado Español han beneficiado el incremento de contratos públicos a la compañía. El Gobierno PSOE-SUMAR tiene por tanto una responsabilidad en este conflicto. Debe presionar a Airbus para negociar con los trabajadores en huelga y para que satisfaga sus demandas.
Los trabajadores llevan acumulando desde hace 4 años una pérdida del poder adquisitivo del 9% con subidas salariales por debajo del IPC mientras Airbus lleva casi 20 años batiendo récord de beneficios año tras año. Para 2026 y 2027, la empresa proponía un incremento salarial del 3 y del 2% respectivamente.
La huelga no decae
la huelga empezó con la convocatoria del sindicato SIPA (Sindicato Independiente de Profesionales Aeronáuticos). El éxito de la convocatoria hizo que se fueran sumando CGT y UGT. CCOO es el sindicato con mayor representación en el Comité Interempresas en Airbus del Estado Español con 5 representantes. Le sigue SIPA con tres, ATP y CGT con dos y por último UGT con uno.
El último convenio (el VII Convenio colectivo de Airbus España) fue firmado por CCOO y ATP en 2024. Por este motivo, CCOO se ha posicionado desde el principio en contra de esta huelga. Sin embargo, la masividad de la huelga que está implicando tanto al personal de talleres como al de oficina y que ha logrado hasta un 95% de seguimiento ha hecho que CCOO tenga que sumarse a la movilización tarde y a regañadientes.
El pasado 16 de julio, los trabajadores hicieron una demostración de fuerza histórica. La manifestación en Getafe congregó a más de 7000 trabajadores en lo que se recuerda como una jornada de movilización comparable a las que vivió la aeronáutica en los años 80. La determinación sigue intacta a pesar del intento de desmovilización de CCOO materializado en un supuesto preacuerdo con la empresa que no respondía a las demandas de los huelguistas. CCOO trató de llevar el preacuerdo a un referéndum organizado por la empresa dentro de las diferentes factorías reventando de ese modo las asambleas de trabajadores en huelga. Sin embargo, los huelguistas no han aceptado ese procedimiento y han votado en sus asambleas en contra del preacuerdo y a favor de seguir con la huelga hasta el 31 de julio en todas los centros de Airbus del Estado Español.
CCOO va a seguir intentando arrebatar el poder de decisión de los trabajadores llevando la negociación en la Mesa Negociadora del Convenio. Solo necesitan el apoyo de otro sindicato para poder cerrar un acuerdo que pudiera ser de aplicación general para toda la plantilla. A día de hoy eso aún no ha sucedido y los trabajadores se están organizando para ser dueños de su propia huelga.
Un septiembre con muchas perspectivas
Los trabajadores de Airbus lo tienen claro. Si la empresa no entra en razón y no ceden a sus demandas, partirán en huelga indefinida a partir del 7 de septiembre. Las movilizaciones, el seguimiento, los piquetes y las asambleas están siendo muy masivas. Mientras los trabajadores sigan fortaleciendo sus marcos de autoorgaización donde poder decidir el futuro de su lucha, la burocracia sindical lo tendrá cada vez más díficil.
Este varapalo vivido por la dirección de CCOO no es nuevo. Son varios los ejemplos recientes que muestran como los y las trabajadores acaban hartándose de un sindicalismo que traiciona sus intereses a cambio de migajas. La política propugnada por estos dirigentes sindicales de paz social está cada vez más alejado de un sector de trabajadores y trabajadoras combativas que no quieren verse arrebatado su lucha. La huelga del metal en Cádiz del verano pasado o lass huelgas educativas masivas en Catalunya y en el País Valencià en la que los y las huelguistas han votado en numerosas ocasiones en asambleas en contra de los preacuerdos propuestos por sus direcciones sindicales muestran que hay mucho margen para organizar un sindicalismo combativo y democrático que desborde a las direcciones de CCOO y UGT.
A la vuelta del verano hay unas perspectivas de lucha importantes. A las huelgas educativas de Catalunya, País Valencià, Madrid o Andalucía se le suma ahora una posible huelga indefinida en Airbus España. Habrá que empujar para que esas luchas alcancen victorias, puedan entrar en contacto y hacer que los y las trabajadoras tomemos confianza en nuestras propias fuerzas para mejorar nuestras condiciones de vida y aumentar nuestros salarios. Desde luego, esa es la única perspectiva con futuro.