El pasado 17 de marzo tuvo lugar una huelga general en Hego Euskal Herria convocada por los sindicatos ELA, LAB, Steilas, Hiru y Etxalde, con el apoyo de CNT y CGT, para exigir un Salario Mínimo Interprofesional (SMI) propio de 1.500 €.
La jornada de paro contó con focos importantes en industria (fábricas como CAF, Irizar u Orona pararon la producción) y tuvo un amplio seguimiento también en educación (más del 60% entre el profesorado del sector público), servicios públicos, transporte y otros sectores, tanto en Euskadi como en Nafarroa. Además, contó con la participación activa del movimiento estudiantil y del Movimiento de Pensionistas de Euskal Herria. Con más de 85 movilizaciones convocadas, cerca de 105.000 personas salieron a las calles en Bilbo, Donostia, Gasteiz, Iruñea, Eibar o Tutera. Una demostración de fuerza social y sindical en una convocatoria que tuvo en contra tanto a los gobiernos vasco y navarro –que decretaron servicios mínimos y un despliegue policial importantes– como a las direcciones de las burocracias sindicales CCOO y UGT, que con su oposición solo hacían reconocer de antemano el amplio seguimiento que podía tener la huelga.
La exigencia que plantea esta huelga es clara: que el SMI deje de funcionar como un instrumento homogéneo a los intereses de la patronal y cubra las necesidades reales de las trabajadoras de Hego Euskal Herria. Frente a los 1.221 € en 14 pagas aprobados este año a nivel estatal, la exigencia sindical en esta jornada es doble: por una parte, 1.500 € como suelo salarial inmediato y, por otra, la apertura de un cauce político y legal para que el SMI se decida desde Euskadi y Nafarroa. En base a esto, la huelga avanzó en un escenario de carestía de la vida y de bloqueo tanto patronal como institucional, adoptando a su paso consignas políticas contra la guerra y que, tras meses de campaña, alcanzó el respaldo de cerca de 1.750 comités de empresa y de personal y más de cien de agentes sociales. Al margen de la disputa legal sobre a quién correspondería la competencia formal de esta mejora, la huelga demuestra una contradicción de fondo: el enfrentamiento entre una mayoría empobrecida y una minoría patronal que amasa beneficios a costa de congelar unos salarios que, por naturaleza, nunca podrán igualar a lo que producimos.
Cada vez más, y como expresión de la desposesión general que sufren las trabajadoras a nivel mundial, la pelea por los salarios recupera la centralidad que le corresponde en la lucha de clases. Frente a los intentos de desplazar esta cuestión, frente a la criminalización mediática sobre estos métodos y frente al cuento de que subir los salarios arruina a los pobres empresarios, la respuesta de la clase obrera en Hego Euskal Herria marca el camino: luchar con nuestras herramientas de clase como son la movilización y la huelga general para arrancar victorias. Y esta jornada lo demuestra: se puede romper el techo salarial que dictan el Estado y la patronal y abrir un proceso de lucha que podría extenderse a más territorios. La batalla por los 1.500 € a través de la movilización en centros de trabajo y las calles, expresa una realidad común a toda una clase trabajadora unida bajo el mismo SMI de miseria que no da para vivir, un incremento de precios generalizado y políticos que gobiernan gestionando la precariedad mientras aseguran los beneficios empresariales y aumentan los gastos militares.
Lo que está en juego hoy en Hego Euskal Herria no es algo local, sino que debe ser ejemplo para la clase obrera de todo el Estado español: frente a los salarios insuficientes, solo con la organización independiente y la lucha podemos arrancar un salario mínimo que dé para vivir mejoras laborales. Esto resuena con más fuerza a cincuenta años de la matanza de Vitoria-Gasteiz, cuando la Policía Armada asesinó a 5 obreros e hirió a más de 150, la mayoría de bala, durante una huelga general que se desarrollaba en un contexto de lucha generaliza y que consumía la continuidad del franquismo. Solo en el primer trimestre de 1976, se contabilizaron 17.731 huelgas en todo el Estado. Un movimiento obrero que se enfrentaba entonces al franquismo y ahora, con la huelga general del 17 de marzo y con todas las luchas que buscan mejoras para nuestra clase, se enfrentan a sus sucesores.
Hoy, en medio de la nueva crisis imperialista y del avance reaccionario y la extrema derecha, los capitalistas europeos y sus representantes políticos maquinan nuevos ataques contra las conquistas obreras en clave de salarios, servicios públicos, pensiones y derechos para hacernos pagar sus crisis y sus guerras. Así que, ahora más que nunca, la clase obrera debemos pasar a la ofensiva con nuestros propios métodos, articulando las luchas por mejoras laborales con aquellas que enfrentan la carestía de la vida y la escalada bélica. Solo así podremos disputar en todas partes el avance de esta crisis y determinar su rumbo, es decir, hacia uno en el que se siga llevando al ser humano y la naturaleza a la barbarie; o hacia uno en el que las trabajadoras que hacemos funcionar todo, decidamos todo.