PARA ACABAR CON EL NEGOCIO DE LA VIVIENDA: ¡EXPROPIEMOS A LOS RENTISTAS!

El desahucio de Maricarmen ha desatado una ola de indignación en todo el Estado, provocando manifestaciones masivas, especialmente en Madrid, donde desde el sábado 26 de septiembre hay una acampada permanente en la Puerta del Sol. La lucha de Maricarmen comenzó en 2018, consiguió frenar tres intentos de desahucios, pero el cuarto nos dejó la imagen de la vergüenza: cuando la policía se ensañó con las cientos de personas, que estaban allí para defender la dignidad, desplegando 50 antidisturbios, 15 furgones y un helicóptero. Todo ese despliegue para sacar en camilla hacia el hospital a una mujer de 87 años, de la casa en la que lleva viviendo 70, y dejarla sin ninguna alternativa habitacional.

Así resuelve el problema de la vivienda el Gobierno progresista: a golpe de porra y pasándole el balón a la también indecente Ayuso, que como sabemos acaba de comprarse un ático de 6,3 millones de euros con dinero público. Ambos gobiernos el central y el autonómico de Madrid serán los culpables de que Maricarmen, con una salud cada vez más deteriorada, muera fuera de su casa.

Pero la lucha nos da esperanza a pesar de todo, la presión de Maricarmen y sus compañeras está dando sus frutos, obligando al fondo buitre a recular y plantear un plan para que ella vuelva a su casa, aunque la Comunidad de Madrid lo haya rechazado. Los dos dueños del fondo están cediendo por la presión, las protestas y el bloqueo que sufren en sus oficinas desde hace días, donde han llegado a recibir incluso cajas llenas de cucarachas. Afortunadamente, el miedo está cambiando de bando.

Nuestros salarios no suben a la par que los precios

Maricarmen son todas las Maricarmen, porque en el Estado español se producen 45 desahucios al día. Los trabajadores sufrimos una asfixia por la inflación, con salarios que no dan para afrontar los precios de los alquileres ni de la cesta de la compra. Si comparamos los precios entre agosto de este año y del año pasado, han subido un 4,3%. Sin embargo, según la última estadística del INE, el salario más frecuente o modal en el Estado Español apenas es de 1.280 – 1.300 euros netos al mes.

Mientras tanto, el alquiler ha subido un 78% de media en los últimos diez años. En las capitales principales o zonas turísticas esa subida supera holgadamente el 100%, costando exactamente el doble que hace una década. Hoy en día, un piso normal de 80 metros cuesta ya 1.320 euros en Málaga, 1.616 euros en Barcelona y roza los 1.860 euros en Madrid. En estas capitales, un piso entero cuesta más que el salario íntegro de un trabajador común.

Hace falta ya una huelga general

Esta brecha insostenible entre la subida de la vida y el estancamiento de los salarios demuestra que la única salida es tomar las calles. Las compañeras del Sindicato de Inquilinas y de Menos Lectivas en Madrid señalan el camino, llamando a solidarizarse entre las convocatorias que ambas tenían el último sábado y domingo de septiembre respectivamente. Y no solo porque, como indican, el 70-80% de los desahucios afecten a menores, sino porque la lucha por la vivienda está coaligada con la lucha por los servicios públicos y la dignificación de sus profesionales, que incluso dentro del funcionariado están sufriendo una fuerte caída del poder adquisitivo, como lo evidencia el aumento de huelgas en el sector en el último año.

Así lo demuestran también las luchas laborales que se están dando en todo el Estado, como en la hostelería, en el metal o en la aeronáutica (Airbus), en torno a convenios colectivos que reflejan «subidas» que quedan muy por debajo del IPC. Por eso, la mejor manera de ser victoriosos en la lucha por nuestras condiciones de vida, por la bajada de los alquileres, los servicios públicos y nuestros salarios, es unificar todas estas protestas en las calles y pararlo todo a través de una gran huelga general.

Derecho a techo, la lucha es el único camino

Esta movilización es la única respuesta posible frente a un Gobierno de PSOE-SUMAR que querrá sacarnos de las calles con sus migajas y que tratará de beneficiarse políticamente de la situación. Es precisamente lo que está intentando hacer con la aprobación de los dos decretos en el Consejo de Ministros que si bien avanzan en medidas que no hubiesen aprobado sin la movilización social, no responden sin embargo al problema estructural de la vivienda obviando la necesidad de expropiar a los grandes tenedores que especulan con nuestras viviendas.

La movilización que estamos viviendo estos últimos días muestra el camino a seguir. Frente al impasse de la izquierda institucional y las falsas ilusiones de cambio sin enfrentarse a los intereses de los que acaparan las riquezas, vemos como lo que mueve realmente las líneas es la movilización sostenida de los y las trabajadoras y la juventud. Frente al próximo ciclo electoral, lo que necesitamos son candidaturas que visibilicen ese discurso, que no genere ninguna ilusión sobre las instituciones y que afronte la perspectiva de ruptura con el sistema capitalista.

En cuanto a la cuestión de la vivienda, ya no nos sirve solamente con regular, no basta con limitar el precio de los alquileres, poner topes al alquiler turístico o pedir una extensión del parque social, que en el Estado español en 2025 apenas representaba entre el 1,5% y el 2% frente a una media del 10,5% en la Unión Europea. Lo que realmente queremos es la prohibición de los desahucios y los despidos, acabar definitivamente con el negocio de la vivienda, expropiando al 25% de los rentistas que controlan el 50% del parque inmobiliario así como las 3,8 millones de viviendas vacías pertenecientes a las entidades financieras con el fin de garantizar el acceso a la vivienda de las clases populares.

Y eso solo se puede hacer de una manera: enfrentándonos a los que las detienen y a los que los protegen a través de nuestras herramientas de lucha, la huelga para pararlo todo y la movilización de conjunto, con independencia política, sin confiar en la izquierda institucional bajo cada una de sus marcas que nos demostró y nos demuestra que nunca va a hacer nada que desafíe al poder capitalista. Para acabar con el negocio de la vivienda, sólo podemos confiar en nuestras propias fuerzas, y herramientas de clase, unidos en las calles.