MOVILIZARSE CONTRA SUS GUERRAS PARA QUE NO PAGUEMOS NI UNA CRISIS MÁS

Sus guerras, nuestra crisis

Los ataques de EEUU e Israel a Irán, además de un paso más en las tensiones interimperialistas, están impactando en los bolsillos de trabajadoras/es de toda Europa. El encarecimiento del petróleo, con precios por barril que superan ya los 100 dólares (algo que no se veía desde 2022), y las dificultades en el suministro energético, suponen un aumento en la cadena de precios que se está notando ya nuestro día a día.

En Europa, los precios se han incrementado un 0,6% en marzo, con una previsión de que la inflación media este año ascienda al 2,6%, como consecuencia del aumento del valor de la energía entre febrero (-3,1%) y marzo (4,9%) debido al bloqueo del Estrecho de Ormuz. En el Estado español, los niveles de inflación han ascendido de un 2,3% antes del conflicto a un 3,3%. De hecho, las previsiones apuntan a que podría mantenerse por encima del 3% durante buena parte del año, e incluso llegar a un 4%.

El problema no solo radica en el precio de la energía, sino en como esto repercute en el conjunto de sectores económicos y en el consumo final. Ya se está viendo en sectores como el transporte (el gasóleo llegó a tener un coste medio de 1,9 euros y la gasolina 1,8 euros en el momento más álgido, el pasado 21 de marzo) o la alimentación, donde se están registrando subidas de hasta un 40% en el combustible agrícola y entre un 20 y un 30% en fertilizantes. De hecho, el coste de la cesta de la compra se incrementó en un 1,53% en las primeras semanas de marzo, con subidas en productos tan básicos como las verduras, cuyo precio medio ha ascendido en un 5,8% con respecto a febrero.

Así, si los precios ya iban por delante de los salarios, la pérdida de poder adquisitivo se está profundizando tras la guerra en Irán. Y no solo eso. Ya llevamos costeando estos conflictos bélicos un tiempo, con un aumento del gasto militar de un 107% entre 2014 y 2024 (pasándose de 9.500 a 19.700 millones). Es decir, la guerra, de la que se benefician unos pocos, se traduce en inflación y precariedad para millones de trabajadoras/es en todo el mundo. Son sus guerras, pero las sufre, las libra y las paga nuestra clase.

Unas medidas insuficientes

El Gobierno PSOE-SUMAR ha respondido con la aprobación de una serie de medidas en diferentes campos, con un coste de unos 5.000 millones de euros (en impuestos que no se recibirán) dirigidas a amortiguar el impacto del encarecimiento energético, como la rebaja fiscal a los carburantes y la reducción del IVA (de un 21 a un 10%), la suspensión del impuesto del 7% a las empresas que generan electricidad, una ayuda directa en 20 céntimos por litro a transportistas, ganaderos agricultores y pescadores, la puesta en marcha de bonos sociales y la incorporación de medidas laborales, entre otras.

La mayoría de estas medidas son similares a las ya adoptadas en 2022, cuando la inflación llegó a alcanzar casi un 10%: ayudas generalizadas, rebajas fiscales y subvenciones al consumo. Es decir, no son más que el intento de socializar las pérdidas. Incluso la “prohibición de los despidos” o las medidas dirigidas a la vivienda tienen letra pequeña: en el primer caso, se obvia el problema de la temporalidad o los contratos de prueba. En el segundo, se limita la actualización anual de los alquileres a un 2%, sin que exista una rebaja de los precios ya altos. Una más vez, son políticas que se presentan como medidas sociales (¿quién va a ver mal que le rebaje el IVA, se le subvencione el consumo o se limite la subida de alquiler?) pero lo único que buscan es asegurar los márgenes y beneficios empresariales sin enfrentarse a la raíz del problema: que la energía, la vivienda, y otros sectores estratégicos, sean un negocio en manos privadas y que, por tanto, se basen la lógica de la búsqueda de beneficio.

La movilización es el camino

En un sistema que socializa las pérdidas y privatiza los beneficios, mientras las guerras responden a los intereses económicos y estratégicos de las clases dominantes, sus costes recaen sobre los trabajadores/as. Muertes, inflación, precariedad y aumento del coste de la vida, esas son algunas de las consecuencias a las que nos vemos abocados.

Las medidas que se están adoptando por parte del gobierno PSOE-SUMAR (ya convalidadas en el Parlamento) no son solo insuficientes, sino que van dirigidas a amortiguar el aumento de los precios asegurando los márgenes empresariales. Es decir, que tiene una lógica de clase (la de la clase dominante), optándose por parches en vez de ir a la raíz del problema: no se trata de subvencionar el consumo, sino de acabar con la lógica del mercado. Ni la energía, ni la alimentación, ni la vivienda deberían ser sectores donde predomine la búsqueda del beneficio porque no deberían ser mercancías, sino que tendrían que estar al servicio de las necesidades sociales. Y por tanto no deberían estar en manos privadas.

Pero esto no se cambiará por parte de ningún gobierno, como se ha demostrado. Solamente mediante la movilización es como se podrá transformar la situación y hacer que esta vez sea la burguesía la que pague su propia factura y no recaigan sobre nuestra clase estos platos ratos. Ya está habiendo ejemplos, como la manifestación que hubo en Madrid el pasado 21 de marzo. Porque enfrentarse a la guerra hoy, es enfrentarse a la subida de precios y al empeoramiento de nuestras condiciones de vida. Evitemos que sus guerras sean de nuevo nuestra crisis.