A 50 AÑOS DE LA CORONACIÓN DEL HEREDERO DE FRANCO, JUAN CARLOS I

Reproducimos este artículo escrito por el historiador marxista Antonio Liz. Para conocer más sobre su trabajo, os dejamos este enlace a su blog.

El 22 de noviembre de 1975 el hijo mayor del heredero de Alfonso XIII es coronado rey por las Cortes franquistas con el nombre de Juan Carlos I. El hasta ahora Príncipe de España jura por segunda vez fidelidad a las Leyes Fundamentales y a los Principios del Movimiento en las Cortes franquistas:

La pregunta era diáfana: -“¿Juráis por Dios y sobre los Santos Evangelios cumplir y hacer cumplir las Leyes Fundamentales del Reino y guardar lealtad a los Principios que informan el Movimiento Nacional?”1.

La respuesta también fue clara: -“Juro por Dios y sobre los Santos Evangelios cumplir y hacer cumplir las Leyes Fundamentales del Reino y guardar lealtad a los Principios que informan el Movimiento Nacional”.

En su discurso a las Cortes franquistas el recién coronado monarca hará un rotundo y claro canto fúnebre a Franco al decir que “una figura excepcional entra en la Historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito (…). España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda la existencia a su servicio”. El día 23 el ya rey Juan Carlos I presidirá el funeral de Franco en el Valle de los Caídos.

Franco había muerto el día 20 y en su testamento pidiera a los suyos “que rodeéis al futuro Rey de España, Don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado”. A su heredero le había hecho personalmente una petición, “Alteza, lo único que os pido es que mantenga la unidad de España”.

La relación entre Franco y Juan Carlos venía de lejos, concretamente desde el 24 de noviembre de 1948, cuando Franco le recibe en El Pardo. A “Juanito”, como le llamaba su padre Juan de Borbón, le había mandado papá con tan solo 10 años a la España de Franco. La intención de Juan de Borbón, también conocido como Don Juan o Conde de Barcelona, era ganar puntos ante el Caudillo para que este en su día le nombrase rey, ya que era el heredero del fallecido Alfonso XIII. Franco, prácticamente desde el principio, no veía tal posibilidad. Por el contrario, la relación que se dará entre su “alteza” (Franco se dirigirá siempre de esta manera a Juan Carlos) y “mi general” (así le llamará siempre Juan Carlos a Franco) se transformará en una relación política que no había sido prevista por Juan de Borbón.

Don Juan se reunirá con Franco por segunda vez el 24 de diciembre de 1954. En esta reunión el padre de “Juanito” aceptó que su hijo siguiera la educación que estimó adecuada el Generalísimo, por lo que entrará en la Academia Militar de Zaragoza a los 17 años. Juan de Borbón todavía tenía la esperanza que en su día Franco le nombrase rey pero el Caudillo lo tenía ya completamente descartado pero como sí quería, a ser posible, que su sucesor fuera de la línea dinástica de Alfonso XIII, pensaba en el joven Juan Carlos.

Esta decisión, que Franco ya le habría trasladado al propio padre de “Juanito”, no impidió que Juan de Borbón siguiera lisonjeando a Franco. Este proceder laudatorio venía de lejos, al terminar la Guerra Civil ya le enviara una rotunda felicitación al Caudillo en un telegrama del 1 de abril de 1939: “Generalísimo Franco. Uno mi voz nuevamente a la de tantos españoles para felicitar, entusiasta y emocionadamente, a V.E. por la liberación capital de España. La sangre generosa derramada por su mejor juventud será prenda segura del glorioso porvenir de España. Una, Grande y Libre. ¡Arriba España!”.

Que su “alteza” le generaba confianza política a Franco era una evidencia desde hacía tiempo, y el 3 de marzo de 1962 el propio Franco le dirá a Juan Carlos, “Yo os aseguro, Alteza, que tenéis muchas más probabilidades de ser rey de España que vuestro padre”. Al poco Juan Carlos se casaba con la princesa Sofía, hija de los reyes griegos Pablo y Federica. El matrimonio se dio en Atenas por el rito ortodoxo y por el rito católico. Franco como regalo de boda le dio a Sofía un gran broche de diamantes.

