¿POR QUÉ HOY, MÁS QUE NUNCA, DEBEMOS SEGUIR SALIENDO A LA CALLE EL 25 DE NOVIEMBRE?

El próximo 25 de noviembre, volvemos a salir a las calles de diferentes ciudades y pueblos para seguir mostrando y gritando bien alto que la violencia hacia las mujeres, desde todos los aspectos posibles de la sociedad, sigue existiendo; y, por supuesto, que las mujeres trabajadoras y la juventud nos mantendremos firmes en la lucha contra esta lacra social.

El origen del 25 de noviembre ya explica por sí solo la necesidad de combatir el sistema capitalista y patriarcal en el que vivimos. Bajo el mandato del dictador de la República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo, las hermanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal fueron asesinadas por ser militantes convencidas contra las injusticias de este sistema. A pesar de haber sido arrestadas varias ocasiones, nunca abandonaron la lucha política. En 1960, el 25 de noviembre, fueron interceptadas por agentes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), golpeadas brutalmente y estranguladas. Los cuerpos de Minerva (34 años), Patria (36) y María Teresa (25) fueron arrojados a un barranco junto con el coche en el que viajaban, en un intento de simular un accidente. Esto conmovió a la población, consciente de los verdaderos culpables de la muerte de las tres hermanas, y aceleró la caída del régimen. Hoy, más que nunca, en un auge de la extrema derecha y de ideologías fascistas, es importante recordarlas.

La violencia machista mata

Vemos cómo se esconde, se ridiculiza y se sigue pretendiendo negar un problema existente dentro del sistema económico, social, cultural, capitalista en el que vivimos. La violencia hacia las mujeres no solo no ha desaparecido sino que, para más inri, tenemos que luchar porque no se nos arrebaten derechos conquistados y exigir que se nos crea a pesar de los datos.

Según feminicidios.net se han registrado un total de 76 feminicidios hasta el mes de noviembre. 36 de ellos íntimos y de carácter oficial; 2 de ellos no oficiales; 36 en el ámbito familiar; 6 no íntimos realizados por personas que no mantenían una relación amorosa, etc. ¿De verdad alguien puede seguir negando que la violencia machista existe?

Sin embargo, esto no acaba aquí. Los delitos sexuales realizados hacia las mujeres ha aumentado considerablemente. Según datos del Instituto Nacional de Estadística en 2023 se registraron 9 delitos; por el contrario, 2024 se cerró con 29 delitos, 11 de ellos realizados a menores de 16 años.

Las mujeres trabajadoras son las que más sufren la violencia machista

Sabemos que la violencia machista le arrebata la vida a miles de mujeres. Desde 2003 son 1271 las víctimas mortales oficiales por violencia machista. Sin embargo, esto no se queda aquí. Las mujeres trabajadoras, jóvenes, adultas o jubiladas son las que más sufren violencia.

Siguen existiendo en la actualidad otros tipos de violencia hacia las mujeres que imposibilitan la independencia económica, y por tanto, la posibilidad para las mujeres de acabar con relaciones machistas.

Según datos de los estudios realizados por CCOO, la brecha salarial entre hombres y mujeres es de más de 4000 euros anuales de diferencia; además, el trabajo parcial en el 73% de los casos son realizados por mujeres. Por tanto, los datos demuestran que entre 2022 y 2024 (últimos informes publicados) la desigualdad salarial se ha incrementado de un 18’6% a un 19’6%.

¿Por qué se da esta brecha salarial entre hombres y mujeres?

Las mujeres siguen desempeñando tareas mayoritariamente en el ámbito privado, lo que les obliga a tener trabajos de jornadas parciales, pedirse excedencias, permisos sin retribución por tareas de cuidados de menores o mayores, etc. Esto no solo implica un salario menor sino una doble jornada laboral: en el trabajo y en la casa. Pero ¿por qué no “puede” eliminarse el trabajo parcial? Esta claro que eso supondría aumentar los espacios públicos (residencias de mayores, centros infantiles de 0 a 3 años, comedores públicos…), y la realidad es que más que aumentar lo que no para es de recortarse en en este tipo de gastos sociales.

