Esta resolución de finales de septiembre del NPA-R de Francia pretende abrir debates, a través de tres puntos de cristalización de los conflictos en el mundo (Palestina, Ucrania-Rusia, movilizaciones de la extrema derecha contra movilizaciones sociales y políticas), siendo conscientes de que existen muchos más y que esta resolución no tiene ninguna pretensión de ser exhaustiva.
1. El movimiento de solidaridad con Palestina y nuestras tareas con respecto a la oposición al imperialismo y al militarismo
El aumento de las tensiones entre imperialismos, en particular entre EEUU y China, y las maquinaciones de las grandes potencias – y de las no tan grandes también – alimentan la inestabilidad en el mundo. Más allá de la gran diversidad de conflictos existentes entre Estados, clases y pueblos, existe hoy una línea de enfrentamiento que sobresale a escala internacional: el enfrentamiento que opone a apoyos y detractores del pueblo palestino.
La voluntad del imperialismo americano por mantener su hegemonía frente a sus competidores imperialistas emergentes ha favorecido la ofensiva de su principal gendarme en la región estratégica de Oriente próximo. Una ofensiva en contra del pueblo palestino pero también en contra del Hezbolá libanés, de Irán y de Yemen. Israel demuestra así una fuerza militar que va en aumento, minando sin embargo su legitimidad a ojos de los/as trabajadoras y de los pueblos del mundo.
El genocidio perpetrado por Israel ha hecho emerger y crecer un movimiento internacional de solidaridad en todos los continentes, a pesar de los altos y bajos que éste haya podido conocer. El contraste entre la complicidad de las grandes potencias, junto con las de los regímenes árabes reaccionarios, y la multiplicación de manifestaciones de masas a nivel mundial está siendo muy llamativo. Está siendo un factor de politización que está favoreciendo una toma de conciencia internacionalista para miles de jóvenes y también para sectores amplios de trabajadores/as.
Persisten en el mundo las manifestaciones de masas y se convocan huelgas en algunos países
Estos últimos meses, se han desarrollado dos tipos de movilizaciones en solidaridad con Palestina. Por un lado, las manifestaciones de masas que han conocido un nuevo impulso a raíz en parte de las protestas ligadas con la Vuelta ciclista de España y, por otro, el éxito de las dos huelgas generales en Italia.
Las manifestaciones de masas en Gran Bretaña, en el Estado Español o en los Países Bajos demuestran que existe la posibilidad de construir un movimiento de solidaridad de masas a nivel internacional, incluso cuando la relación de fuerzas global parece desfavorable. Tomar iniciativas sigue siendo importante. En este sentido es interesante analizar la experiencia de Australia a través del éxito de la manifestación del 24 de agosto con más de 300 000 personas en la calle. Los/as compañeras de Socialist Alternative nos han explicado que la amplia participación en dicha manifestación fue posible gracias a una orientación impulsada por su organización, junto con otras, en particular en la ciudad de Sídney en la que se desmarcaron muy claramente de cualquier discurso nacionalista. El portavoz de dicha organización llegó a ser muy mediático los días previos a la manifestación.
En Italia, el éxito de las dos huelgas generales en apoyo a Palestina han marcado un antes y un después. Sin embargo, la situación no es más sencilla allí que en otros lugares. En Italia, hay un gobierno de extrema derecha con un movimiento obrero integrado, muy mayoritariamente, en el aparato del Estado. A pesar de todo esto, la iniciativa llevada a cabo por una corriente sindical minoritaria (USB) junto con otros sindicatos de base – que habían hecho un llamamiento a realizar una huelga general y a “bloquearlo todo” – permitió que se llevara a cabo una movilización masiva el pasado 22 de septiembre. Ese día, tuvieron lugar manifestaciones en 80 ciudades que consiguieron reagrupar a cerca de 1 millón de personas con 300 000 en Roma. En esas manifestaciones hubo una presencia notable de la juventud pero también hubo numerosas huelgas en el sector de la educación, en centros logísticos y en los transportes públicos con un seguimiento a la huelga reconocido por el gobierno de un 25% en los trenes regionales. Otros sectores como los taxistas también estuvieron en huelga al igual que empleados del Vaticano. En todas partes, los puertos estuvieron bloqueados, mientras los/as estudiantes hacían lo propio en sus facultades. Incluso un número muy importante de comercios cerraron ese día en solidaridad con Palestina.
Las manifestaciones de esos días también sirvieron como prueba de fuego frente a un nuevo Decreto Ley llamado « DDL Sicurezza ». Este Decreto, que prevé multas y condenas de cárcel por bloquear establecimientos públicos o el tráfico, fue algo que muchos/as manifestantes no dudaron en saltárselo a pesar de las amenazas.
