El pasado 13 de octubre, Trump presentaba el “plan de la vergüenza” en Sharm el-Sheij (Egipto), por el cual, la franja pasaría a estar bajo control estadounidense e israelí. Esta imposición, bajo la amenaza constante de la fuerza sobre el pueblo palestino, diseñada para maquillar un genocidio en curso y apaciguar la creciente presión internacional. Desde el anuncio del “alto el fuego” Israel ha seguido bombardeando Gaza, asesinando, según datos recientes de organizaciones humanitarias y la ONU, a más de 1.200 palestinos e hiriendo a otros 5.000, la mayoría niñas y niños.
Un lavado de imagen ante la presión de las calles
La jugada responde a una necesidad política: frenar la oleada de indignación internacional. En las últimas semanas se han producido huelgas generales y grandes movilizaciones en Jordania, Líbano, Buenos Aires, Indonesia, Grecia, Francia, Italia, EEUU y el Estado español, exigiendo el fin de las relaciones de todo tipo con el Estado genocida de Israel y recibiendo la represión como respuesta de sus gobiernos.
La complicidad de los Gobiernos: Pedro Sánchez y el doble discurso
Más obscena aún es la lista de Gobiernos que han aplaudido la farsa. Desde Washington a Bruselas, pasando por las monarquías del Golfo. El presidente Sánchez no ha dudado en sumarse al coro diplomático que bendice el plan, demostrando que su frecuente retórica de “defensa del pueblo palestino” es puro barniz electoral. Su postura no es un desliz: es coherente con su traición al pueblo saharaui, el cual se está movilizando para denunciar, el plan de Trump que entrega el Sáhara Occidental a Marruecos, al que también se plegó Sánchez y que se votará en el próximo jueves 30 de octubre, en el Consejo de Seguridad de la ONU. De ser aprobado, no solo se legitimará la ocupación marroquí, sino que se despojará a otro pueblo de su legítimo derecho a la autodeterminación
El genocidio silencioso en Cisjordania
Mientras los focos se centran en Gaza, Cisjordania sufre un genocidio silencioso. Asentamientos ilegales siguen expandiéndose, las incursiones militares dejan muertos y heridos a diario. El objetivo es el mismo: expulsar, fragmentar y borrar a la población palestina de su propia tierra.
La resiliencia de un pueblo indomable
Pese a todo, el pueblo palestino resiste. La vida cotidiana en Gaza es un acto de heroísmo: niñas que estudian entre ruinas, hospitales que operan con generadores improvisados, familias que reconstruyen sus casas una y otra vez. Ese ejemplo de resiliencia es la prueba de que ningún plan imperialista podrá borrar la identidad, la dignidad y la lucha de Palestina.
Nuestro deber internacionalista
La tarea de las y los trabajadores, de la juventud combativa es levantar un frente de solidaridad internacional que exija el fin inmediato de todas las relaciones políticas, diplomáticas, comerciales y militares con el Estado colonial y genocida de Israel. Nuestro enemigo no es “solo” Netanyahu: está también en la Moncloa, en el Elíseo o en Downing Street, porque es la clase dirigente que arma, financia y legitima la barbarie.
La paz real no vendrá de sus conferencias ni de sus acuerdos a puerta cerrada. Vendrá de la movilización masiva de los pueblos del mundo contra sus propios gobiernos que sostienen al Estado sionista. La solidaridad internacionalista, organizada desde abajo, es la única fuerza capaz de frenar la máquina de guerra del imperialismo.
Israel no solo mata: experimenta. El asedio a Gaza y el genocidio en Palestina son también un banco de pruebas para la tecnología militar y de vigilancia que luego se exporta a Occidente. Herramientas testadas contra la población palestina se están implantando ya en la frontera sur de la UE contra migrantes, o en las principales ciudades para vigilar y reprimir la protesta social. El genocidio palestino no es un hecho aislado, es parte de una dinámica global de militarización y represión. Es imprescindible que las y los trabajadores y la juventud del mundo entendamos que Palestina somos nosotros: su lucha es la nuestra, su enemigo es también el nuestro, y su victoria será una victoria colectiva contra el imperialismo y el capitalismo que nos condena a la guerra y la miseria.
¡Construyamos una huelga internacional e indefinida para detener el genocidio en Palestina y por el derecho de autodeterminación de los pueblos!