APUNTES SOBRE EL DEBATE DE LA UNIDAD ELECTORAL DE LA IZQUIERDA INSTITUCIONAL

¡Qué alegría, qué alboroto, otro perrito piloto!

Llevamos días escuchando por cielo, mar y tierra que vuelve la unidad de la izquierda en Andalucía. Manifiestos, entrevistas, artículos de opinión, vídeos… Todo vale para tratar de vendernos, por enésima vez, la unidad de la izquierda institucional como supuesto dique de contención de la extrema derecha. Y cuidado con el que decida no salir en la foto de esta unidad electoral. Dejará, ipso facto, de ser de izquierdas y tendrá que cargar con la culpa de que Vox siga creciendo electoral y socialmente.

Por nuestra parte, no estamos dispuestos a entrar en ese juego ni a asumir esa responsabilidad. Lo decimos alto y claro. Que no se atreva la izquierda institucional, que lleva años gobernando con el PSOE y desmovilizando la calle, a responsabilizarnos del ascenso de la extrema derecha. Las políticas antisociales, los escándalos de corrupción y la represión hacia los que se movilizan, llevados a cabo por gobiernos en los que esta misma izquierda institucional ha participado, son las que alimentan a las derechas. Recordamos, aunque el Manifiesto: La unidad de la izquierda para defender la Andalucía de Blas Infante no lo haga, que en Andalucía gobernó, antes de Moreno Bonilla, el PSOE. Lo hizo durante 40 años, mayoritariamente en solitario y, de 2012 a 2015, en coalición con IU, aplicando políticas en contra de los servicios públicos, a favor de su privatización, sin responder a los problemas de la precariedad laboral, de la dependencia o del acceso a la vivienda, desahuciando y dejando libre albedrío a las políticas del pelotazo y del ladrillo que llevaban décadas ya destruyendo nuestro territorio.

Esas políticas y esos recortes, justificados incluso por Diego Valderas (PCA/IU), en 2012, por “imperativo legal”, son los que han ido alimentando en Andalucía al PP y a la extrema derecha. ¿O acaso pensamos que todo esto nada tiene que ver? Como tampoco tendría nada que ver, a nivel estatal, el balance de las políticas de los sucesivos gobiernos de Sánchez, primero con UP y, después, con SUMAR. Unos gobiernos que han aumentado el salario mínimo por debajo de la subida de los precios, que han disminuido el paro creando empleo precario y temporal y que han visto como aumenta el número de personas que sufren pobreza severa en el Estado Español. Unos gobiernos que han contribuido, también, al deterioro de los servicios públicos al no derogar leyes privatizadoras en sanidad, al financiar cada vez más a la educación concertada o al aumentar los presupuestos militares hasta dedicarle, anualmente, más del doble que hace dos décadas, alcanzando la cifra récord de 30 000 millones para 2025. Y unos gobiernos que se alinean, por último, con los intereses imperialistas de la OTAN, sin oponerse al discurso del rearme y que siguen comerciando con el Estado sionista, genocida y criminal de Israel a pesar de las más de 80 000 víctimas palestinas. ¿En serio es posible obviar todo esto?

La mejor forma de luchar contra la extrema derecha: enfrentarse a las causas materiales que la sustentan

Decir esto, no significa, por nuestra parte, banalizar lo que podría llegar a ser un gobierno PP-VOX. Nos lo imaginamos perfectamente y nos tendrán en frente, dispuestos/as a movilizarnos en contra de sus políticas. Sin embargo, no albergamos ninguna ilusión sobre el hecho de que un gobierno de coalición de la izquierda institucional vaya a frenar a la extrema derecha ni a sus ideas. La política del mal menor no frena a la extrema derecha. Desde 2019, Vox no ha dejado de crecer y sus ideas tampoco. Y no ha dejado de hacerlo, en gran parte, porque el Gobierno de coalición no se ha enfrentado a las causas materiales que lo hacen posible. Sin duda, las políticas antisociales llevadas a cabo tanto por la derecha como por la izquierda institucional, durante 40 años, son la causa primera en Europa del auge de los Le Pen, Meloni, Weidel o Abascal.

Quienes pensamos eso, tenemos la responsabilidad de decirlo y de tratar de reagrupar en torno a esta perspectiva. Hasta que no se apliquen unas políticas que se enfrenten a los intereses de los capitalistas apoyándose en las movilizaciones existentes, no se estará luchando contra las causas materiales que alimentan a la extrema derecha. Asumir esa política significa admitir que para permitir el acceso a la vivienda de los jóvenes hay que enfrentarse a los intereses de los grandes propietarios que especulan con nuestras vidas y expropiar las viviendas vacías de las entidades financieras. Asumir esa política significa admitir que para que nuestro poder adquisitivo no disminuya, es necesario incrementar nuestros salarios, como mínimo, al mismo nivel que el coste de la vida, expropiando los beneficios indignantes de las empresas del IBEX 35. Asumir esa política significa admitir que para proteger nuestros servicios públicos hay que revertir todas las privatizaciones y abandonar la política del rearme. Asumir esa política significa admitir que para acabar con un modelo territorial que ha condenado al pueblo trabajador andaluz al subdesarrollo económico es fundamental oponerse a una burguesía andaluza y española que siempre tuvieron intereses económicos comunes basados en la explotación de los y las andaluzas y en la inversión de sus inmensos beneficios en los centros industriales fuera de Andalucía. Esa política es la que no está dispuesta a asumir la izquierda institucional en su conjunto.

