Las elecciones presidenciales del 17 de agosto en Bolivia confirmaron el agotamiento de un ciclo político. El MAS, otrora hegemonía indiscutible, sufrió una derrota histórica, mientras que la derecha, fragmentada, pero con rostros renovados, logró capitalizar el descontento social. Sin embargo, lejos de solucionar alguno de los grandes problemas que sufren hoy las clases populares bolivianas, el escenario que emerge es de profunda inestabilidad: un gobierno débil, un parlamento fracturado y una crisis económica que amenaza con estallar en nuevas convulsiones sociales.
El colapso del MAS y el ascenso de una derecha «renovada»
El Movimiento al Socialismo (MAS) no solo ha perdido la presidencia, sino que prácticamente ha desapareció del Senado y ha quedado reducido a una minoría testimonial en Diputados. Su candidato, Eduardo Del Castillo, apenas ha logrado “salvar las siglas”. Pero lo que realmente marcó el resultado fue el voto nulo y en blanco, que superó el 21%, un récord histórico que refleja el profundo rechazo a un proceso electoral al que no pudo concurrir el inhabilitado Evo Morales, que ha de algún modo ha probado de su propia medicina, ya que fue su Gobierno el que diseñó un sistema electoral ideado para invisibilizar cualquier alternativa por su izquierda.
Este voto de protesta, impulsado por el propio Morales desde el exilio, no fue suficiente para bloquear el avance de la derecha. En su lugar, el descontento se canalizó hacia el binomio Rodrigo Paz (PDC) y Edman Lara, una fórmula que supo presentarse como una alternativa «antisistema» dentro del campo conservador. Lara, excapitán de policía despedido por denunciar corrupción, logró conectar con sectores populares mediante promesas populistas, como el aumento de la renta dignidad, que de no cumplir, generará un malestar social difícil de sostener. Lara incluso recibió un indirecto respaldo de Morales, quien sugirió a sus bases votar por él si no optaban por el nulo. Sin embargo, detrás de este discurso «renovador», Paz representa la continuidad del viejo régimen neoliberal: hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (MIR), su equipo incluye operadores históricos como Óscar Eid, figura clave del ajuste en los años 90.
En cualquier caso, el nuevo gobierno, heredará además de un Parlamento sin mayorías estables, una economía en crisis, marcada por la subida de los precios de alimentos y combustibles.
¿Por qué avanzó la derecha?
El triunfo de Paz-Lara no se explica solo por su campaña, sino por la implosión del MAS y la ausencia de una alternativa independiente de las y los trabajadores. El gobierno de Luis Arce, Exministro de economía de Evo Morales, profundizó la dependencia del extractivismo y la conciliación con las élites económicas. El golpe de 2019 ya anunciaba el fin de un ciclo político que estas elecciones confirman, sin que emerja una fuerza, ni siquiera capaz de defender las conquistas populares, alcanzadas tras las enormes movilizaciones que auparon al sindicalista cocalero a la Presidencia en enero de 2006.
La derecha, aunque dividida entre el neoliberalismo duro de Tuto Quiroga y el «capitalismo moderno» de Paz, tiene un objetivo común: aplicar ajustes, abrir las puertas al capital extranjero y desmontar lo que queda del Estado plurinacional. La diferencia está en la táctica: mientras Quiroga busca un alineamiento total con EE.UU., Paz prefiere un pragmatismo que no afecte los negocios con China, vitales para la agroindustria y la minería. Por su parte, el gobierno de Arce aprobó un par de días antes de las elecciones una concesión para la extracción de litio, a favor de la multinacional rusa “Uranium One Group” y prepara otra favoreciendo a la Hong Kong CBI de China, que pretende cerrar antes de abandonar el poder noviembre. La lucha entre los diferentes sectores de la burguesía nacional aliados con uno u otro bloque imperialista para repartirse la explotación de un recurso tan preciado hoy como el Litio, evoca el saque que se ha venido haciendo del gas o el que en su día se hizo de la plata. Precisamente en Potosí, sede del yacimiento, ya se está convocando una marcha por la anulación de esta concesión.
La necesidad de construir una alternativa revolucionaria
Los sucesivos gobiernos progresistas apoyados en una débil burguesía nacional “andina” han sido incapaces de industrializar la economía boliviana y solo han logrado arrancar mejores condiciones a las multinacionales imperialistas para la explotación de sus recursos naturales apoyándose en la fuerza que las clases populares venían demostrando, pero el modelo rentista que solo dio sus frutos mientras duró el alza en los precios de los hidrocarburos, prefirió dirigir gran parte de los excedentes financieros al pago de la deuda pública.
Ante este escenario, urge construir una herramienta política independiente de los intereses de la burguesía nacional e internacional, que recoja las lecciones del ciclo abierto con la Guerra del Agua (2000) y que ahora se cierra definitivamente para organizar la resistencia en las calles y el campo contra las políticas antisociales que ya se vienen padeciendo y que no harán más que aumentar de la mano del nuevo gobierno vendido al imperialismo de turno. Desde IZAR, solo podemos alentar a los y las revolucionarias en Bolivia a hacer suyas las palabras de Mariategui “nuestra misión es explicar y demostrar a las masas que sólo la revolución socialista es capaz de oponer una barrera verdadera y definitiva al imperialismo”.