ELECCIONES ANDALUZAS: HABRÁ CANDIDATURA DE IZAR

¿Se puede acabar con la lógica de este sistema mediante las instituciones?

Rotundamente no. Y a pesar de eso, nos presentamos a estas elecciones. Pero lo hacemos sin generar expectativas ni falsas ilusiones en las instituciones. Las conquistas sociales no fueron nunca el resultado de los debates parlamentarios ni de las elecciones. El juego institucional es un fraude. Está amañado al estar al servicio de los que más tienen. Por eso, gobierne quien gobierne, nos explotan en nuestros centros de trabajo, especulan con nuestras viviendas o privatizan nuestros servicios públicos. Los millonarios y explotadores del mundo entero no son elegidos por nadie y sin embargo son los que deciden sobre nuestras vidas conduciéndonos incluso a la guerra si es preciso para seguir enriqueciéndose. Decir esto no significa que pensemos que da igual si gobierna uno u otro. Por supuesto que hay diferencias. Pero, existen muchas más similitudes. Y la más importante es que ni unos ni otros gobiernan nunca en contra de los intereses de los que más tienen. Por ese motivo, llevamos décadas sufriendo políticas antisociales, privatizaciones y leyes represivas gobierne la derecha o la izquierda, y esté ésta sola o acompañada. Sin duda, estas políticas en contra de las clases populares son la causa principal de que la extrema derecha acaricie hoy el 20% de las intenciones de votos.

¿Entonces para qué una candidatura comunista revolucionaria en estas elecciones?

No queremos contribuir al circo institucional callándonos o llamando a votar al mal menor. Nos presentamos a estas elecciones para reforzar un mensaje claro. Las instituciones no cambian las vidas de las clases populares y votar cada cuatro años tampoco. La vía que proponemos es más compleja pero mucho más realista. Para enfrentarse a la ley del más fuerte que conlleva opresiones, explotación y guerras hay que oponerle la fuerza de las luchas, de las huelgas y de la organización de los/as trabajadoras y de la juventud. No creemos que exista la posibilidad de un capitalismo de rostro humano y que se puede gestionar mejor este sistema en función de quiénes estén al mando de las instituciones. El capitalismo no es reformable. Este sistema se basa en la explotación de una minoría sobre una mayoría. Su objetivo fundamental es siempre el mismo: aumentar los beneficios de una minoría a costa del bienestar de la mayoría. Aunque esto suponga miseria, cambio climático o guerras. Nos presentamos para visibilizar una política que defienda acabar con esa lógica y ofrezca una alternativa. Una alternativa basada en una sociedad sin ningún tipo de opresión ni de explotación en la que los y las que producimos las riquezas, por medio de nuestro trabajo diario, seamos los que decidamos sobre todo. No necesitamos a los millonarios, ellos nos necesitan a nosotros/as. Sin nosotros/as, nada funciona: ni los supermercados, ni los hospitales, ni las escuelas, ni el transporte, ni los hoteles. Nada. Esta alternativa – que nosotros/as llamamos comunismo – será fruto de la movilización consciente de la mayoría o no será. Nos presentamos a estas elecciones para tratar de reforzar esas ideas entre los/as trabajadoras y la juventud y para convertir votos en compromiso militante en nuestros barrios, nuestros centros de trabajo y de estudio.

¿La división de la izquierda beneficia a la derecha y a la extrema derecha?

Esta candidatura pretende desenmascarar las falsas ilusiones generadas por la izquierda institucional ya sea de IU, de SUMAR o de PODEMOS que hablan – sin sonrojarse – de políticas sociales para las clases populares cuando están en campaña, sin llevarlas nunca a cabo cuando gobiernan de la mano del PSOE. Ahora SUMAR e IU, antes PODEMOS. Todos han avalado y avalan las políticas del PSOE de rearme, de bajos salarios, de jubilación a los 67 años, de deterioro de los servicios públicos o de inaccesibilidad de la vivienda. Por más declaraciones que estas organizaciones puedan hacer, los datos son tozudos. El no a la guerra en Irán o el reconocimiento del Estado Palestino no han impedido que la izquierda institucional avale unos gastos militares que superan ya los 60 000 millones de euros desde 2018, unos contratos de compra venta de armamento con el Estado genocida de Israel por valor de más de 800 millones de euros o la participación del Estado Español en misiones militares que refuerzan claramente la arquitectura defensiva de los EEUU y del Estado de Israel en la guerra actual. Por si todo eso fuese poco, los capitalistas gozan también de muy buena salud con la izquierda institucional en el poder. Así lo remarcaba El País, el pasado 28 de febrero, afirmando que “las empresas españolas nunca habían ganado tanto dinero como el año pasado: 71 118 millones de euros”. Esos datos de las empresas del IBEX 35 contrastan sin embargo con un poder adquisitivo en caída libre para las clases populares. Los salarios aumentan muy por debajo del coste de la vida. Mientras éstos sólo han aumentado un 30% en estos últimos diez años, los alquileres lo han hecho un 82%. Esas políticas son las que dividen a nuestra clase, generando desilusión e incluso rabia en su seno hasta el punto de acercarla peligrosamente a la extrema derecha. De hecho, esas políticas son las que alimentan a la extrema derecha. Desde 2019, Vox no ha dejado de crecer y sus ideas tampoco. Y no ha dejado de hacerlo, en gran parte, porque la izquierda institucional en el poder no se ha enfrentado a las causas materiales que lo hacen posible.

Hasta que no se apliquen políticas que se enfrenten a los intereses de los capitalistas apoyándose en las movilizaciones existentes, no se estará luchando contra las causas materiales que alimentan a la extrema derecha. Asumir esto significa admitir que para permitir el acceso a la vivienda de los/as jóvenes hay que enfrentarse a los intereses de los grandes propietarios que especulan con nuestras vidas y expropiar las viviendas vacías de las entidades financieras. Asumir esa política significa admitir que para que nuestro poder adquisitivo no disminuya, es necesario incrementar nuestros salarios, como mínimo, al mismo nivel que el coste de la vida, expropiando los beneficios indignantes de las empresas del IBEX 35. Asumir esa política significa admitir que para proteger nuestros servicios públicos hay que revertir todas las privatizaciones y abandonar la política del rearme. Asumir esa política significa admitir que para acabar con un modelo territorial que ha condenado al pueblo trabajador andaluz al subdesarrollo económico es fundamental oponerse a una burguesía andaluza y española que siempre tuvieron intereses económicos comunes basados en la explotación de los y las andaluzas y en la inversión de sus inmensos beneficios en los centros industriales fuera de Andalucía. Pero esa política solo se puede imponer mediante la movilización y las huelgas de nuestra clase. En ningún caso mediante el juego institucional. Esa política de ruptura es la que no está dispuesta a asumir la izquierda institucional en su conjunto y es la que habrá que visibilizar en estas elecciones.