Traducción de Rubén Quirante para IZAR de una editorial del NPA-R (Francia).
Después de que Trump decidiera intervenir militarmente en contra de Venezuela para hacerse con su petróleo y después de que éste reafirmase su deseo de hacerse con Groenlandia y con sus recursos, le toca ahora a Irán. Una nueva excusa para justificar una posible intervención militar. En este caso no se trata ya de una supuesta lucha contra el narcotráfico sino de supuestamente salir a defender a una población iraní que lleva semanas enfrentándose a la dictadura de Jamenei y sufriendo una represión que se ha saldado ya con varios miles de muertos y otros tantos detenidos. Sin embargo, al igual que ya pasara con Venezuela, el mundo entero lo tiene claro: este nuevo pulso de Trump tiene una misma lógica y sigue teniendo que ver con la defensa de los intereses imperialistas de EEUU en la región.
Su “democracia” tiene olor a petróleo
En Venezuela, los EEUU han ido a hacerse con unos recursos petrolíferos que no controlaban exclusivamente. Desde que secuestraran a Maduro, y para seguir presionando a un régimen obligado ya a alcanzar compromisos, los EEUU bloquean las exportaciones de crudo e interceptan petroleros para prohibir el uso del petróleo venezolano por parte de otras potencias, como Rusia o China, que mantienen negocios con Caracas.
Pero Trump no se detiene ahí. Sigue amenazando a otros países de América Latina, que no están totalmente alineados con los EEUU, de llevar a cabo ataques militares terrestres. Su objetivo es forzarles a que se sometan a sus exigencias, mientras recuerda a sus aliados europeos su interés por Groenlandia (colonia danesa), un territorio que desearía robarle (o comprarle) para controlar sus prometedores yacimientos submarinos, sin que el pueblo de Groenlandia, que pasaría de un colonizador a otro, tenga nada que decir.
Pero las masas populares no se resignan
Hoy, le toca a Irán estar en la diana de Trump. De nuevo aquí, una posible intervención militar nada tendría que ver con la defensa de la “democracia” o del pueblo iraní. Si Trump amenaza a Irán, es para frenar un movimiento social cuyas consecuencias son imprevisibles, peligrosas – al poder ser éstas ejemplarizantes para los pueblos de las dictaduras pro-occidentales de los países vecinos – y, evidentemente, por los intereses de los grandes trust petroleros presentes en la región.
El levantamiento popular en Irán tiene como punto de partida una crisis económica que los dirigentes del país están haciendo pagar a las clases populares imponiendo la austeridad y la congelación, o incluso el no pago de sus salarios. Una crisis cuyas causas tienen tanto que ver con la corrupción del régimen como con las sanciones económicas impuestas en contra de Irán por parte de las grandes potencias, con EEUU a la cabeza.
A pesar de los crímenes policiales, del apagón de internet y del cierre de las universidades, las manifestaciones han ido en aumento. Pero los y las manifestantes no luchan por ver a los dirigentes actuales sustituidos, a golpe de bombardeos americanos, por el regreso al poder de una monarquía, encarnada por el hijo del antiguo Sah de Irán, el cual fue derrocado en 1979 por una revolución popular.
En cuanto a Trump, éste también podría tener algunas cuestiones por las que preocuparse al calor de las actuales manifestaciones de masas que están teniendo lugar en varias ciudades de EEUU en contra de su propia política. Unas movilizaciones que reclaman el fin de las actuaciones de su siniestra policía de la inmigración, el ICE, y que exigen justicia para Renee Good, una conductora asesinada en el marco de una manifestación cuando estaba documentando las violencias policiales. Trump y sus semejantes se atacan al mundo entero: hay que movilizarse para impedírselo.