¿UN OTOÑO VERDE? LA EDUCACIÓN PÚBLICA DE NUEVO EN HUELGA

El curso 2025/2026 comienza en la educación no universitaria como terminó el anterior, con fuertes movilizaciones y jornadas de huelga. Si el año pasado fueron los docentes asturianos los que salieron a las calles, en septiembre está siendo el profesorado cántabro el que marque el paso. Más allá de las peculiaridades de cada comunidad autónoma, la huelga se naturaliza de nuevo como una herramienta útil, siendo necesario caminar hacia un calendario estatal.

Por una subida salarial: una movilización masiva en Cantabria

    El motivo de las movilizaciones en Cantabria deriva de las negociaciones por una adecuación retributiva (cuestiones que no se han tocado en 17 años) cuyo elemento central, aparte de aspectos como las horas de formación necesarias para el reconocimiento de los sexenios, sería la subida salarial de 180 euros mensuales negociada con el gobierno autonómico. La fricción deriva de que en la propuesta de acuerdo se introduce una cláusula que vincula dicha subida a la aprobación de los siguientes presupuestos y, por tanto, la dejaría en el aire.

    Ante esta situación y la deriva de las negociaciones, desde la Junta de personal (conformada por STEC, ANPE, CCOO, TÚ y UGT) se lanzó un calendario de jornadas de huelga escalonadas según nivel educativo (8 y 9 de septiembre en Infantil y Primaria, 11 y 12 en Secundaria, Bachillerato y FP; 17 y 18 en CEPAs, conservatorios de música y enseñanzas artísticas; y el 7 y 8 de octubre en las Escuelas Oficiales de Idiomas), que desembocarían en una huelga para todo el sistema educativo del 20 al 24 de octubre.

    Las primeras movilizaciones ya han sido un éxito: las cifras de seguimiento superan el 50% según los convocantes, y se han dado manifestaciones que han reunido hasta 9.000 personas. Además, se extienden encierros y convocatorias regionales, mostrando que la Educación pública está movilizada y en pie de guerra.

    Hay problemas van más allá de cada comunidad: un profesorado dispuesto a movilizarse

      El caso de Cantabria se une a los del Madrid, País Vasco o Asturias del año pasado. Y también en otras comunidades se ha comenzado el curso con convocatorias: en Galicia, la CIG, a la que se ha unido STEG, han convocado una huelga para el 25 de septiembre “contra los recortes en Educación”, y pidiendo, entre otras cosas, cuestiones como una “bajada de ratios con carácter inmediato en todas las etapas, recuperación del horario lectivo previo a los recortes, incremento del personal especialista para atender a la diversidad y del profesorado en general para realizar apoyos, refuerzos y desdobles en todas las enseñanzas que así lo precisen, y eliminación de la burocracia inútil y dignificación de la profesión docente tanto a nivel retributivo como administrativo1; mientras tanto, en Andalucía, la Asamblea andaluza de interinas y aspirantes de Andalucía, construida tras las grandes movilizaciones de febrero como consecuencia de la situación del personal interino, tras mantener jornadas de huelga, concentraciones e incluso impulsar una huelga de tribunales de oposición el año pasado, ha comenzado este curso con una nueva movilización el 13 de septiembre, apoyada por CSTA y CGT-A.

      Todo esto muestra algo evidente. Que, frente a los discursos más pesimistas, el profesorado está dispuesto a luchar. Y que, frente a la afirmación de que “la huelga no sirve de nada”, se extiende el sentimiento de que es la única herramienta para conseguir revertir la situación de empobrecimiento que vive la Educación pública. El ejemplo asturiano marcó el camino, ya que muchos docentes miraron allí, naturalizando la huelga como algo no solo posible sino necesario. En este sentido, es paradigmático el caso gallego: en una encuesta realizada al profesorado gallego, un 90% estaba a favor de comenzar el curso con movilizaciones, y un 73% apostaban por una huelga indefinida2. De realizarse esta encuesta en otros lugares, no serían los únicos en contestar así.

      Y esto no es casualidad. El profesorado está dispuesto a movilizarse porque los ataques a la Educación Pública son comunes al conjunto de las Comunidades autónomas (gobierne quien gobierne). Cuestiones como las ratios altas, los salarios desiguales (y con pérdida de poder adquisitivo), la falta de recursos para atender al alumnado NEAE, el uso y abuso del personal interino y la necesidad de que sean estabilizados de manera efectiva ya, la burocratización creciente…todos ellos problemas que nos afectan como trabajadoras/as, y que repercuten en el alumnado. Es este caldo de cultivo el que está haciendo saltar a las/los trabajadoras/es de la enseñanza en todo el Estado.

      ¿Hacia una movilización estatal?

        Lo que hay que preguntarse es si no hay que caminar hacia movilizaciones de carácter estatal que, independientemente de las peculiaridades de cada Comunidad Autónoma y de sus propios calendarios, impongan una agenda que revierta los recortes (y que vayan más allá) en la Educación Pública. Que impusieran bajadas de ratios reales, recursos para atención a la diversidad, desburocratización, estabilización real para el personal interino…en fin, soluciones a todos los problemas que vive la Educación y que conocemos.

        Sabemos qué, pero también sabemos cómo. Es urgente que las estructuras de autoorganización que surgen en cada comunidad al calor de estas luchas se extiendan, consoliden y coordinen. Solamente mediante un movimiento autoorganizado es como se podrá ganar una Educación pública en retroceso. Y si la huelga, como herramienta, parece haberse naturalizado, es necesario también que se asuma por el conjunto del profesorado que no tiene que esperar a nada ni a nadie para organizarse. Basta con convocar asambleas en sus centros de trabajo, aprovechando huecos o recreos, para poner en común con sus compañeras y compañeros cual es la situación, por todo el mundo conocida, y actuar. Hay que convertir la rabia y el malestar en lucha. Y eso significa participar de las decisiones, debatir el cómo, dónde y por qué. Y entender que no se está solo. Que compartimos problemas entre centros educativos, entre localidades y entre comunidades. Un movimiento por abajo, masivo, es sinónimo de ganar.

        Pero, a la vez, un movimiento masivo debe coordinarse, con asambleas provinciales y regionales, con acciones acordadas (de muy diversa índole), con calendarios puestos en común. Mediante la creación de comités de huelga con representantes elegidos y revocables. Y todo eso no depende más que de las y los trabajadores de la enseñanza.

        Por supuesto, la participación de las organizaciones sindicales es clave. El discurso antisindical, apoyado sobre prejuicios (alimentados por la propia inacción o actitud de las direcciones de las organizaciones sindicales como mayor representación), solamente es útil a quienes atacan la Educación pública. Es fundamental que los sindicatos se movilicen y se pongan a disposición de un movimiento de conjunto, participando del mismo y respetando sus estructuras. El profesorado quiere movilizarse, porque tiene razones para ello. Es buen momento para construir un otoño verde.

        1 https://www.cig-ensino.gal/files/publicacions/2025/09/202509%20Cig%20Informa%20convocatoria%20mobilizacions%20setembro.pdf

        2 https://www.galiciapress.es/articulo/politica-galicia/2025-09-15/5427152-cig-no-esta-sola-huelga-profesores-steg-suma-protestas-llama-resto-sindicatos