Sin embargo, lo que más perjudica a esa brecha salarial es la no inclusión de las mujeres en ciertos sectores con mejores convenios y mejor remunerados como por ejemplo, la producción industrial. Las mujeres se han ido incorporando a los sectores más precarios, ligados mayoritariamente al sector servicios: limpieza, cuidado de mayores, cuidado infantil, cocina, hostelería, etc.; y lo han hecho de una forma desigual, con menor salario y derechos que los sectores masculinizados, anteriormente mencionados. Fruto de ello, a igual número de horas de trabajo, unos cobran más y otras cobran menos.

En el terreno de las pensiones públicas, los datos de 2024 confirman que las mujeres continúan percibiendo pensiones contributivas de cuantía inferior: un hombre pensionista recibe 1.595 euros mensuales, frente a los 1.087 euros que percibe una mujer, lo que representa una brecha de 508 euros al mes. Aunque en términos relativos la brecha se ha reducido: ha pasado del 35,8% en 2018 al 31,9% en 2024, la diferencia sigue siendo muy abultada.

A pesar de todo esto, las políticas realizadas tanto por el Partido Popular como por el actual gobierno del PSOE en coalición con PODEMOS o SUMAR no han ido a favor de solucionar estos problemas. Un ejemplo claro de esto es la situación de las camareras de piso del sector hostelero. El Gobierno central está concediendo, sin ningún tipo de reparo, la jubilación anticipada a sectores como la tauromaquia o la policía a la vez que deja fuera a las camareras de piso pero hay que recordar que sólo un 5% de las camareras de piso se jubilan en activo. Esto significa, por tanto, que la mayoría tiene que dejar de trabajar al no aguantar más en su puesto aunque eso signifique dejar de cobrar el 100% de su pensión.

Señalar al sistema capitalista y patriarcal como generadores de la violencia machista es una responsabilidad

En todas las sociedades que se han estructurado en clases sociales se han utilizado las diferencias (hombres- mujeres; autóctonos- extranjeros; jóvenes-mayores) para que unos pocos obtengan más beneficios. Dentro del sistema capitalista también ocurre: la explotación realizada hacia la clase trabajadora y la juventud mediante la venta de su fuerza de trabajo, sacando un excedente económico de estos, se intensifica para sectores considerados inferiores o asociados a tareas concretas (como por ejemplo, en el caso de las mujeres, a las tareas de cuidados). Al igual que pasa con el machismo, otras corrientes ideológicas se han difundido por parte de la clase dominante para justificar la desigualdad de trato hacia los migrantes, como es el patriotismo y la aporofobia; hacia las personas con distinto color de piel, el racismo; etcétera. En definitiva, se trata de lo mismo: justificar, mediante una serie de falsas ideas, la sobreexplotación de ciertos sectores sociales (menores salarios, peores condiciones…) en pro de los beneficios que obtienen unos pocos. De hecho, en el Estado español, los/as migrantes cobran de media 19.903€, es decir que un trabajador autóctono cobra un 39% más que un trabajador migrante.

La incorporación de la mano de obra femenina en el mercado laboral se produjo porque el desarrollo de la industria requería de cada vez más mano de obra y porque, de camino, suponía un ahorro para el capitalista en salarios, ya que la misma cantidad de mano de obra, realizando el mismo trabajo y obteniendo el mismo resultado, sólo que siendo femenina, iba a cobrar un salario aún menor que el de los trabajadores. El que, a día de hoy, los hombres sigan ganando más que las mujeres en el Estado español muestra cómo sigue vigente esta tendencia de sobreexplotar a las mujeres. Además, las mujeres, así como cualquier otro sector sobreexplotado, dan equilibrio al mercado laboral, pues se incorporan o se retiran del mismo dependiendo de la oferta de empleo que exista en cada momento; y permiten que siempre haya trabajadores/as en paro, demandando empleo, lo que hace que los salarios se mantengan bajos, ya que siempre hay alguien en la cola.