Hay que construir una oposición frente al auge militarista y bélico, aquí y en Europa
En Europa, la política militarista está estrechamente ligada con la reorganización en curso de los imperialismos occidentales. Debemos apoyarnos en el interés que suscita la cuestión palestina para denunciar, con más razón, la política guerrera y militarista de nuestros propios imperialismos.
2. Intensificación de la guerra en el frente ruso-ucraniano
La guerra se intensifica en el frente ruso-ucraniano. Bombardeos rusos en Ucrania que se intensifican, intrusiones recientes de drones – aparentemente rusos – en el cielo polaco y rumano, incursión rusa – desmentida por Putin – en el espacio aéreo de Estonia mediante tres cazas Mig-31.
¿Qué representa esa intensificación? ¿Es la última etapa de una escalada guerrera o unos errores que pueden llegar a tener consecuencias devastadoras? En cualquier caso, lo que está claro es que esta situación ha sido utilizada por los países occidentales para señalar a Putin como único responsable de las « violaciones del derecho internacional » aunque dichas potencias no tengan ningún reparo en hacer lo mismo. Barcos hundidos por parte de la UE en el Mediterráneo y por parte de EEUU en el mar Caribe, ataques a la flotilla por parte de Israel… Y es que en frente, se encuentra la OTAN, la cual el pasado 23 de septiembre reunió a 32 de sus representantes para tratar una posible respuesta en el caso de amenaza sobre uno de sus miembros tal y como prevé su artículo 4.
¿En qué situación nos encontramos exactamente? ¿En una intensificación del conflicto para estar en mejor posición de cara a una próxima negociación o, por el contrario, estamos en una ruptura de dichas negociaciones que nos pueda llevar a una « guerra sin final »? Somos muchos/as las que nos hacemos estas preguntas. Lo que parece claro es que el escenario hipotético más probable siga siendo, a medio plazo, subir la oferta para que se pueda llegar a un acuerdo del que Trump sigue siendo la pieza clave.
Robo a mano armada a espaldas del pueblo ucraniano
Trump y Putin tienen hoy la desfachatez de hacerse pasar por los garantes de la paz. Una paz, por cierto, concebida a espaldas del pueblo ucraniano y de todo un país del que piensan repartirse todos sus recursos. Putin negocia su parte del pastel a base de bombas, misiles y demás drones. Mientras tanto, Trump y Putin son la envida de los dirigentes imperialistas europeos que sueñan con hacerse con los recursos de Ucrania. Por eso, algunos mandatarios como Macron o Starmer hablan de la posibilidad para dar «garantías en materia de seguridad» de enviar tropas a Ucrania. Su verdadero objetivo: proteger sus intereses sacando beneficios una vez acabada la guerra.
Si nos basamos en el estado actual de las negociaciones, esta « paz » consistiría en ceder a Putin, además de Crimea ya anexionada en 2014, cinco regiones de Ucrania que están siendo ocupadas hoy casi en su totalidad y que representan un 20% del total del territorio ucraniano. Mientras tanto, Trump ya se ha hecho con algunas de las riquezas de Ucrania y ambiciona con hacerse también con los jugosos negocios que puedan ir saliendo de una reconciliación con la oligarquía rusa. Por ahora, su apuesta pasa claramente por que el conflicto se vaya deteniendo pero sin apagarse del todo para vender aún más armamento a una UE que tiene supuestamente que defender militarmente a Ucrania. Una Europa, por cierto, que se enfrenta entre sí por defender sus propios mercados nacionales de armamento.
La paz sólo podrá llegar mediante el derrocamiento del sistema imperialista. No puede existir ninguna paz para los y las trabajadoras y la juventud de Ucrania sin la retirada de las tropas rusas del país, y sin la expulsión de la OTAN y de los intereses imperialistas de la región. Lo que hace falta es transformar esta guerra en una guerra social. Una guerra social que no pasara por retroceder o por acercarse al Donbás sino por romper con las fronteras. Una guerra social que tratara de acercar a los/as trabajadoras ucranianas, hoy golpeadas por las bombas y mañana sobreexplotados/as a causa de las « deudas de guerras que tocará pagar », a los/as trabajadoras rusas que Putin ha llevado al matadero en Ucrania, y que acabarán, ellos también, por pagar los costes de esta guerra aunque Putin la tilde de « victoriosa ». Hay que hacer la « guerra a la guerra ».
