Tras las elecciones autonómicas en Aragón, Gabriel Rufián participó en un acto junto a Emilio Delgado (Más Madrid) en el que pusieron encima de la mesa la idea de la “unidad de la izquierda”. Como antes Pablo Iglesias y Yolanda Díaz, Rufián señaló que el principal problema del avance de Vox es que “la izquierda” no se une en una sola candidatura cuando afirmó “qué sentido tiene que 14 izquierdas que pensamos lo mismo nos presentamos por el mismo sitio compitiendo por migajas”, en un enésimo intento por vendernos que la unidad de la izquierda institucional será el dique de contención de la extrema derecha. Una propuesta cuyo eje se basa en seguir gobernando con el PSOE, vendiendo la moto de que “si tuviéramos más fuerza, haríamos un PSOE mejor” y asumiendo la política del “mal menor” sin ningún tipo de tapujos. Con las eleeciones andaluzas ya convocadas y con las generales en el horizonte, es necesario señalar los límites de este análisis y su propuesta, así como reflexionar sobre qué alternativa debemos construir.
¿Por qué crece la extrema derecha?
Vox y sus ideas no han dejado de crecer en todos estos años de “gobiernos más progresistas de la historia”, y no lo ha hecho, en gran parte, porque estos gobiernos de coalición no se han enfrentado con las causas materiales que alimentan el auge de la extrema derecha. Porque con estos gobiernos la clase trabajadora ha ido perdiendo poder adquisitivo con unos salarios y unas pensiones que no compensan el aumento de los precios, con un empleo que sigue siendo precario y temporal mientras aumenta el número de personas en situación de pobreza extrema. Porque con estos gobiernos la especulación inmobiliaria se ha disparado, con un aumento del precio medio del alquiler en el Estado español del 46% desde 2021. Porque estos gobiernos también han contribuido al desmantelamiento de los servicios públicos, al no derogar la privatización de la sanidad y al financiar cada vez más la educación concertada mientras aumentan sin parar los presupuestos militares con cifras récord en 2025. Porque estos gobiernos se oponen a la guerra solo en discursos, mientras en la práctica siguen alineados con las políticas militaristas y los intereses imperialistas de la OTAN.
A estas políticas antisociales debemos sumar los escándalos de corrupción, la desmovilización y la represión hacia los/as que han seguido movilizándose para entender que ha sido la política llevado a cabo por estos gobiernos, en los que han participado la izquierda institucional, la que ha alimentado a las derechas durante estos años. Una situación que se ha venido repitiendo en Europa, con el auge de Le Pen, Weidel o Meloni
¿Cuál es el papel del Estado?
En una noticia en el diario Público del 19 de marzo se afirma que para “proteger las instituciones que, en palabras de la dirigente morada (Irene Montero), necesita de ‘una izquierda fuerte’”, recuperando la idea de que es posible cambiar las instituciones y el carácter del Estado sumando más escaños. Pero el Estado no es un ente neutral en el que se concilian los intereses de las clases sociales, sino que el objetivo de su creación es mantener el dominio de una clase social sobre el resto. En palabras de Lenin el Estado es “un órgano de dominación, un órgano de opresión de una clase por otra”, que en el caso del sistema capitalista “la envoltura democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo”, pero que el capitalismo no tiene ninguna duda en cambiar de envolutra cuando sea necesario porque “todos los Estados son, en última instancia, una dictadura de la burguesía”.
Unidad sí, pero ¿qué tipo de unidad?
De igual manera que se fortalece un concepto erróneo de lo que es el Estado, siempre que se abre un ciclo electoral las organizaciones de la izquierda institucional lanzan a los cuatros vientos proclamas sobre la unidad, pero siempre limitadas a la unidad electoral. No han hecho ninguna reflexión en como convocar movilizaciones y apoyar las ya existentes; nunca hablan de como crear lazos de solidaridad entre los y las trabajadoras o sobre como dar el mayor altavoz posible a cada lucha y cada huelga; tampoco hemos podido ver ninguna frase viral sobre la necesidad de extender la organización y la movilización unitaria en las calles y centros de trabajo y de estudio para enfrentar a la extrema derecha.
Y no lo han hecho porque su unidad tiene fecha de caducidad. Dura lo que dura la confección de las listas electorales, mientras cada organización intenta posicionar a sus candidatos lo más alto posible y asegurar sus sillones. No olvidemos que Podemos pasó a tener una posición crítica cuando se quedó sin ningún ministerio en el último gobierno de PSOE-Sumar y que si hoy se muestran abiertos a participar con Rufián en otro acto, lo hacen tras haber perdido su único escaño en Castilla y León.
Hay que visibilizar una alternativa a la política del mal menor y a la unidad de la izquierda institucional subalterna al PSOE
Por eso no podemos esperar que un nuevo gobierno de coalición de la izquierda institucional con el PSOE vaya a frenar a la extrema derecha ni a sus ideas. Porque ni la política del mal menor ni las instituciones que han sido creadas para servir a la misma burguesía que está financiando a la extrema derecha van a frenarla. Y también por eso hay que visibilizar una alternativa, una que reagrupe a los y las que resisten gobierne quien gobierne, que no genere falsas ilusiones en las instituciones y que se apoye en la fuerza de nuestra clase y de la juventud. Para ello necesitamos la unidad, una unidad basada en la independencia de clase de aquellos/as que pensamos que nuestras vidas se cambian mediante la autoorganización y la movilización sostenida de nuestra clase y de la juventud. Una unidad que se debe traducir también en el terreno electoral si no queremos seguir estando a verlas venir.