Mientras padecemos una ola de calor en la que la AEMET ha puesto prácticamente a todas las comunidades en alerta, desde mediados de junio cinco trabajadores/as han perdido la vida por accidentes laborales relacionados con las altas temperaturas. El capitalismo destruye el planeta y las vidas de las personas.
Los capitalistas destruyen el mundo…
El cambio climático es una realidad. Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha, Catalunya, Extremadura, Galiza, Madrid, Navarra, Euskadi, La Rioja y el País Valencià están en alerta nivel 2-naranja; Asturias, Baleares, Cantabria, Castilla y León y Murcia en nivel 1-amarillo. El estudio científico CLIVAR España afirma que las aguas oceánicas que rodean la península Ibérica y sus archipiélagos están experimentando un calentamiento un 67% más rápido que el promedio global y que las temperaturas del Estado Español aumentarán 1,6 veces más rápido que la media mundial, a lo que habría que sumar otra tendencia de disminución de la precipitación media a lo largo del siglo y un aumento de las precipitaciones extremas (DANA). Mientras que 2024 registra (de momento) el verano más caluroso, los gobiernos al servicio de los capitalistas solo se preocupan de que el ritmo de los beneficios no pare. Incluso sus propias e ineficaces políticas de “capitalismo verde” están en retroceso, como ejemplifica Trump y su “¡perforen, chicos, perforen!” Políticas que hacen que sean los y las trabajadoras quienes paguen el pato, especialmente los/as que viven en países con menos recursos.
En cuanto al Gobierno del Estado Español tenemos más de lo mismo, como demostró Pedro Sánchez en su intervención durante la COP29: “no se necesitan medidas drásticas, no tenemos que renunciar a la abundancia ni volver a la edad de piedra: tenemos que transformarnos, cambiar la forma en que nos movemos, generamos riqueza y nos relacionamos con el planeta”.
… y las vidas de las personas
Este es un gobierno que se dice progresista pero que permite que 4,2 millones de personas en situación de pobreza no pueden mantener su vivienda lo suficientemente fresca en verano, casi la mitad de las personas pobres del Estado Español. Un gobierno que no ha hecho nada por regular el trabajo al aire libre más allá del ambiguo RD 4/2023, que es una invitación a la libre interpretación que más pueda favorecer a la patronal. Cuando se cumplen unos tres años del fallecimiento de José Antonio mientras limpiaba las calles en el barrio madrileño de Vallecas, vemos como estos episodios no se han desterrado y siguen sucediéndose.
Cuando solo estamos empezando el verano, las altas temperaturas ya se han cobrado la vida de ¡cinco! trabajadores/as: el jueves día 19, un trabajador de 63 años murió en una nave sin ventilación ni acondicionamiento en Córdoba. Un día después, en Huesca, un trabajador sin papeles murió abandonado en un centro sanitario después de haber tenido que coger la cosecha bajo altas temperaturas. Un día después, el sábado, murió un trabajador de 58 años también en Córdoba por un golpe de calor mientras instalaba un panel luminoso. Las dos últimas muertes han tenido lugar en Catalunya, el pasado jueves en Tarragona fue un trabajador de 47 años que cayó desde una altura importante tras sufrir un golpe de calor y la última víctima ha fallecido este sábado 28 en Barcelona, en este caso una señora de la limpieza de calles que murió tras acabar su jornada laboral, que comprendía las horas de más intensidad de calor (14:00-21:00), con 51 años. ¡Estas muertes son responsabilidad de la patronal!
Quienes trabajan deben decidir cómo se trabaja
Mientras los capitalistas estén al mando, los y las trabajadoras tienen como horizonte asarse en sus propias casas, pasar noches durmiendo poco y mal y exponer a sus hijos e hijas al calor en campamentos o guarderías porque hay que ir a trabajar. Pese a las olas de calor y las alertas naranjas, que indican un alto riesgo potencial, la economía debe seguir funcionando como si nada ocurriera, aunque sea a costa de la salud de los y las trabajadoras, especialmente de quienes se dedican a la agricultura, la construcción o la limpieza de las calles. Las medidas preventivas siguen siendo ineficaces y muy vagas, sobre todo en temas de altas temperaturas en trabajos al aire libre, dejando en manos del patrón la valoración de esos riesgos y las medidas que se han de tomar.
Esto debe cambiar. Somos los y las trabajadoras quienes producimos las riquezas y quienes hacemos funcionar todo con nuestro trabajo. Nosotros/as debemos decidir sobre las condiciones en las que trabajamos, valorar cuándo se trabaja y bajo qué premisas. Por eso no podemos dejar que los empresarios sigan llevando el timón de nuestras vidas y del planeta. No hay que permitirles pisotear nuestros derechos y nuestra salud para que sigan amasando ingentes beneficios. ¡Debemos organizarnos colectivamente para demostrar que no nos resignamos a la desigualdad, la explotación y la destrucción del sistema capitalista!