Los EEUU cuestionados… pero no el sistema capitalista
El contexto internacional centrado en las contradicciones y rivalidades internacionales sigue en aumento. Mientras Trump invita abiertamente a Putin en Anchorage (EEUU) para intentar alejarlo de China, Xi Jinping, por su parte, lo invita también a Tianjín (China), para que asista a la cumbre de la OCS (Organización de Cooperación de Shangaï, creada por China hace más de 25 años) para alejarlo a su vez de los EEUU.
La política de aranceles de Trump, muy agresiva con países como la India, ha contribuido a que jefes de Estado, que hasta este momento no eran aliados, empiecen a reunirse. Todo esto, está siendo un punto de apoyo para Xi Jinping y para el imperialismo chino. Desde que empezara la invasión de Ucrania en 2022 con las sanciones económicas que le siguieron, Putin ha tratado de reforzar sus lazos económicos con China y con la India para compensar la ruptura de relaciones con Europa. Y en este contexto, en continuo conflicto y movimiento, los participantes de la cumbre de la OSC han querido presentarse como los líderes del anti imperialismo americano. Un anti imperialismo del que sería deseable que los pueblos, que están siendo explotados y oprimidos por esos países, desconfiaran con firmeza.
Frente a los diferentes bandos imperialistas, necesitamos la unión de los y las trabajadoras del mundo
En esta situación, la burguesía « de izquierdas » ha escogido alinearse por completo con la OTAN y con la defensa de una supuesta « Europa democrática ». Incluso algunas corrientes de la extrema izquierda han optado por defender la entrega de armas al ejército ucraniano, alineándose en definitiva con el gobierno burgués de Zelensky, y todo eso, bajo la excusa de la « defensa del derecho de los pueblos a decidir por sí mismos ». En el sector opuesto, los residuos del estalinismo, así como algunas corrientes de la izquierda supuestamente « radical », ven en la cumbre de la OCS, en Tianjín, una resurrección del viejo bando anti imperialista de los años 60. En este contexto, los llamamientos hechos para alcanzar « la paz » son simples espejismos.
Para los trabajadores/as del mundo, la elección no debe hacerse entre un polo imperialista (China-Rusia) u otro, es decir, el representado por el imperialismo americano, por la OTAN y por sus alianzas, las cuales fluctúan en función de los campos de petróleo y de los recursos mineros que se pueden controlar ya sea en Ucrania o en África. No hay atajo posible. Necesitamos hacer emerger de las luchas de hoy, un polo proletario que se oponga a la burguesía imperialista. Frente a esas guerras imperialistas, nuestra tarea sigue siendo la de construir un polo revolucionario que ofrezca una alternativa socialista a esta barbarie.
3. Las respuestas a la mundialización: entre la preocupación de las movilizaciones reaccionarias y la esperanza de las movilizaciones populares
En algunos aspectos, el imperialismo de hoy presenta elementos que guardan mayor relación con los de principio del siglo pasado que con los de hace 25 años. Los mecanismos, los factores de la economía mundial se han transformado y sus clases sociales con ellos. Las contradicciones inter imperialistas han regresado con una nueva actualidad debido a la entrada en escena de nuevas potencias. Sin embargo, las analogías con los años 30 son de poca utilidad: ya no hay estalinismo, la social democracia está debilitada así como las direcciones sindicales.
En cambio, a escala internacional, la corriente reaccionaria ha sabido renovarse de Trump a Milei pasando por Orban y Meloni. En esta parte, no hablaremos directamente de economía política. Solo un aspecto será tocado, el que tiene que ver con un mecanismo mundial de polarización social, y más concretamente de una caída lenta de las condiciones de vida de la pequeña burguesía y del proletariado en paralelo con un enriquecimiento insolente por parte de una burguesía que ya no se puede eludir.
Una injusticia que hace que consignas como las de « gravar a los ricos » sean populares. Una consigna que suena bien y que se entiende fácilmente pero que deja de lado la cuestión del reparto y de la producción de las riquezas así como la cuestión, que es la base de todo, la explotación del trabajo asalariado y la extorsión de la plusvalía.
Los efectos mortíferos del hundimiento social
Entre los efectos nocivos, el caso británico merece toda nuestra atención aunque los acontecimientos de Torre Pacheco o de los Países Bajos sean igual de preocupantes. La manifestación iniciada por el fascista Tommy Robinson y financiada por Elon Musk, sobrepasó los 150 000 manifestantes en Londres.
Esa demostración de fuerza se aleja, en parte, de la vía Meloni por la que parecen estar optando todas las formaciones de extrema derecha, compatibles electoralmente con las grandes líneas de los promotores de la UE. Sin embargo, es totalmeente complementaria con la vía electoral de Nigel Farage (Reform UK), el cual aparece a la cabeza de los sondeos con más del 30% de las intenciones de votos.