En la boda Juan Carlos le hizo un guiño político a Franco porque se vistió con el uniforme de teniente del ejército español y lució el Gran Collar de la Orden de Carlos III que le había concedido el Caudillo, al mismo tiempo que Sofía portaba las joyas regaladas por Franco. Todo indicaba que Juan Carlos tenía decidido sí o sí ser el heredero de Franco. No obstante, esta aceptación quisieron revertirla los consejeros de su padre Juan de Borbón ya que le piden que no vuelva a España a lo que Juan Carlos contestó de manera clara: “la Monarquía sólo volverá de la mano de Franco” y “si yo me voy”, prosigue, “candidatos no van a faltar” . Por lo tanto, “la Monarquía que llegue de la mano de Franco será la única monarquía que llegue. Y sé bien lo que digo. Demasiado lo sé… Por eso estoy donde estoy”.

Juan Carlos interpretaba adecuadamente el proceder de Franco ya que este le dijo a su primo Salgado-Araujo que si bien “el heredero de la Corona, una vez descartado el príncipe Don Juan de Borbón, es su hijo Don Juan Carlos”, ahora bien, “quedan otros príncipes, como el infante Don Alfonso de Borbón Dampierre, que es culto y patriota, y que podría ser una solución si no se arregla lo de Don Juan Carlos”. Pero como Juan Carlos había hecho la lectura adecuada para sus intereses, antes de la boda fue a visitar a Franco en su residencia madrileña de El Pardo. En esta ocasión Sofía vio por primera vez personalmente a Franco y el Caudillo le pareció “un hombre sencillo, con ganas de agradar y muy tímido”. El propio Franco dirá a su primo Salgado-Araujo que “la princesa habla bastante bien el español y se está dedicando a estudiarlo intensamente. Es muy agradable y parece inteligente y culta”.

En la línea de los intereses mutuos Franco-Juan Carlos, el Generalísimo dará una muestra pública de que Juan Carlos es su candidato a heredero. Sucedió el domingo 24 de mayo de 1964 en el Desfile de la Victoria en el madrileño Paseo de la Castellana. Fue denominado “el desfile de los XXV años de paz”. Juan Carlos acompañó a Franco en la tribuna principal y Sofía acompañó a Carmen Polo en la tribuna de enfrente. Se podría decir que las cartas estaban echadas.

Franco, antes de dar el paso oficial de nombrar a Juan Carlos como heredero, consolidó su “democracia orgánica”, por lo que el 22 de noviembre de 1966 las Cortes franquistas aprueban por aclamación la Ley Orgánica del Estado. El 14 de diciembre se aprobó en referéndum tras una fuerte campaña en TVE, en la radio y en la prensa. ABC dirá que se trataba de “una fecha decisiva”. Fraga Iribarne, en ese momento ministro de Información y Turismo, dijo que “Votar sí es votar Franco”. El propio Franco planteó el referéndum a través de TVE y de RNE como un apoyo directo a su propia persona: “llevo treinta años ocupando la nave del Estado, liberando a la Nación de los temporales del mundo actual; pero, pese a todo aquí permanezco, al pie del cañón, con el mismo espíritu de servicio de mis años mozos, empleando lo que me queda de vida útil en vuestro servicio. ¿Es mucho exigir el que yo os pida, a mi vez, vuestro respaldo a las leyes que en vuestro exclusivo beneficio y en el de la Nación van a someterse a referéndum?”. En TVE también salieron famosos pidiendo el “sí” como fue el caso de los archiconocidos Lola Flores, el Cordobés y Di Stefano. Según los datos oficiales, en el referéndum participó el 88,19% del censo y de estos votaron a favor el 95,86%.

La Ley Orgánica era la culminación de la institucionalización de la “democracia orgánica” franquista ya que venía “a perfeccionar y encuadrar en un armónico sistema las instituciones del Régimen”. El peloteo del padre de Juan Carlos no se hizo esperar ya que le envió una carta a Franco en la que le decía que “al ser promulgada la Ley Orgánica del Estado, no quiero que falte mi personal y muy sincera felicitación a V.E. por cuanto creo que vale y pesa el significativo “Sí” de los españoles (…). Ese “Sí” tan unánime es un voto de gratitud y confianza, concretamente dirigido a la persona de V.E. como artífice de una gran obra de paz y progreso (…). Por eso no quiero que en ese clamor general falte mi voz, que se añade a la de tantos españoles (…). España ha vuelto a ser en vuestras manos fiel a su ser histórico (…). Crea, mi General, en la sinceridad de cuanto le digo, y sabe soy siempre su afmo. amigo”.

