GRAN BRETAÑA: DEMOSTRACIÓN DE FUERZA DE LA EXTREMA DERECHA

Traducción de Hada Martínez de un artículo de Jean Liévin, militante del NPA- Révolutionnaires

El sábado 13 de septiembre, las calles de la capital británica han visto la manifestación más grande de extrema derecha y anti migrantes desde hace décadas. Más de 100 mil personas se han manifestado convocadas por Tommy Robinson, creador de la Liga de defensa inglesa (EDL), un grupúsculo fascista que ha hecho de la lucha contra los migrantes en general, y contra los musulmanes en particular, su caballo de batalla. Los pogromos racistas el verano de 2024 en Gran Bretaña habían ya congregado entre 30.000 y 40.000 personas. Pero igual de alarmante es la cantidad que la composición de la manifestación del 13 de septiembre. Porque, al lado de los matones habituales se han visto numerosas familias, incluidos niños. Un indicador de que las ideas nauseabundas que impulsan esta protesta, comienzan a extenderse en una franja de capas y familias populares: a la larga, es un peligro mortal para la clase obrera.

La guerra de las banderas”, ataques contra hoteles y un creciente peso en la opinión pública

Esta penetración de las ideas de extrema derecha en los barrios obreros se refleja también en lo que el medio digital de Birmingham The Dispatch, llama “la guerra de las banderas”. Desde hace algunos meses, hemos visto florecer en algunos barrios de la ciudad una proliferación de Union Jack, la bandera británica, para indicar que están habitados por británicos “de bien”, que no tienen nada que ver con las familias provenientes de la inmigración. Una vez más, este inquietante fenómeno se ha extendido por todo el país, síntoma de la ofensiva anti migrante actual. Los militantes de EDL están también detrás de los ataques dirigidos contra los centros de acogida de migrantes, estos ataques se han multiplicado desde hace más de dos meses. Comenzaron en julio, tras ser acusado formalmente un solicitante de asilo etíope de agresión sexual por haber intentado besar a una joven inglesa, el hotel Bell, donde estaba alojado, en la periferia este de Londres, fue atacado varios días seguidos por hordas de matones racistas. A continuación, el movimiento se había extendido a numerosas ciudades, impulsado también por otros grupos como Homeland Party, abiertamente supremacistas blancos, y Reform Uk de Nigel Farage, este último tratando de aparecer como la cara respetable de la extrema derecha, a la imagen de Rassemblement national (partido de Marine Le Pen) en Francia.

En este clima, no es sorprendente que todas las encuestas pongan en cabeza a la extrema derecha en caso de elecciones legislativas: Reform Uk obtendría el 31% en la intención de voto, 11 puntos por delante del partido Laborista con 20% y los conservadores con 17%. El sistema electoral británico, basado en la votación por mayoría absoluta de un solo candidato, daría la oportunidad a Farage de postularse al puesto de Primer Ministro.

El Partido Laborista es cómplice

Frente a esta catástrofe anunciada, el Partido Laborista, sostenido por los sindicatos, lejos de implicarse a fondo en la lucha en defensa de los migrantes y contra el racismo, al contrario, ofrece garantías contra la inmigración a la extrema derecha. El gobierno del laborista Keir Starmer, llegado al poder en julio de 2024, ha multiplicado las medidas para luchar contra la “inmigración ilegal” y endurecer el sistema de apelación de los solicitantes de asilo. Ha hecho votar un presupuesto adicional de 100 millones de libras sterling (116 millones de euros) para luchar contra el paso de migrantes en el canal de la Mancha, incluyendo la contratación de 300 nuevos agentes; ha firmado un acuerdo con París para enviar a Francia a aquellos que consigan sobrevivir a dicha travesía e intenta llegar a acuerdos con países terceros (sobre todo en África) para enviarles a los migrantes en situación ilegal. Ha llegado incluso a prohibir la plataforma propalestina Palestine Action, con procedimientos judiciales y decenas de detenciones, lo que contribuye evidentemente a alimentar el clima racista y a desarmar a los contra manifestantes.

Esta política no frena el flujo migratorio, pero refuerza el mito de la “invasión extranjera”, ampliamente usado por Farage y sus cómplices.

Una respuesta aún muy débil

El caso de Gran Bretaña no es un caso aislado. En toda Europa, bajo gobiernos de izquierda y derecha, asistimos a un mismo fenómeno de subida de la extrema derecha, que toma como chivos expiatorios, alimentándose de la deterioración de los servicios sociales, de los sistemas de sanidad y las condiciones de vida de las clases trabajadoras.

Frente a eso, la voz de aquellos, a la izquierda que se enfrentan para acabar con las fronteras, acoger a los migrantes y contra las políticas de austeridad, sigue siendo desgraciadamente muy débil, como ha demostrado la contra manifestación de Londres el mismo día, que no ha reunido más que a algunos miles de manifestantes llamados por Stand Up to Racism Uk. Reforzar esta voz, ligando la acogida de migrantes a las luchas obreras, es una de las tareas urgentes que nos esperan.