LA LUCHA CONTRA LA EXTREMA DERECHA, NO ES TAREA PARA MAÑANA

El militante de extrema derecha, Vito Quiles, está realizando una gira a lo Charlie Kirk por diferentes Universidades. Su objetivo: movilizar y arengar a la juventud reaccionaria que no tiene ningún escrúpulo en recibirlo cantando el “Cara al sol”, haciendo el saludo nazi, ondeando banderas franquistas o cantando consignas fascistas, racistas e islamófobas. Vito Quiles afirma hoy, exaltante, que “la juventud patriótica ha despertado” y que “esto es ya imparable”. Discrepamos con él. Por supuesto que se puede detener…

Pero para eso, no hay que subestimar el problema

Las concentraciones antifascistas que se han realizado estos días han sido importantes a pesar de NO contar con la participación de las organizaciones tradicionales de la izquierda política y sindical. Su ausencia no ha sido un elemento casual. Ha sido fruto de una decisión política que, a nuestro juicio, ha sido equivocada y que merece la pena ser debatida públicamente y de manera urgente.

Consideramos un error afirmar que la mejor opción para contrarrestar la movilización de la extrema derecha es ignorarla. Hacer como si no existiesen no resuelve el problema. No van a desaparecer como por arte de magia. Al contrario. Cuando la extrema derecha se envalentona saliendo a la calle, la única forma de frenarla es movilizando a mucha más gente que ella. Lo contrario es dejar que la bestia crezca sin reagrupar y poner en movimiento a los/as trabajadoras y a la juventud susceptibles de oponerse a sus ideas.

Es evidente que si las concentraciones andaluzas en repulsa a Vito Quiles hubieran duplicado a las del agitador de extrema derecha, éstas habrían tenido un impacto muy positivo en el debilitamiento de sus ideas. Esto no habría acabado con las causas materiales que alimentan a la extrema derecha pero nos habría puesto en mejor disposición para disuadirles de seguir lanzando sus proclamas fascistas, racistas, machistas y homófobas en plena calle.

Ninguna ilusión en el Estado para frenar a la extrema derecha

Tenemos claro que para frenar a la extrema derecha sólo podemos confiar en nuestras propias fuerzas, es decir, en la de los/as trabajadoras y de la juventud organizada. Cuanto antes asumamos eso, mejor. En efecto, si una cosa hemos podido comprobar con la celebración de los actos de Vito Quiles es la enorme connivencia que tienen las fuerzas de seguridad del Estado con la extrema derecha. Esto no es nada nuevo, sin embargo el nivel de descaro con el que policías se abrazaron con manifestantes ultras fue sin duda un curso acelerado para que cualquiera comprenda que el Estado no tiene nada de neutral y que está más que posicionado.

Lo vivido en esas concentraciones demuestra la doble vara de medir del Estado que no duda en identificar, multar, cargar y desalojar concentraciones comunicadas frente a centros de trabajo o frente a pisos cuyas familias van a ser desahuciadas mientras hace la vista gorda con la extrema derecha.

En Granada por ejemplo, Vito Quiles no comunicó en ningún caso a la Subdelegación de Gobierno su concentración. Sin embargo, las personas allí presentes estuvieron congregadas durante más de dos horas sin que se produjera ningún desalojo ni ninguna identificación. Algo impensable si los que hubiésemos estado sin permiso hubiésemos sido los/as antifascistas.

La lucha contra la extrema derecha necesita de la máxima unidad en la calle

Basta ya de falsas ilusiones. El juego institucional no acabará con el ascenso de la extrema derecha ni con la expansión de sus ideas. Es más, las políticas antisociales y las corruptelas llevadas a cabo durante más de 40 años por los distintos gobiernos de turno son las responsables de la situación actual. El miedo a la extrema derecha puede hacer que en unas elecciones la gente se movilice y opte por el mal menor votando tapándose la nariz. Pero eso no dura eternamente.

La única alternativa para acabar con la extrema derecha pasa, por un lado, por movilizarse a favor de un programa de urgencia social que dé respuesta a los problemas de la clase trabajadora y de la juventud.
La lucha por el acceso a la vivienda, los servicios públicos, los salarios, las pensiones o la disminución de la edad de jubilación son elementos que importan a la mayoría de los y las trabajadoras y que permiten desenmascarar a la extrema derecha y que demuestran los intereses que estos defienden en la práctica. Unos intereses que están en completa sintonía con la patronal, los grandes tenedores, el desmantelamiento de los servicios públicos para acabar favoreciendo a la sanidad, a la educación y a los planes de pensiones privados.

Pero por otro lado, también pasa por mostrar nuestro rechazo cuando la extrema derecha se movilice en la calle para tratar de normalizar su discurso de odio. Pero para que eso sea efectivo es necesaria la unidad en la calle del conjunto de las organizaciones tradicionales del movimiento obrero incluyendo a la izquierda institucional. Sería un grave error que volviera a ocurrir que la inmensa mayoría de las organizaciones de la izquierda sindical, política y social miraran de nuevo hacia otro lado y se quedaran en casa mientras la extrema derecha se pavonea en la calle exhibiendo músculo. De nuevo aquí no hay otra alternativa. Demostrar mediante la movilización que somos muchos/as más y que nos tendrán en frente en toda circunstancia.