Crecimiento económico para unos…
Hace unos meses la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) certificaba unas previsiones de crecimiento del PIB del Estado español de un 2,6% en 2025, valor que casi triplica a la media de la Eurozona (1,2%). Según el mismo organismo, el año 2026 también supondrá un año de crecimiento, alcanzándose cifras de un 2%, justo el doble que la Eurozona (1%). En los últimos años, el crecimiento del PIB ha sido de en torno a un 15%, llegando casi a triplicar al de la Unión Europea. Es decir, según estos datos, la economía española avanza con buena salud.
Los dividendos millonarios de las grandes empresas del IBEX 35 no desmentirían esto. Si en 2024 ya se disparaban los beneficios en un 26%, el primer semestre de 2025 se cerró con 31.758 millones de euros en beneficios, es decir, con un crecimiento del 7,4%. Solamente la banca reportó 17.000 millones, lo que ha supuesto un crecimiento de un 11%.
…y pobreza y precariedad para el resto
Sin embargo, detrás de estos valores millonarios que llenan bolsillos y fortunas personales, se esconde un país atravesado por la desigualdad, la pobreza y la precariedad, como demuestra el IX Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en España, elaborado por la Fundación FOESSA.
Uno de los primeros lugares donde se ejemplifica esta contradicción es en la precariedad que se vive en los propios centros de trabajo, donde hasta un 47,5% de la población activa (11 millones de personas) trabajan en condiciones de inestabilidad e inseguridad laboral. En 2023 la temporalidad siguió representando un 17,2%, tres puntos por encima de la media de la UE, valores que se agudizan entre las mujeres (19,6% vs 15,1% en los hombres) y entre la juventud (un 27,6% entre los 25 y los 29 años). Así mismo, el trabajo parcial se ha triplicado (pasándose de un 4 a un 14%), no siendo algo voluntario sino la única alternativa para muchos trabajadores y, muy especialmente, trabajadoras (en 2023, el 73% de los contratos a tiempo parcial eran ocupados por mujeres).
Hasta un 20% de las y los trabajadores se encuentra en trabajos con bajos salarios, caracterizados por temporalidad, contratos parciales y precariedad, siendo de nuevo entre las mujeres, la juventud y las personas migrantes donde se concentra los porcentajes más altos de este tipo de empleos. Frente a esto, los precios han subido un 34% en los últimos 16 años, por encima de los salarios. Es decir, el alza de los precios ha absorbido los incrementos salariales de los últimos años. Un ejemplo de ello: los hogares más pobres tienen que destinar un 43% de sus ingresos para poder acceder a un alquiler.
Como consecuencia de todo esto, se dibuja un panorama donde una de cada cinco personas se encuentra en riesgo de pobreza. En este sentido, dos datos muestran cómo han aumentado (a pesar del crecimiento económico) las privaciones materiales: de un lado, si en 2019 un 8% de la población no podía mantener una temperatura adecuada en su vivienda, en 2023 este valor se disparó hasta el 21%; de otro, en ese mismo año 2023, se registró que un total 3 millones de personas no pueden alimentarse correctamente (un 6% de la población). Y frente a esto, la riqueza se concentra en cada vez menos manos: el 10% de los hogares más ricos posee el 54% de la misma (frente a un 42% en 2002).
Bajo este sistema, no hay alternativa
Los datos aquí recogidos (entre otros muchos, ya que se tratan de simples pinceladas) nos muestran la esencia del sistema económico, político y social en el que vivimos, que se basa en la lógica de la obtención del máximo beneficio para unos pocos, mientras se extienden la precariedad, la miseria y la explotación. Al verlos no puede quedar duda sobre ello: la riqueza se concentra en unas pocas manos, familias cuyos hijos e hijas irán a los mejores colegios y seguirán concentrando esa riqueza, mientras que una mayoría de la población se enfrenta a dificultades para poder acceder a una vivienda, para poder calentar su casa en invierno o para poder llegar a fina de mes, incluso a pesar de contar con uno (o más) empleos.
El crecimiento económico reflejado en el PIB no debería esconder esta realidad. De hecho, es esta realidad la que tendría y tiene que ser el campo de batalla para cualquier organización que se reclame de izquierdas, ya que ni la precariedad ni la pobreza deben festejarse, sino solamente combatirse. Es incomprensible que hayan pasado años sin que se haya realizado una huelga general conjunta en el Estado español (desde noviembre de 2012) a pesar de las múltiples razones para ello. Como también es incomprensible la falta de crítica a esta realidad apabullante. Falta de crítica que tiene que ver con no querer asumir que las políticas del gobierno, aunque se autodenomine como un gobierno progresista, no se están enfrentando a los intereses de los que más tienen y por tanto no están sirviendo para solucionar los problemas de los abajo, de las y los trabajadores, problemas que siguen creciendo, como puede verse. Por tanto, no cabe duda que bajo este sistema no hay alternativa, y que la única alternativa que nos queda es la movilización en nuestros centros de trabajo, en nuestros de estudio y en nuestros barrios.