Menos de 2 años después de las elecciones en que Nueva Democracia obtuvo un 41%, porcentaje que (debido a la ley electoral) le dio mayoría absoluta, los mensajes no son en absoluto favorables. Su efecto en las encuestas no supera el 23% y se encuentra mucho más cerca de su nivel más bajo del 19% que registró en las elecciones de 2012. Las increíblemente masivas movilizaciones del 26 de enero y 28 de febrero mostraron que este gobierno no solamente está más que herido, sino que al contrario hace equilibrismos sobre una cuerda tensa, perdiendo cada vez más el apoyo de la mayoría griega.
Lo que lo mantiene todavía con vida es por una parte la debilidad de la oposición parlamentaria ya que ningún partido parece -hasta ahora al menos – poder o querer amenazar a Mitsotakis, y por la otra la inexistencia por el momento de un proyecto alternativa para la burguesía. El único camino que puede cortar la cuerda es el no retroceso de las luchas obreras y que no desemboquen en proyectos de una gestión burguesa más indolora para sembrar de nuevo el desencanto y la oportunidad a la extrema derecha y al nacionalismo de explotarlo.
Después de las elecciones de junio de 2023, la mayoría absoluta de Nueva Democracia trajo consigo una ofensiva agenda neoliberal bajo el brazo. Esto contribuyó también al hecho de que creyó que había apaciguado el enorme malestar social después del crimen ferroviario de Tempi. Pero el gobierno sabía muy bien que tal estabilidad era pasajera, debido a una inestabilidad económica y política más amplia a nivel internacional. La única salida era la materialización de una política reaccionaria a nivel interno como externo.
Un pilar básico de su política ha sido la derogación de los derechos laborales y de las libertades sindicales. Con las leyes Hatzidakis y Georgiadis ha tratado de desregular completamente las relaciones laborales al derogar la jornada de 8h laborales, legalizando el 6º día de trabajo en la industria y abriendo su aplicación a otros sectores y por muchos empresarios, con una jornada laboral conjunta que puede alcanzar las 13h diarias. Penaliza asimismo el derecho a huelga, una de las armas más poderosas de las y los trabajadores, trata de controlar a los sindicatos obligando a un registro si quieren negociar con la empresa, y cada sindicato que convoque elecciones o asambleas está obligado a hacer un voto electrónico.
El débil relato del gobierno se derrumba
Sin embargo, el despertar del movimiento obrero y la juventud en el escenario político provocó intensificación de la inestabilidad. El desencanto de la clase obrera y las muy bajas expectativas de que algo podía cambiar han dado paso a enfado e indignación. El gobierno sabe bien que las masivas movilizaciones del 28F no sólo sacudieron Atenas y otras ciudades de país para castigar a los culpables del crimen de Tempi, sino porque no aguantan más ataques y represión laboral, privatizaciones, retórica militarista y racista, etc. El relato de que Mitsotakis puede afrontar mejor modo las crisis (pandemia, desempleo) ya es ridículo.
El entumecimiento y perplejidad de la clase obrera se ha acabado y la ruptura que abrieron el 26E y 28F y las movilizaciones siguientes es profunda y la estabilización con la que sueña la burguesía no es más que un sueño. En este momento el péndulo es muy favorable a la clase trabajadora. La insistencia de los familiares de víctimas de Tempi por obtener justicia se confraterniza con las luchas obreras de período anterior, el movimiento estudiantil y los movimientos antiguerra y de solidaridad con Palestina. El gobierno de Nueva Democracia en estos 2 años ya ha sembrado suficientes vientos y es hora de que recoja tempestades