Y ese es el problema. El crecimiento de Vox no tiene tanto que ver con la unidad o no de la izquierda institucional sino más bien con el hecho de que ésta no asuma una política que se enfrente a los intereses de los capitalistas. Esa izquierda institucional, que aspira a gobernar con el PSOE, no tiene esa perspectiva política. No pretende imponer un programa de urgencia social mediante la movilización de la clase trabajadora y la juventud. Al contrario, su única brújula pasa por la gestión amable del sistema capitalista, por encauzar la rabia y el descontento de nuestra clase y de la juventud por los cauces institucionales y por acabar justificando las políticas del Gobierno central presidido por Sánchez. En ningún caso, por apoyarse en las luchas existentes para cuestionar la lógica del sistema capitalista que solo genera miseria, explotación, opresiones, guerras y destrucción del planeta y, menos aún, por tratar de superarlo.

La unidad que necesitamos

Hace unos meses, Yolanda Díaz afirmaba: “la gente nos quiere caminando juntas”refiriéndose, de nuevo, al ciclo electoral que está por venir. Sin embargo, por qué esas mismas organizaciones que pregonan a todas horas la unidad antes de las elecciones no la aplican cuando se trata de reforzar, apoyar o proponer movilizaciones. Por qué nadie pone en práctica la unidad cuando se trata de reforzar la lucha de los trabajadores del metal de Cádiz en huelga por la mejora de sus condiciones laborales durante 13 días a pesar de la traición de las direcciones sindicales de CCOO y UGT. Por qué nadie responde a los llamamientos a la unidad cuando se trata de apoyar las movilizaciones de las camareras de piso en Granada en lucha contra la externalización de su servicio, por la aplicación del convenio de hostelería y por la jubilación anticipada sin indemnización. Por qué no asiste la izquierda institucional de manera sistemática a las concentraciones en apoyo a las 6 sindicalistas de la Suiza de Gijón condenadas a tres años y medio de cárcel ni exigen, públicamente, un indulto que tendría que aprobar el Gobierno en el que participan. O por qué no se toman iniciativas unitarias en la calle para responder a las cacerías xenófobas de la extrema derecha en Torre Pacheco convocando movilizaciones.

La realidad es que su unidad sólo tiene actualidad durante el tiempo de confección de las listas electorales, no vaya a ser que algunos/as se queden sin mantener sus puestos institucionales. Después del ciclo electoral, todas esas organizaciones se olvidan de la unidad cotidiana en la calle y más aún si gobiernan. Esa política nos conduce inevitablemente a darnos de nuevo contra un muro y, sin embargo, algunos/as se empeñan, una y otra vez, en volver a darle oxígeno.

Hay que visibilizar una alternativa a la política del mal menor y a la unidad de la izquierda institucional subalterna al PSOE. Una alternativa que reagrupe a los y las que resisten gobierne quien gobierne, una alternativa que no genere falsas ilusiones en las instituciones y que se apoye en la fuerza de nuestra clase y de la juventud para impugnar la lógica de un sistema económico que nos conduce a la destrucción. Hay luchas y resistencias en las que apoyarse para reconstruir una conciencia política que permita ir en ese sentido. Aquí y a nivel internacional. En Grecia, con una huelga general sin precedentes desde 1945. En Serbia y Turquía con movilizaciones de masas por unas reivindicaciones democráticas que han hecho tambalearse ambos gobiernos. En EEUU, contra las políticas racistas y de deportación de las personas migrantes con grandes movilizaciones y huelgas en el sector de la agroindustria. En Hungría, por los derechos de las personas LGTBIQ+ desafiando la prohibición del gobierno de Orbán de manifestarse el día del orgullo. En el Estado Español, con movilizaciones de masas por el acceso a la vivienda, con huelgas masivas en sectores como el metal, la sanidad o la educación.

Frente a la unidad de quienes pregonan una salida institucional en el marco de este sistema para cambiar nuestras vidas y para frenar a la extrema derecha, debemos proponer otra unidad. La unidad de aquellos/as que pensamos que nuestras vidas se cambian mediante la autoorganización y la movilización sostenida de nuestra clase y de la juventud. Sin duda esto significa una mayor implicación por nuestra parte, pero no hay otra vía posible. La alternativa ya la conocemos. Votar cada 4 años y verlas venir. Tenemos que tomar las riendas de nuestras vidas recordando que todas las conquistas sociales arrancadas a lo largo de la historia fueron fruto de nuestras manifestaciones y de nuestras huelgas.

Necesitamos la unidad de todos/as las que pensamos que para frenar la crisis climática, acabar con las guerras, el racismo, la extrema derecha y la explotación es necesario acabar con un sistema cuya lógica se basa en la búsqueda del máximo beneficio para una minoría. No es posible acabar con esas realidades desde el sistema capitalista. Pero esto no es un rechazo a la acción electoral por defecto: sino una apuesta por una unidad con independencia de clase en la que, frente a candidaturas de la izquierda institucional, los y las revolucionarias unifiquemos, también en el terreno electoral, a todas aquellas organizaciones políticas, colectivos sociales y sectores sindicales que asumen la urgencia de levantar otro modelo de sociedad en el que los y las que producimos las riquezas tomemos las decisiones sobre todo lo que tiene que ver con nuestras vidas en función de las necesidades sociales de la mayoría.

Hacemos un llamamiento al conjunto de las organizaciones y sectores que defienden esa perspectiva y que se mantienen independientes de la izquierda institucional a encontrarse y debatir para converger en la lucha de clases pero, también, en una campaña conjunta en la que, lejos de limitarse al parlamentarismo y a ser muleta del PSOE, aprovechemos el próximo ciclo electoral para expandir una alternativa revolucionaria que denuncie este sistema que nos lleva a la barbarie y a la destrucción.