El año 1969 verá como Juan Carlos es nombrado oficialmente heredero de Franco. De entrada, el 7 de enero Juan Carlos dice en una entrevista a la agencia EFE que está dispuesto a hacer “sacrificios”, lo que equivalía decir para los entendidos que Juan Carlos estaba dispuesto a pasar por encima de su padre, que era el heredero de Alfonso XIII, para ser nombrado heredero de Franco. El Caudillo no pierde la oportunidad de estimular a su futuro heredero, el 15 de enero le dice “tenga mucha tranquilidad, Alteza. No se deje atraer ahora por nada. Todo está hecho”. Franco no tardó en concretar la cuestión, el día 12 de julio cita a Juan Carlos en El Pardo y le dice “el próximo 22 de julio voy a nombraros mi sucesor a título de Rey”. Y, acto seguido, le pregunta, “¿qué decidís, Alteza?”. La respuesta de Juan Carlos fue rápida y clara, “de acuerdo mi general, acepto”. Franco le envía una carta al Conde de Barcelona en la que le comunica “la decisión de proponer a las Cortes mi sucesor en la Jefatura del Estado, en favor de vuestro hijo D. Juan Carlos”. Al mismo tiempo, Franco le aclara Don Juan la sumisión política de esta aceptación: “Yo desearía comprendierais, no se trata de una restauración, sino de la instauración de la Monarquía como coronación del proceso político del Régimen, que exige la identificación más completa con el mismo”.

El día 21 de julio Franco le comunica al Consejo de Ministros que va a nombrar a Juan Carlos como sucesor. Al día siguiente las Cortes franquistas designan a Juan Carlos como sucesor de Franco por 491 votos a favor, 19 en contra y 9 abstenciones. El periódico monárquico ABC dirá el día 23 que “S.A.R. Don Juan Carlos de Borbón fue ayer proclamado Príncipe de España y Sucesor, a título de Rey, en la Jefatura del Estado”. El propio Franco explicó la razón por la que había escogido a Juan Carlos como heredero, porque “el Príncipe Don Juan Carlos de Borbón y Borbón (…) ha dado muestras de lealtad a los principios e instituciones del Régimen”.

Ya solo quedaba la jura del Príncipe de España. El día 23 de julio Juan Carlos jura primero ante Franco y después en las Cortes franquistas: “Sí, juro lealtad al Jefe del Estado y a los Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales del Reino”. Juan Carlos era absolutamente consciente de lo que juraba como lo demuestra su discurso ante las Cortes franquistas: “Mi General, señores ministros, señores procuradores: Plenamente consciente de la responsabilidad que asumo, acabo de jurar como sucesor, a título de Rey, lealtad a su Excelencia el Jefe del Estado y fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional y Leyes Fundamentales del Reino. Quiero expresar, en primer lugar, que recibo de su Excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo Franco la legitimidad política surgida de Julio de 1936”. Que el discurso de Juan Carlos era una declaración abierta, sin tapujos, de Franco y de su legado lo demuestra que “catorce veces fue interrumpido el discurso de su Alteza Real por los procuradores, que le aplaudieron con entusiasmo y puestos en pie”, como informaba el diario monárquico ABC. Por lo tanto, de manera consciente Juan Carlos se convertía en el heredero político de Franco ya que aprobaba la dinámica franquista desde el golpe de estado de julio de 1936 a la actualidad, es decir, asumía políticamente el propio golpe de estado, los asesinatos, las violaciones, las torturas, los campos de concentración, los campos de trabajo, la subordinación de las mujeres a los hombres, la ilegalización de los partidos y sindicatos de la clase trabajadora… Así, Juan Carlos asumía todo el legado del mayor asesino de masas de la Historia Contemporánea de España y lo hacía con el único objetivo de ser nombrado rey a la muerte de Franco. La Corona valía más para Juan Carlos que las miles de víctimas y la represión continuada del régimen franquista. No cabe duda que Carrero Blanco, el alter ego de Franco, tenía toda la razón cuando decía que “hemos tenido mucha suerte con este chico, porque ha salido católico, patriota, y con una lealtad hacia el Caudillo fuera de toda duda”.

