¿«DESCOLONIZAR» NAMIBIA? EL CAMINO AÚN ES LARGO…

Traducción de Alberto Lavín de un artículo de Lorenz Wassier para la organización alemana Revolutionär Sozialistiche Organisation (RSO). Foto de http://ftm.eu

El ataque de Rusia a Ucrania generó un problema energético en Alemania. Al mismo tiempo, la demanda de recursos aumenta debido a la IA, y Alemania quiere estar en primera línea. En este escenario, se impulsa el gigantesco proyecto «Hyphen»: producción de hidrógeno en el territorio de la antigua colonia de Namibia, un país donde, a partir de 1904, la «Schutztruppe für Deutsch-Südwestafrika» [Tropa de Protección del África del Sudoeste Alemana] cometió un genocidio. El proyecto «Hyphen», liderado por una joint venture germano-británica, tiene previsto firmarse a principios de este año. La inversión prevista de 10.000 millones de dólares equivale aproximadamente a la mitad del Producto Interior Bruto del país. ¿Es esto neocolonialismo puro y duro?

Cuando Alemania se estableció en África, la trata de esclavos —que se había cobrado 15 millones de víctimas— había terminado. La joven burguesía industrial veía ventajas económicas en la creación de un imperio colonial y abogó cada vez más por ello. Bismarck, por el contrario, veía más costes que beneficios. La colonización de Namibia a partir de 1884 llegó, por tanto, relativamente tarde y estuvo marcada por una violencia brutal.

El territorio de África del que se apropió Alemania se denominó «África del Sudoeste Alemana». La administración colonial difundió la idea de que los territorios conquistados eran tierras alemanas. Aunque el África del Sudoeste Alemana consistía predominantemente en el desierto del Namib, estaba habitada por numerosos pueblos. Cuando en 1904 los Ovaherero (el pueblo Herero) y los Nama se organizaron para defenderse militarmente, surgió en el bando alemán el plan de exterminar a estos grupos de población. Los Ovaherero fueron a la guerra: atacaron los asentamientos alemanes y recuperaron inicialmente el control de su territorio. Como consecuencia, en octubre, el líder de la «Schutztruppe», Von Trotha, escribió que dispararía a «todo herero, con o sin fusil, con o sin ganado». Así, Alemania cometió el primer genocidio del siglo XX. En cuatro años, 85.000 personas fueron asesinadas. El 80% de los Ovaherero y el 50% de los Nama murieron por ejecuciones, fusilamientos, sed en el desierto o hambruna. Como se muestra en la película Der vermessene Mensch (2023), ya existían los crueles experimentos supuestamente médicos que más tarde continuarían en el nacionalsocialismo: numerosos cráneos de las víctimas fueron trasladados a Alemania para «probar» que los negros eran «subhumanos» (Untermenschen).

En pleno genocidio, se celebró en 1907 el Congreso Socialista Internacional en Stuttgart, donde Bernstein, uno de los principales representantes del ala derecha del SPD, se burló de la «idea utópica» de «vender las colonias». Añadió: «La última consecuencia de esta visión sería devolver los Estados Unidos a los indios». Consecuentemente, defendió el recién conquistado territorio alemán. Tras un día de debate, sin embargo, el Congreso se posicionó en contra y votó a favor de una resolución que condenaba el colonialismo: «La misión civilizadora a la que apela la sociedad capitalista solo le sirve de tapadera para sus ansias de conquista y explotación».

