NO ES POSIBLE ACABAR CON LAS GUERRAS SIN OPONERSE AL CAPITALISMO

Tras la agresión imperialista de EEUU y el estado de Israel a Irán, Pedro Sánchez publicó en la red social “X” que rechazaba “la acción militar unilateral de EE.UU. e Israel…” y “las acciones del régimen iraní…”, a la vez que pedía el pleno respeto del derecho internacional”. En una entrevista, el ministro de Exteriores José Manuel Albares siguió el camino marcado por el presidente del Gobierno al afirmar que no se van a usar las bases de soberanía española para nada que no esté dentro del convenio con EEUU y la Carta de Naciones Unidas, las bases no se están utilizando para esta operación militar. Albares también dijo que iba a trasladar al embajador iraní que “su respuesta tenía que cesar inmediatamente porque era injustificada”, que “debían usar su influencia sobre Hezbolá para que cesen los lanzamientos de misiles y cohetes sobre Israel” y aprovechó para recordar que el gobierno había votado a favor de las sanciones a Irán (cuyas consecuencias las han sufrido la clase obrera iraní), mostrando su apoyo a este tipo de “diplomacia”. Igual que sucedió con su posición frente al genocidio perpetrado por el sionismo, el gobierno PSOE-Sumar ha recibido varias muestras de apoyo, tanto a nivel estatal como internacional, y ha sido puesto como ejemplo de oposición al imperialismo de Trump.

De hecho, ha sido el propio Trump quien más ha contribuido a fortalecer la figura de Pedro Sánchez sobre todo a nivel internacional, primero con su exabrupto en una reunión con el canciller alemán, afirmando que “nadie le dirá que no puede usar sus bases” mientras amenazaba con un bloqueo comercial al Estado español, y más tarde con unas declaraciones unos días después en las que decía que “España es una perdedora”.

Un “no a la guerra” con letra pequeña

La estrategia del gobierno no ha sido nueva. Como al inicio del genocidio palestino, su primera decisión ha sido la de mantener la equidistancia, de tal manera que han logrado evitar el tener que posicionarse claramente contra sus aliados militares de la OTAN mientras repiten que su rechazo se debe a la ilegalidad de la guerra, aunque esto no ponga en duda la alianza entre EEUU y el Estado español. En la práctica esto significa dejar la puerta abierta a una participación del Estado español en cualquier conflicto que sí cuente con el paraguas del derecho internacional, como lo sería, por ejemplo, cuando se cuente con una ratificación de la ONU, la misma organización que se ha mostrado incapaz de parar el genocidio del pueblo palestino y que legitima al estado sionista y colonialista desde que en 1947 aprobara la Resolución 181 conocida como el plan de partición de Palestina.

De hecho, más allá del cinismo de las declaraciones de Albares, ya que las bases militares de Rota y Morón fueron claves al inicio de la llamada “Operación Furia Épica”, dando cobertura a la salida de 2 destructoras y 10 aviones que participaron en la agresión imperialista a Irán, no tardamos mucho en ver los límites de este tipo de “no a la guerra”.

Y es que solo un día después de la declaración institucional que hizo Sánchez el 4 de marzo de que “la posición del Gobierno de España se resume en cuatro palabras: ‘No a la guerra’”, se anunció el envío de la fragata Cristóbal Colón, una de más avanzadas y modernas de la Armada, al Mediterráneo oriental, acompañando al buque francés Charles de Gaulle, tras el impacto de un dron en la base británica de Akrotiri (Chipre).

La carta de la legalidad internacional fue jugada con otra buena dosis de cinismo, porque esta acción se legitimó con “el compromiso con la defensa de la Unión Europea y su frontera oriental”, obviando “casualmente” el hecho de que la base de Akrotiri es un enclave del Reino Unido, país que ya no es miembro de la UE. Por lo tanto, la fragata se ha mandado para defender unas instalaciones que están funcionando como plataforma para los ataques de Estados Unidos y el estado de Israel contra Irán.

Pero tenemos más ejemplos de cómo este “no a la guerra porque es ilegal” no es para nada efectivo. Porque, a pesar del revuelo que se generó, la realidad es que las bases de Rota y Morón siguen operando con total normalidad, tal y como aseguró una representante del comité de trabajadores del personal laboral de la base naval de Rota en elDiario: “estamos trabajando con normalidad. Las circunstancias ahora mismo no han cambiado en nada. Seguimos cada uno en nuestro sitio, sin restricciones ni cambios en el trabajo”. Una sensación que es acompañada por los datos que se han publicado en la web Flightradar, que recogió varios vuelos programados en Rota sin registrar tras el veto, lo que refuerza la idea de que, aunque no se estén usando directamente para bombardeos, las bases se siguen utilizando como punto de escala de la Armada de EEUU en dirección a Irán.

Recordemos que entre 2023 y 2024 los EEUU invirtieron millones de dólares en mejorar y ampliar las infraestructuras de la base de Rota y que, actualmente, el Estado español tiene 670 militares desplegados en el sur del Líbano para asegurar la zona y proteger al estado sionista y genocida de Israel.