Esta lealtad personal de Juan Carlos a Franco la mantuvo el Príncipe de España hasta la muerte del Caudillo. El 27 de septiembre de 1975 dos miembros de ETA y tres del FRAP son ejecutados, a pesar de la petición de indulto por parte de gobiernos del mundo occidental y del propio papa Pablo VI. Todo en vano, Franco quería morir matando. Las protestas en Europa fueron masivas y en Lisboa la multitud indignada llegó a incendiar la embajada española. La maquinaria del Estado franquista se puso en movimiento y convocó una concentración franquista enfrente del madrileño Palacio de Oriente el 1 de octubre de 1975. Franco habló a los suyos por última vez en público desde el balcón del Palacio Real y allí estaba acompañándole Juan Carlos, su heredero.

La lealtad de Juan Carlos a Franco la mantuvo el Príncipe de España también desde que fue nombrado rey. Dos muestras lo documentan. Juan Carlos I nada más ser coronado tranquilizó a la viuda del Caudillo, Carmen Polo, de manera clara al decirle ya “que estoy a la cabeza del Estado: impediré que se haga un memorial de agravios contra ustedes y contra cualquier persona del régimen (…). Van a estar tan seguros como lo han estado siempre”. Este sentir era compartido por la ya reina Sofía que dirá que “mi marido y yo nos propusimos con los Franco las máximas atenciones, darles todas las facilidades del mundo que estuvieran en nuestra mano”. Y no solo protegieron a Carmen Polo y a los suyos sino que Juan Carlos I por un decreto-ley del 26 de noviembre de 1975 “se concede la Merced Nobiliaria del Señorío de Meirás, con Grandeza de España, a doña Carmen Polo de Franco. Queriendo dar una muestra de mi Real aprecio y testimoniar los sentimientos de afecto y admiración a la egregia figura de doña Carmen Polo de Franco, de singular relieve en una gloriosa etapa histórica de nuestra Patria”. Así, a partir de ahora, Carmen Polo pertenecía a la alta nobleza, a los “Grandes de España”, a lo más granado de la aristocracia, cuya cúspide era el propio rey Juan Carlos I.

La segunda muestra documental es el decreto del 5 de diciembre de 1975 “por el que se dispone que figure a la cabeza de los escalones de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, con carácter perpetuo, el excelentísimo señor don Francisco Franco Bahamonde, Generalísimo y Capitán General de los Ejércitos, Caudillo de España. Francisco Franco, Jefe del Estado español, Caudillo de España y Generalísimo de sus Ejércitos fue a lo largo de su esforzada vida acendrado exponente de todas las virtudes militares en su más alto grado. Por el elevado valor ejemplarizador de su limpia conducta, por cuanto ésta deba tener de ejemplo permanente para todos los miembros de las Fuerzas Armadas en la firme voluntad de prestar un homenaje eficaz y permanente a la memoria de Franco (…). DISPONGO. Artículo único. En todos los escalafones de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire figurará en cabeza en lo sucesivo y a perpetuidad, el excelentísimo señor don Francisco Franco Bahamonde, Generalísimo y Capitán General de los Ejércitos, seguido de la frase “Caudillo de España”. Así lo dispongo por el presente Decreto”. El propio Juan Carlos I argumentará este proceder: “Es de bien nacidos ser agradecidos. Y yo a Franco tengo mucho que agradecerle: si no fuese por él, no estaría donde estoy”.

La Historia nos informa que Juan Carlos I fue el heredero de Franco y que, por lo tanto, su hijo Felipe VI, hoy el Jefe del Estado de la actual “monarquía parlamentaria”, es el heredero del heredero de Franco. Por lo tanto, la legitimidad democrática del padre y del hijo, de Juan Carlos I y de Felipe VI, es igual a cero. Todo esto es una evidencia histórica por mucho que se quiera maquillar.

Madrid, 1, noviembre, 2025.

1 Todas las citas de este artículo están sacadas de dos de mis propios libros: “El golpista y su heredero. Franco y Juan Carlos, 1936-75”. Editorial Cangrejo Rojo (2023) y “El heredero del golpista y sus aliados. La Transición española, 1975-86. Editorial Cangrejo Rojo (2025).