Reconocimiento del genocidio

Solo más de un siglo después se reconocen los crímenes: desde 2015, el Gobierno federal alemán los califica de genocidio. El ministro de Exteriores Maas (SPD) destacó esto en 2021 en un discurso en el que no solo reconoció la culpa de Alemania, sino que anunció un «programa sustancial de 1.100 millones de euros para la reconstrucción y el desarrollo». Esta declaración se conoce en Namibia como la «Joint Declaration» (Declaración Conjunta). Las buenas palabras y la cantidad, en realidad escasa, que se pagará a lo largo de 30 años, han causado resquemor entre los namibios: el dinero se pagará de hecho como «ayuda al desarrollo». Parte de la población local entiende estas palabras como una evasiva que elude la disculpa necesaria. El gobierno alemán tiene previsto, por ejemplo, construir carreteras. Una miembro de los Nama plantea la pregunta retórica de si eso es realmente lo que la población quiere y necesita. ¡También durante la colonización la potencia colonial alemana hizo construir carreteras e incluso ferrocarriles mediante trabajos forzados y, por supuesto, no para los namibios!

Hidrógeno de Namibia…

Paralelamente a la «Joint Declaration», las nuevas intenciones económicas del capital alemán en el país son cada vez más visibles. El mayor de estos objetivos económicos es «Hyphen Hydrogen Energy», que pretende producir hidrógeno verde de forma masiva. En un país donde el 40% de la población no tiene acceso a la red eléctrica, la empresa alemana Enertrag quiere construir un complejo industrial en una superficie de 4.000 km². Inicialmente, se generará electricidad a partir de aerogeneradores y paneles solares. Dado que el hidrógeno se obtiene mediante la electrólisis del agua, también se construirán plantas desalinizadoras. Sin embargo, el transporte de hidrógeno por vía marítima es técnicamente difícil, por lo que se convierte en amoníaco antes de su embarque. Tras una larga travesía, la energía almacenada en los átomos de hidrógeno podrá utilizarse finalmente, por ejemplo, en Europa. Hace unos años ya se presentó en Alemania una llamada «red troncal» destinada a la distribución nacional de hidrógeno. Empresas como Thyssenkrupp supuestamente se están preparando para producir «acero verde» con la ayuda de este hidrógeno.

Las circunstancias de este megaproyecto están levantando fuertes críticas. En su página web, Hyphen se esfuerza por disipar supuestos «malentendidos». Se pone gran énfasis en presentar el proyecto como «ética y socialmente responsable». Si bien parte del agua desalinizada se entregará a la ciudad próxima de Lüderitz, no queda claro en qué cantidad. También se sugiere que el exceso de energía (excess energy) se transferirá a Namibia; en realidad, se trata de electricidad que la operación no utiliza en días muy soleados o ventosos. El argumento central sigue siendo la promesa de que se crearán miles de puestos de trabajo tanto en la fase de construcción como en la explotación posterior.

Sin embargo, la superficie afectada se encuentra en parte dentro de un parque natural, y la Nama Traditional Leaders Association señala que la península de Shark Island, en la bahía de Lüderitz, quedará en medio de la zona industrial. Shark Island fue, durante el genocidio, la sede de un campo de concentración donde miles de personas fueron asesinadas por los alemanes.

¿en interés de quién?

Sigue siendo cuestionable qué obtendrán realmente los namibios de hoy con este proyecto. Incluso las grandes potencias imperialistas que lo impulsan persiguen intereses a veces contradictorios. En Alemania, la ministra federal de Industria ha «flexibilizado» recientemente los objetivos climáticos de modo que el precio de la energía fósil vuelva a ser barato, por lo que el costoso hidrógeno posiblemente no encuentre compradores. Ya en septiembre del año pasado la empresa energética RWE se retiró del proyecto.

Más allá de los beneficios inmediatos, Alemania aspira con un proyecto así a dominar una nueva tecnología —más concretamente, a demostrar la viabilidad de una industria de «hidrógeno verde» para asegurarse una posición de monopolio ante el tremendo cambio climático de los próximos años. Pero incluso a este nivel no todo está ganado con Hyphen: para la conversión del hidrógeno en amoníaco está prevista la empresa china Huaneng Group.

Claramente, Hyphen no está diseñado para servir a los intereses de los namibios. Hablar de una situación en la que todos ganan (win-win) es también muy cuestionable. La energía se produce en un país pobre para ser utilizada en otro lugar: esto nos hace pensar inevitablemente en la explotación colonial.