Y, finalmente, porque hace unos días el Consejo de Ministros ha aprobado una transferencia de crédito de más de 1.300 millones de euros al ministerio de Defensa sin explicar a qué se van a destinar esos fondos, más allá de señalar que el dinero se destinará a “atender necesidades ineludibles”. Aumentar de golpe más de un 10% un presupuesto militar que no ha parado de crecer estos años no deja de ser significativo, si bien no es la primera vez que “el gobierno más progresista de la historia” actúa de esta manera: en 2025, por ejemplo, aprobaron más de 6.300 millones de euros extras para Defensa para modernización militar. ¡Menos mal que la posición del gobierno es la de “no a la guerra”!

La clase obrera no tiene patria

El PSOE, aprovechando la incontinencia verbal de Trump, ha pasado a la ofensiva en clave electoral como ya se está viendo en los comicios de Castilla y León. Al “no a la guerra” con el que quieren capitalizar el voto “de izquierdas” se une la utilización del concepto “patriotismo” para generar dificultades a PP y Vox. Como prueba de ello tenemos la intervención del ex presidente Zapatero en un acto electoral en Castilla y León: “Hay que ser valiente y patriota para decirle a ese presidente de Estados Unidos que no. Que en España manda el Gobierno de España, que en España manda España y la soberanía de España. Eso es ser patriota”.

Tal y como hiciera Pablo Iglesias y Podemos en su momento, se está intentando disputar un concepto atribuido a la derecha dotándolo de una carga de izquierdas. Esto tampoco es nuevo y merece la pena recordar que el patriotismo de izquierdas de los partidos socialdemócratas de Europa hace más de un siglo significó el alinearse con los intereses imperialistas de sus clases burguesas para acabar votando a favor de los créditos de guerra para la I Guerra Mundial cuya barbarie recayó en las clases obreras de todo el mundo. Debemos aprender de los errores pasados y por eso es necesario confrontar cualquier exaltación de patriotismo, aunque se pretenda vestir de un pelaje progresista. Porque en un estado capitalista (e imperialista, como es el caso del Estado español) detrás del patriotismo, por más de izquierdas que se diga, el concepto nacional busca ocultar las relaciones de explotación y dominación de la clase trabajadora no solo de aquí, sino también a nivel internacional, por parte de la burguesía española.

Realzar la idea de patria en el caso del Estado español significa también legitimar su carácter imperialista y blanquear el Régimen del 78, el régimen heredero de la dictadura fascista de Franco. Pero también porque los intereses de Repsol o del Banco Santander no son los mismos que los de la clase trabajadora; porque si mañana el Estado español entrara en guerra por sus intereses, serían nuestros hijos/as quienes morirían en el frente y no los suyos; y porque lo que defienden estos gobiernos (incluido este) no son los intereses de la mayoría social, sino los intereses de los que acumulan las riquezas. No debemos caer en su trampa. Frente al patriotismo: internacionalismo e independencia de clase.

El capitalismo engendra las guerras. Acabemos con el capitalismo

Hay que decirlo alto y claro: no es posible oponerse realmente a las guerras sin enfrentarse a las causas que las producen. Causas que son producto de la crisis estructural de un sistema capitalista, lo que provoca que las tensiones entre las diferentes fracciones de la burguesía por el control de mercados, rutas y recursos estratégicos no paren de aumentar. Son sus intereses los que alimentan las tensiones imperialistas y los que nos llevan a esta escalada armamentística y militar. Es necesario romper esta dinámica, y ahí radica el problema de la política de este gobierno, que es que se limita a reprender las acciones imperialistas cuando se salen de la farsa de la “legalidad internacional” pero sin enfrentarse a los intereses de los que más tienen, lo que no evita que avancemos hacia ese escenario de guerra generalizada, cuyas consecuencias sufriremos las clases trabajadoras a nivel internacional.

Por eso, nuestro desprecio a Trump tiene un carácter de clase. Porque pertenece y representa a la facción de capitalistas más poderosa del mundo y por eso nos oponemos a sus políticas, a la vez que apoyamos y nos solidarizamos con las luchas de los y las trabajadoras de EEUU. Porque una derrota del imperialismo de la burguesía estadounidense puede tener un efecto dominó en el resto de burguesías mundiales. No queremos sustituir el imperialismo yanki por el imperialismo español o europeo, queremos acabar con todo tipo de imperialismo porque sus objetivos son someter y saquear a la clase obrera de todo el mundo. Pero para poder hacerlo es necesaria la irrupción de los y las trabajadoras en la política, que se organicen y se enfrenten a sus propios gobiernos mediante la movilización y las huelgas a la par que se van tejiendo lazos de solidaridad internacionalista.

El capitalismo es un sistema podrido que nos lleva al abismo mientras siga existiendo. Es necesario defender una sociedad alternativa sin ningún tipo de opresión ni explotación, una sociedad comunista en la que los y las que producimos las riquezas y hacemos que todo funcione seamos los que decidamos sobre todo. Para afrontar esta tarea es necesario organizarse colectivamente para defender esa perspectiva y entender que los cambios no surgen, ni nunca lo hicieron, de las elecciones o de los debates parlamentarios sino de las movilizaciones y de las huelgas de nuestra clase y en ese sentido, no hay atajos posibles.