Este artículo se terminó de redactar el 27-09-2026. A esta fecha, el conflicto aún está sin resolver, con una situación en la que existe una propuesta de preacuerdo con la empresa, apoyada por ATP, CCOO y SIPA, con mediación del Ministerio de Industria y Turismo, una contrapropuesta por parte del Comité de huelga, y un referéndum que previsiblemente se celebrará a comienzos de octubre.
El 25 de agosto, los trabajadores/as de Airbus retomaban la huelga indefinida, convocada por CGT, UGT y UTIL (Unión de Trabajadores Independientes y Libres). Durante semanas se han realizado piquetes, asambleas multitudinarias y una manifestación que reunió a más de 8.000 personas el 12 de septiembre en Madrid, a pesar de que la huelga se encuentra suspendida desde el 9 del mismo mes. Aunque el conflicto aún se encuentra abierto, permite reflexionar sobre importantes lecciones para todas y todos los trabajadores.
- Una lucha basada en las asambleas como espacio de autoorganización y dirección
Los trabajadores y trabajadoras de Airbus han protagonizado asambleas masivas, celebradas diariamente en las puertas de las factorías, en las que cualquier persona podía tomar la palabra, expresarse y se decidía sobre todo: desde cómo continuar la lucha, qué acciones realizar o cuándo hacerlas, hasta cuáles eran las reivindicaciones. Es decir, no se delegaba en las organizaciones sindicales (que también participaban de las asambleas) o en reuniones a puerta cerrada las decisiones, sino que se debatían y discutían entre todas y todos. Los trabajadores/as han experimentado así la fuerza que tiene una plantilla cuando para de trabajar y se reúne para debatir y actuar.
- Una lucha que desborda a las direcciones sindicales y pone en duda la concertación social como estrategia
Es precisamente a través de estas asambleas como los trabajadores/as de Airbus han mantenido la dirección de la lucha. Así desbordaron a las burocracias sindicales de ATP, CCOO y SIPA cuando estas quisieron llegar a un acuerdo que no respondía a sus reivindicaciones en julio mostrando su rechazo tanto en las asambleas como en el referéndum que se celebró para toda la plantilla. Esto no es algo baladí: es la muestra del hastío que muchos trabajadores y trabajadoras tienen al ver cómo, frente al deterioro de sus condiciones de vida, las direcciones sindicales optan por una paz social que solamente beneficia a las empresas. Y la buena noticia es que no solo ha ocurrido en Airbus, sino también lo hemos visto en huelgas como las del sector educativo en Catalunya o País Valencià.
- Una lucha que unifica a toda la plantilla
Es común que, aun compartiendo un centro o factoría, se den divisiones corporativas por la que acaben enfrentándose unos trabajadores con otros, algo que las empresas saben aprovechar bien. Esto también ocurría en Airbus, donde las trabajadores y trabajadores de oficina y taller no se ponían de acuerdo para movilizarse. Esta huelga ha roto esas barreras, con reivindicaciones de unos y otros sectores. En este caso, no se ha tratado de que cada uno se mueva por aquello que más le afecta, sino de que se ha comprendido que, independientemente de las reivindicaciones, es la movilización y la solidaridad entre sectores la única manera de poder imponer unas condiciones dignas frente a la empresa.
- Una lucha todavía con muchas potencialidades
Que el conflicto de Airbus está lleno de potencialidades para ganar es un hecho incontestable. Miles de trabajadores y trabajadoras en huelga, decidiendo en asambleas y cuestionando con ello el modelo de concertación social, despertando solidaridad entre otros sectores y enfrentándose con una multinacional que se dedica en parte al negocio de la guerra, puede ser un germen peligroso si se extiende, no solo a nivel estatal sino también internacional. Por tanto, acabar con el conflicto lo antes posible y, de camino, intentar pasar por encima de la autoorganización, son objetivos clave para la empresa (y de paso, para las burocracias sindicales).
Es así como se entiende el preacuerdo del 4 de septiembre alcanzado entre ATP, CCOO y SIPA con Airbus, con la mediación del Ministerio de Industria y Turismo, tanto en contenido como en la forma. De un lado, y así es como debe leerse, porque el acuerdo era un intento de responder a las 11 reivindicaciones planteadas y, a pesar de sus deficiencias, ya señaladas por el comité de huelga, esta nueva propuesta era consecuencia del mantenimiento del conflicto. No queremos decir con ello que fuera un buen preacuerdo. Lo que pretendemos señalar es cualquier avance en la propuesta fue gracias a la huelga y a las asambleas. De otro, ningunear a las organizaciones convocantes que no formaban parte de la mesa de negociación del convenio y no hacerlas participe de la reunión, era un intento, gobierno mediante, de intentar quitar legitimidad tanto a la huelga como a dichas asambleas, por el efecto contagio que pudiera tener.
Frente a esto, los trabajadores/as volvieron a decidir continuar la huelga, aunque el comité la suspendió el 9 de septiembre, a tenor de unos resultados muy ajustados en dicha decisión y temiendo una división de la plantilla. El conflicto se encuentra por tanto abierto, con un referéndum que iba a celebrarse entre el 24 y el 25 de septiembre pero que fue suspendido de manera cautelar por la Audiencia Nacional a tenor de una demanda interpuesta por CGT por vulneración del derecho fundamental de huelga y mala fe negocial, con lo que posiblemente se haga a comienzos de octubre.
Aunque la huelga fuese suspendida, la manifestación del 12 de septiembre demostró que la lucha en Airbus continúa y que igual que hasta ahora serán las asambleas, es decir, los trabajadores/as organizados, los que determinarán el resultado de un conflicto (incluyendo la vuelta a la huelga si fuera necesario) que ya ha conseguido dos cosas: cuestionar el modelo de concertación social imperante durante décadas y obligar a buscar nuevos acuerdos por parte de una multinacional que creía haber ganado en julio.