Una dictadura fascista hasta el final
El franquismo siempre fue un régimen fascista. La diferencia con Hitler o Mussolini fue que Franco se mantuvo en el poder por casi 40 años, tiempo en el que tuvo que maquillar la naturaleza fascista de su régimen para que el apoyo de las democracias occidentales, que pensaban que el hundimiento de Franco podría traer de nuevo a escena la revolución en el Estado español, no generara una fuerte presión social en sus propios países.
La barbarie durante la guerra y la dictadura respondía a dos objetivos: la eliminación física de las organizaciones obreras y provocar el terror entre el conjunto de los y las trabajadoras. La represión, los juicios sumarísimos, los encarcelamientos, las torturas, las ejecuciones individuales y en masa, las violaciones, el robo de bebés y demás atrocidades perpetradas por los fascistas tenían como brújula moldear una clase obrera dócil que fuera explotada sin límites por los terratenientes y la burguesía.
Por eso, a pesar de los intentos por ocultar su naturaleza fascista durante los años posteriores, esta volvía a salir a la luz cada vez que la dictadura enfrentaba movilizaciones u organizaciones que podían poner en tela de juicio su proyecto de clase. Algo que se intensificó en los años finales de la dictadura, cuando el movimiento obrero y la aparición del movimiento estudiantil impulsaron las protestas sociales y dando más y más fuerza a la oposición antifranquista. Un ejemplo de esto fue la ejecución a garrote vil al militante anarquista Salvador Puig Antich. Franco moriría asesinando.
Las ultimas ejecuciones de Franco
En los últimos meses de vida del dictador tenemos el último ejemplo de que la barbarie fascista nunca abandonó su régimen. Durante el verano de 1975 tuvieron lugar varios consejos de guerra para condenar a muerte a 11 militantes de ETA p-m y del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota), por el atraco de una sucursal bancaria y dos atentados en los que murieron 3 miembros de los cuerpos represivos de la dictadura.
Las protestas que se generaron a nivel estatal e internacional hicieron que el gobierno, en un consejo de ministros presidido por Franco el 26 de septiembre conmutara las penas de 6 de los condenados por reclusión, pero mantuvo la pena de muerte a otros 5. Serían fusilados al día siguiente. Aun con la sentencia en firme hubo numerosas protestas a nivel estatal e internacional, en Euskadi se convocó una huelga general con un seguimiento enorme bajo el estado de excepción mientras en otras ciudades se convocaban paros y protestas, pero que en este caso no pudieron evitar las ejecuciones.
Así el 27 de septiembre de 1975, fueron fusilados tres miembros del FRAP: José Humberto Baena (24 años), José Luis Sánchez Bravo (22) y Ramón García Sanz (27) y dos de ETA p-m: Juan Paredes Manot, Txiki (21), y Ángel Otaegui (33). Juan Paredes fue fusilado en Barcelona, Ángel Otraegui en Buros y los tres del FRAP en el Campamento Militar de Hoyo de Manzanares (Madrid). De la barbarie de las ejecuciones en Madrid tenemos un testimonio del cura de Hoyo de Manzanares: “Además de los policías y guardias civiles que participaron en los piquetes, había otros que llegaron en autobuses para jalear las ejecuciones. Muchos estaban borrachos. Cuando fui a dar la extremaunción a uno de los fusilados, aún respiraba. Se acercó el teniente que mandaba el pelotón y le dio el tiro de gracia, sin darme tiempo a separarme del cuerpo caído. La sangre me salpicó”.
Las ejecuciones generaron una nueva ola de repulsa al régimen. La clase obrera de varios países europeos organizaron protestas en las ciudades más importantes, obligando a sus gobiernos a condenar la actuación de Franco mientras se volvía a convocar una huelga general en Euskadi con la participación de más de 200.000 trabajadores/as y se convocaban manifestaciones en varias poblaciones, duramente reprimidas incluso con disparos por parte de la Policía y la Guardia Civil. A pesar de que la dictadura intentó organizar una manifestación de apoyo al dictador en la Plaza de Oriente, que contó con la asistencia del futuro Juan Carlos I y Sofía de Grecia, las burguesías españolas e internacionales tomaron nota. Si querían seguir subyugando a los y las trabajadoras del Estado español, la dictadura no era ya una opción viable.
Conocer la verdad para derribar el capitalismo
Cuando se cumplen 50 años de estas ejecuciones, es más importante que nunca enfrentar los discursos que que buscan blanquear la dictadura fascista de Franco, como intentó el diputado de VOX, Manuel Marascal, al afirmar que el franquismo “no fue una etapa oscura” sino una etapa “de reconstrucción, de progreso y de reconciliación para lograr la unidad nacional”. Para ello no dudan en justificar su barbarie asesina, como hizo otro diputado de VOX, Francisco José Contreras, con el asesinato de Salvador Puig.
Igual pasa con el tema de los últimos 5 fusilados, con posiciones que que van desde equiparar a ETA con el franquismo hasta otras más reaccionarias como las del diputado del PP y antiguo portavoz del PP en Euskadi, Carmelo Barrio, que escribió el pasado agosto con respecto a Juan Paredes y Ángel Otaegui lo siguiente: “No existe hoy motivo alguno para su redención, recuerdo o exaltación… Solo existen razones inalteradas para su desprecio y condena”.
Cuando preguntaron a VOX en 2019 si condenaban el franquismo, señalaron que “condenar el franquismo no tiene ningún sentido puesto que somos herederos y la historia es la que es.” En realidad, revelaron más de lo que seguramente pretendían, pues aquello de herederos de Franco no solo es aplicable a VOX, sino que todo el proyecto político que se inicia tras la muerte del dictador, conocido como la Transición y que tuvo como eje mantener y legitimar a los ojos de la clase obrera los privilegios sociales, económicos y políticos de la clase capitalista que había ejercido su dominio social bajo la dictadura, es heredero de Franco. Para aspirar a derribar el sistema capitalista en el Estado español es imprescindible conocer y comprender cuales son los elementos que lo sostienen, que en nuestro caso es el Régimen del 78, heredero político del fascista Franco.