El pasado 31 de enero se manifestaron más de 10.000 personas –la mayoría jóvenes–en Euskal Herria contra el fascismo y el autoritarismo de los estados, en dos manifestaciones (Bilbo e Iruñea) convocadas por Gazte Koordinadora Sozialista (GKS), demostrando que la juventud está dispuesta a hacer frente a la ola reaccionaria que avanza a nivel internacional.
Frente al auge y estabilización de la extrema derecha en todo el mundo, la capacidad de movilización de cada una de las convocatorias del Movimiento Socialista (MS) supone un avance cuantitativo y cualitativo en el compromiso de combatir el fascismo en la calle, la única manera posible de hacerlo.
Organización y actividad militante
La importante afluencia de estas manifestaciones ha despertado esperanza por un lado, al ver a miles de jóvenes movilizados, pese al discurso de la derechización de la juventud, conscientes de la necesidad de organizarse y de las tareas urgentes que tenemos por delante, y bajo la bandera roja y las consignas comunistas, lo que es un éxito del trabajo militante del MS. Desde la presentación de la convocatoria en diciembre, GKS destacó que su objetivo era «construir un muro de contención ante el fascismo y el giro autoritario de los estados» y, como publican en su editorial de Gedar (su órgano de comunicación): “GKS está abordando una dinámica de trabajo adecuada entre la juventud. Un uso adecuado de las redes sociales, una campaña de agitación de calle muy grande y, sobre todo, un trabajo ideológico de tú a tú han hecho que miles de jóvenes acudan a las movilizaciones; y lo que es más importante, que hagan suyas tanto tesis comunistas como antifascistas”, “Hay mucho camino por recorrer, pero el potencial es enorme”. Y es que cada uno de estos pasos, como igual lo fue la multitudinaria manifestación del año pasado “en contra de la guerra y el fascismo”, suponen un verdadero avance en la elevación de la conciencia de clase al calor de las luchas; y por otro lado, están presentes los intentos de desprestigiar este logro del MS, especialmente por parte del nacionalismo reformista vasco, que ha tratado de desmovilizar y desacreditar esta convocatoria con una política sectaria de acoso y derribo que busca distorsionar el objetivo de las manifestaciones. Más próximos a la campaña de criminalización contra GKS de estos meses por medios como Antena 3, Telemadrid o El Mundo, que al antifascismo vasco que dicen representar, pero dentro del cual difícilmente podrán seguir siendo referentes y teniendo un peso si las posiciones antifascistas siguen avanzando hacia una crítica política más profunda, es decir, una que destapa las causas capitalistas del auge de la extrema derecha y de las cuales los partidos reformistas forman parte al pactar con la burguesía vasca y sus representantes políticos.
Organizar conjuntamente la defensa
Estos días se retoma el discurso manido de «la unidad de la izquierda» después de la propuesta de Rufián para una confluencia de izquierdas haciendo alarde del malmenorismo y de hasta partes de la agenda conservadora, con el único propósito de competirle electoralmente a Vox. Pero la realidad es que, en casi ocho años de gobierno progresista, las condiciones de vida de la clase trabajadora no han hecho más que empeorar y, lejos de frenar a la extrema derecha, ésta no ha hecho más que crecer en las instituciones y en la calle.
La realidad es incontestable, y es que esta tendencia a nivel internacional solo se está consiguiendo frenar mediante la movilización de la clase trabajadora, como en las recientes manifestaciones masivas de Minneapolis contra el ICE, de Londres por PaIestina o de Turín contra la represión. Y en ese sentido apunta el discurso de clausura de la manifestación de GKS: «Para hacer frente a la reforma autoritaria y militarista de los estados, debemos crear un gran frente de los trabajadores formado por los colectivos de la clase trabajadora y los movimientos populares, tanto en Euskal Herria como a nivel internacional». Hacia ese debate, y en base a las lecciones estratégicas sobre los grandes procesos históricos que ha protagonizado nuestra clase, es necesario continuar para hacer avanzar la organización comunista a nivel internacional, que solo surgirá al calor de la lucha conjunta y el desarrollo de la conciencia socialista de nuestra clase mediante la lucha de clases. Para ello, el MS tiene una responsabilidad política de envergadura: proponer al conjunto de la izquierda comunista y revolucionaria del Estado Español un marco unitario de debate para la movilización. Desde IZAR apostamos decididamente por esa vía que permita desarrollar una intervención común de los y las comunistas revolucionarias en la lucha de clases.
Es urgente conformar bloques de lucha en todos los territorios contra la represión y las políticas militaristas de nuestros gobiernos, así como para coordinar e impulsar las luchas de la juventud y la clase trabajadora. Una unidad de acción con independencia de clase y que impulse la autoorganización en los centros de estudio y trabajo y hasta articule la autodefensa, es la única línea que nos permitirá concentrar fuerzas en torno a la ruptura programática con el reformismo. Si las organizaciones revolucionarias no tomamos conciencia de la situación e intervenimos rápidamente en el debate para golpear conjuntamente, la amenaza de la extrema derecha sí que se hará cada vez más palpable para toda nuestra clase. En ese sentido, solo podemos confiar en la capacidad de lucha de la clase trabajadora y la juventud, tanto para combatir al fascismo y todos los desafíos del presente y del futuro, como para construir una sociedad sin clases.