Ese movimiento tiene un carácter abiertamente racista y xenófobo, mezclado con un nacionalismo cristiano renovado. Por último, esta manifestación ha canalizado un público popular, cuyas familias, muy alejadas del rico folclórico neo fascista británico, pusieron sobre la mesa la cuestión de la prioridad nacional a la hora de recibir ayudas sociales. Y si hablamos de este movimiento, también hay que subrayar la debilidad de la contra manifestación convocada por las direcciones sindicales y la extrema izquierda y que supuso, como mucho, un 10% de la de Tommy Robinson.
La primera lección que se puede sacar de esta movilización es que el dique de contención representado por la izquierda sindical y política no está funcionando. La política Laborista en el poder tiene seguramente mucho que ver, pero también el alejamiento de toda esa izquierda política y sindical con los sectores populares. La ruptura a la izquierda representada por Corbyn y Sultana y por su nuevo partido, « Your Party », que cuenta ya con 700 000 peticiones de adhesiones tampoco ha pesado mucho. Sin contar con el hecho de que este nuevo partido ya ha entrado en crisis interna con un enfrentamiento claro entre sus dos cabezas visibles.
Los desafíos a los que nos enfrentamos son enormes. Se trata de dar una perspectiva militante a la situación actual construyendo organizaciones revolucionarias que nos permitan intervenir de manera colectiva en la lucha de clases con una estrategia política y que ponga de actualidad cuestiones como la auto defensa y la organización de los sectores laborales y populares.
Hay respuestas positivas ante el impasse capitalista
Pero ese movimiento a la derecha no es unilateral. Se están llevando a cabo respuestas populares en el último periodo. De la caída, en Indonesia, de un gobierno gracias a una revuelta inmensa en contra de la pobreza y de la corrupción hasta la revuelta en Bangladesh pasando por las de Kenya o de Sri Lanka, estamos asistiendo a un regreso de la intervención de las masas populares para enfrentarse a los poderes establecidos. Estas revueltas encierran evidentemente muchos límites al no contar con muchas huelgas ni, por tanto, con la emergencia de nuevas formas de autoorganización permanente. Sin embargo, se pueden considerar como una fase previa, una fase necesaria de acumulación de experiencias que permita la eclosión de formaciones revolucionarias.
En efecto, esas experiencias son muy importantes. Y no sólo porque 450 comisarías de policía hayan sido quemadas de las 600 existentes en Bangladesh, sino sobre todo porque sectores populares muy importantes de esos países han tomado conciencia de su fuerza. Esto es un avance muy relevante. Sin embargo, al igual que ocurre en los países imperialistas, el impasse del reformismo sigue aún muy vivo. No en el terreno económico sino en el terreno democrático (impasse de las asambleas constituyentes, de las alternancias políticas, etc…)
Esa tendencia va a prolongarse. 21 países con más de 700 millones de habitantes están casi en bancarrota con 3 000 millones de personas viviendo en países que gastan más con el objeto de reembolsar sus deudas que para equipamientos y para programas sociales.
Esa rabia social explosiva podría acercarse a la de los países con un nivel de vida occidental. La OIT (Organización Internacional del Trabajo) considera que 80 millones de los empleos en el mundo están ligados a la demanda del mercado americano y se están viendo ahora debilitados a causa de la guerra arancelaria de Trump. En Europa, las restricciones de los presupuestos sociales y los centenares de miles de empleos destruidos abren la posibilidad a que se produzcan respuestas por parte de la clase obrera.
Se hace muy necesaria darle una perspectiva revolucionaria a todas esas luchas de clase que van estallando, lamentablemente, sin ninguna brújula política seria. Se hace muy necesario levantar un polo revolucionario que pueda reagrupar a aquellos/as, que en todo el mundo, militan para derrocar el sistema capitalista. Esto ya sería un primer paso para, al menos lograr, intercambiar las experiencias políticas y de lucha en cada unos de los países. A día de hoy, nuestros esfuerzos militantes están orientados en lograr esa perspectiva. De ahí todas las iniciativas que estamos llevando a cabo aunque éstas sean modestas con respecto a lo que sería necesario: la Escuela de verano internacional con organizaciones revolucionarias de diferentes países que venimos realizando desde hace años, la Conferencia Internacional de Milán- París con organizaciones revolucionarias de diferentes tradiciones políticas que volverá a reunirse este curso los días 15,16 y 17 de mayo. Todo esto nos está permitiendo sumar contactos con una serie de grupos y militantes revolucionarios en Turquía, Argentina, Australia y en muchos otros países.