COMBATIR EL GENOCIDIO, ESCALAR LA LUCHA

Esta editorial corresponde con el primer número del Combate Juvenil, nuevo boletín de Izquierda Anticapitalista Revolucionaria – IZAR

La escalada genocida hacia la “solución final” israelí

La nueva ofensiva israelí y las políticas de rearme a escala mundial ponen en evidencia una verdad incontestable: el capitalismo no solo es incapaz de detener una masacre como la de Gaza, sino que es el propio motor de las guerras que engendra.

Solo desde octubre de 2023, 68 000 personas condenadas al empobrecimiento y el hambre han sido asesinadas en Gaza. Medio millón desplazadas. Cisjordania ampliamente anexionada y seis países de Oriente Medio atacados por Israel. Un exterminio proclamado, televisado y donde los gobiernos del centro capitalista que sostienen el proyecto sionista, solo son capaces de ofrecer gestos y símbolos: la ONU admite que es un genocidio y once países han reconocido el Estado palestino en dos días, entre ellos Francia, Gran Bretaña, Portugal o Bélgica, forzados por las importantes movilizaciones en todo el mundo, mientras, sin embargo, siguen participando de las relaciones imperialistas que permiten la ocupación y la limpieza étnica en los territorios palestinos.

El sionismo no teme a las diplomacias. El sionismo teme a las movilizaciones

El Estado colonial de Israel no ha dudado en desacreditar desde el primer momento a las instituciones internacionales, como la ONU, ignorando sus ‘amenazas’ y llegando incluso a bombardear sus instalaciones en Gaza y en el Líbano o, en su última burla, a usar la tribuna de la misma ONU donde se le permite a Netanyahu anunciar la continuación del genocidio, mientras miles protestaban en favor de Palestina a las puertas de la sede en Nueva York. Donde realmente concentra su fuerza el sionismo es en aplastar cualquier movilización que pueda debilitar su proyecto y sus apoyos. Por eso las embajadas israelíes se dedican a presionar en todo el mundo para reprimir, perseguir y criminalizar la protesta en solidaridad con Palestina. Por eso a los jóvenes colonos que queman sus cartillas de reclutamiento y gritan “¡No al exterminio!” los advierten con mandarlos a Gaza para darles el mismo fin que a los palestinos, que es el exterminio.

Aquí, el Gobierno progresista PSOE-SUMAR, que llegaba debilitado al verano por los casos de corrupción, ha logrado desviar la atención mediática con sus tibias medidas contra Israel que dejan fuera las bases de Rota y Morón, no plantean ninguna ruptura total de relaciones y mantienen una ambigüedad calculada sobre el alcance del embargo y apoyan a la primera de cambio la propuesta de “paz” realizada por Trump y Netanyahu que plantea, entre otras cosas, un gobierno de transición para Gaza supervisado por EEUU por medio de un “Consejo de paz” que incluye la participación de un uno de los responsables de la guerra criminal de Irak, como es Tony Blair. Ni siquiera para mantenerse firme e independiente a Trump sirve este Gobierno. Ningún país externo debe gobernar Gaza. Basta ya de colonización. Como tampoco sirvió el de PSOE-Unidas Podemos para romper relaciones con Israel llegando a aprobar 180 licencias para la venta de armas a Israel autorizando exportaciones por 84,4 millones de euros. La supuesta ‘dificultad’ con la que se excusan revela, en realidad, la lógica de los estados imperialistas, subordinados a los entramados políticos, militares y económicos que sostienen al Estado sionista. Mientras Sánchez dice mostrar su “admiración” a las protestas contra la participación de un equipo israelí en La Vuelta Ciclista, enviaba tanquetas, balas de goma y gases lacrimógenos a las más de 100.000 personas que desbordaron la represión y demostraron lo que podemos lograr colectivamente. Y, por supuesto, el Gobierno continúa manteniendo relaciones comerciales y militares con Israel, mostrando que sus palabras de solidaridad no valen nada. Por otra parte, figuras de la derecha como Ayuso retoman la cantinela de Aznar de “si cae Israel, cae Occidente”. Y tienen razón, en tanto que si cae el plan colonial y genocida de Israel, se derrumban los intereses de los capitalistas europeos y estadounidenses en la región. La realidad, en cualquier caso, es que la movilización masiva por Palestina en todo el mundo está obligando a los gobiernos cómplices a reaccionar de una u otra forma, fruto de la fuerza colectiva que demuestra cómo la solidaridad activa puede debilitar los intereses imperialistas.

La presión sostenida ha logrado colocar el embargo en la agenda del Gobierno. La movilización en las calles, la organización en centros de estudio y la coordinación sindical —como en Italia, donde cientos de miles han tomado las calles en una jornada de huelga general en la que se han bloqueado puertos y envíos de explosivos con destino a Israel— demuestran que la clase trabajadora movilizada puede paralizar la maquinaria imperialista. Y este reciente impulso proviene principalmente de la combativa intervención de la juventud en los últimos dos años a nivel mundial: con acampadas, movilizaciones masivas y huelgas estudiantiles, como la convocada para el próximo 2 de octubre en el Estado español.

Llevemos la lucha por Palestina hasta el final

En la movilización en solidaridad con el pueblo palestino, en las huelgas y en las protestas masivas, la juventud y las trabajadoras hemos demostrado nuestra capacidad para crear fisuras en la complicidad con el sionismo, a pesar de la represión, y señalar caminos de acción que las direcciones de los sindicatos mayoritarios y los partidos institucionales evitan. Nuestro papel no es accesorio, consiste en impulsar la iniciativa revolucionaria, capaz de transformar la indignación en organización y presión efectiva contra nuestros gobiernos imperialistas.

Ante la barbarie no cabe palabrería, no caben símbolos, no caben diplomacias. Ante la barbarie hay que estar a la altura para cumplir con nuestra tarea histórica. Nos enfrentamos a un nuevo ciclo de crisis y guerras a gran escala, pero también a oportunidades para transformaciones revolucionarias, hasta conseguir la ruptura total con el sionismo y la disolución del Estado genocida de Israel. Pero sin una organización revolucionaria que dirija el descontento y la rabia contra los cimientos del capitalismo, estaremos condenadas a observar cómo la izquierda institucional nos reprime mientras gestionan la barbarie. Urge que nos agrupemos quienes nos oponemos al sionismo y al imperialismo. Que pongamos en el centro la necesidad de responder con nuestras herramientas de clase, como son las movilizaciones masivas y la huelga general, para enfrentar esta barbarie en las calles y en cada centro de estudio, en cada centro de trabajo. Hasta acabar con este sistema y construir una sociedad sin clases, sin explotación y sin opresiones.