Las recientes declaraciones de Donald Trump amenazando con medidas drásticas contra Venezuela, como la que ya ha tomado cerrando el espacio aéreo del país o alentando al Presidente a huir al extranjero antes de una semana, muestran hasta que punto, el Gobierno ultrareaccionario de Trump está recuperando, sin pudor, el principio rector de la Doctrina Monroe —“América para los americanos” entendida como América bajo control de Washington— son parte de una estrategia de reposicionamiento agresivo del imperialismo estadounidense en su patio trasero, centrada en la Faja Petrolífera del Orinoco, que además de ser rica en minerales como el coltán, el oro y la bauxita, supone la mayor reservas de crudo pesado del planeta. La OPEP estima que solo en la cuenca del Orinoco se produjeron más de 300.000 barriles diarios en 2023. La Casa Blanca ve en la creciente relación entre Venezuela y China un desafío directo a sus intereses. Según datos del Ministerio de Petróleo de Venezuela, cerca del 70% de las exportaciones de crudo venezolano en 2023 fueron hacia China. Para Washington, permitir que estos recursos estratégicos queden bajo acceso prioritario de su principal competidor global es inaceptable, más si cabe, en un contexto de crisis sistémica. Una vez más, la “lucha contra el narcotráfico” o “la defensa de la democracia” no son más que hipócritas eslóganes vacíos.
El narcotráfico como excusa
En su nueva ofensiva, Trump ha vuelto a utilizar un libreto clásico: acusar al gobierno de Nicolás Maduro de estar vinculado al narcotráfico, presentando esa supuesta “criminalidad” como justificación para endurecer sanciones, aislar diplomáticamente y preparar una intervención militar. La DEA y el Departamento de Justicia de EE.UU. han emitido acusaciones contra altos funcionarios venezolanos, agitando el fantasma de un “Narco-Estado fallido”. Estrategia que ya utilizaron con el Plan Colombia generando millones de desplazados por la violencia indiscriminada y estableciendo sus bases militares para intervenir en Panamá, Honduras o Guatemala. Pero el caso más emblemático es el de Ronald Reagan financiando la Contra nicaragüense a través de operaciones vinculadas al tráfico de cocaína, tal como documentó el periodista Gary Webb y confirmó el propio Comité Kerry del Senado estadounidense en 1989.
Antiimperialismo de cartulina
Frente a la revitalización del viejo imperialismo estadounidense y el ascendente imperialismo oportunista de China y Rusia en la región. Maduro, lleva más de una década sosteniéndose sobre un apoyo popular heredado y en indiscutible retroceso, gracias al desarme político y organizativo del pueblo, resultado de años de cooptación y burocratización, para vender las enormes riquezas del pueblo de Venezuela al mejor postor, incrementando aún más la manida lógica extractivista, mediante concesiones al gran capital internacional, facilitando zonas económicas especiales, exenciones fiscales y contratos ventajosos para inversionistas, como confirma la CEPAL en sus informes regionales. Maduro es incapaz de ofrecer una salida de fondo a la crisis social que aqueja a millones de trabajadores y trabajadoras venezolanas: salarios pulverizados por la inflación, servicios públicos colapsados, migración forzada y represión contra la protesta obrera. Cada vez son menos quienes le compran su discurso antiimperialista y su permanencia en el Gobierno solo se explica desde las redes clientelares que se vienen forjando desde el inicio del chavismo y del rechazo social mayoritario a la derecha pro-estadounidense, hoy liderada por la galardonada con el dantesco Nobel de la Paz, María Corina Machado.
La pugna entre bloques del capital internacional por el control de recursos estratégicos
Pero si la clase trabajadora y la juventud venezolana no debe depositar ninguna esperanza en el corrupto Gobierno de Maduro, tampoco tienen nada que esperar de China o Rusia, miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, que yan han dejado claro que el Derecho Internacional está supeditado a sus intereses directos, al no oponerse a las criminales resoluciones contra los pueblos palestino y saharaui.
Un movimiento de solidaridad internacional con la clase trabajadora y la juventud venezolana
Ante las amenazas de Trump, la respuesta debe ser la movilización internacional de la clase trabajadora, coordinando campañas de solidaridad activa y denuncia en sindicatos y organizaciones de base desde América Latina hasta Europa y Estados Unidos. El petróleo y los minerales de Venezuela no deben ser botín ni de Washington ni de Beijing. La verdadera independencia solo puede alcanzarse rompiendo con todas las cadenas del capital, y eso implica confiar plenamente en la organización revolucionaria del pueblo trabajador venezolano y sus aliados en todo el mundo. La historia demuestra que solo la movilización masiva de las y los explotados puede frenar y derrotar al imperialismo. La tarea inmediata es levantar una campaña internacional de solidaridad activa que una a sindicatos, organizaciones de base y movimientos juveniles desde México hasta Argentina, pasando por los centros obreros y estudiantiles de Europa y Estados Unidos.