Pero la opresión que las mujeres sufren no se limita a su papel en el mercado laboral. Las mujeres, además de servir de mano de obra al sistema, poseen una capacidad única: su capacidad reproductora. La familia es la máxima reproductora de la sociedad capitalista y patriarcal, pues asegura tres cuestiones fundamentales: 1) el control de la capacidad reproductiva de las mujeres y que se produzcan los individuos necesarios para satisfacer las necesidades de mano de obra del sistema; 2) la reproducción de los roles de género y, con ello, la realización por parte de las mujeres del trabajo reproductivo de forma totalmente gratuita para el sistema, obligándolas a cargar con las tareas de cuidados y en general con todas las actividades que el mantenimiento de la familia implica; y 3) reproducir en los individuos la ideología de la clase dominante para asegurar el sostenimiento del propio sistema, evitar las revueltas, aceptando el sometimiento como algo normalizado.

El miedo a perder el control de las mujeres incluso tratándose de un control del propio cuerpo de la mujer lo seguimos viendo en la actualidad con el intento, incluso, de retroceder en derechos ya conquistados en diferentes partes del mundo. Un ejemplo de esto es el caso de la Comunidad de Madrid donde a propuesta de VOX, las mujeres deberían ser informadas del “síndrome post-aborto” Sin embargo, este es un supuesto trastorno sin evidencia científica que difunden los grupos ultracatólicos para tumbar el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo. El PP votó a favor de esta propuesta aunque tras las críticas y movilizaciones realizadas en la comunidad, acabaron reculando con respecto a la obligatoriedad, sin embargo, mantienen el proponer dar la información; una información que no tiene ninguna evidencia médica.

¿Podemos acabar con la violencia machista hoy y las estructuras capitalistas y patriarcales que la alimentan?

Las raíces de la opresión hacia las mujeres son económicas: la sobreexplotación a las que se les somete para aumentar los beneficios de los dueños de las empresas en las que trabajan y el hecho de que se le asigne la realización del trabajo doméstico de forma gratuita, de manera que los capitalistas se ahorren por completo la función reproductiva de la mano de obra. El machismo es la ideología que normaliza la desigualdad a la que se somete a las mujeres; no es la causa sino un instrumento para perpetuarla. Por tanto, no se acaba con la posición subordinada de las mujeres tan sólo cambiando la cultura, tan sólo con coeducación en las escuelas: es necesario atacar a las raíces mismas de la opresión, es necesario acabar con los elementos materiales que la sostienen.

Debemos exigir que se amplíen los servicios públicos como comedores, ludotecas, lavanderías, etc. para que el trabajo doméstico pueda socializarse y sacarse del ámbito privado; además, es necesario derrocar el concepto de familia patriarcal como institución de la organización social, la cual alimenta el concepto de mujer sumisa y cuidadora; debemos de acabar con el concepto de género: que los individuos sean iguales, socialmente hablando, independientemente del sexo con el que nazcan, es decir, que no se les atribuyan características especiales ni roles diferenciados, por el hecho de tener uno un otro sexo biológico; y eliminar por completo con la división sexual del trabajo, tanto en el mercado laboral como en el hogar.

Todo esto es difícil pero existen pocos atajos. Desde IZAR seguimos pensando que nuestra herramienta es la huelga. Una convocatoria con reivindicaciones que hagan revertir la situación relatada es poner los cuidados en el centro de las reivindicaciones, defender la necesidad de un sistema de cuidados comunitario, público, universal, gratuito y de calidad, garantizado para todos y todas, en el que sus trabajadores y trabajadoras tengan unos salarios y derechos laborales dignos. Las organizaciones de la izquierda revolucionaria tenemos la responsabilidad de intervenir en los sindicatos defendiendo esta orientación para que las trabajadoras de todo el estado puedan lograr mejorar sus condiciones de trabajo y vida.

Una mujer puede tener igualdad de derechos y ser verdaderamente libre sólo en un mundo de trabajo socializado, de armonía y justicia, Mujer y lucha de clases de Alexandra Kollontai.