EL CAPITALISMO GENERA INCENDIOS Y GUERRAS. DERRIBEMOS EL CAPITALISMO

El capitalismo amenaza nuestro planeta…

Europa arde. Mientras el continente sufre la mayor ola de calor en 50 años, los países del Mediterráneo están siendo devastados por los incendios. Al igual que en Turquía, Grecia, Portugal o Italia, en el Estado Español tenemos cifras terroríficas: más de 250 incendios forestales en lo que va de 2025 y la mayor cantidad de superficie calcinada jamás registrada, con más de 400.000 hectáreas.

Si bien es cierto que los incendios pueden ocurrir de forma natural, la magnitud de esta destrucción tiene un claro responsable, el sistema capitalista. Porque de igual manera que los enfrentamientos entre los capitalistas de los países imperialistas se traducen en guerras, genocidios, hambre y demás horrores, la explotación sin límites de los recursos naturales o la contaminación generada por el capitalismo ha provocado una situación de crisis climática que está llevando al límite al planeta, creando condiciones que favorecen la aparición y extensión de los incendios: aumento constante de las temperaturas, sequías, inundaciones…

…y nuestras vidas

Y los gobiernos al servicio de los capitalistas lo subordinan todo a los intereses de los capitalistas. Cada aumento del gasto militar no solo nos conduce a una escalada bélica de consecuencias desastrosas -con un horizonte de guerra- sino que también nos conduce a un presente donde ya estamos sufriendo el resultado de este tipo de políticas. Y el Gobierno de PSOE-Sumar no es una excepción.

Porque para que Pedro Sánchez pueda cumplir con los compromisos contraídos en materia militar con la UE y la OTAN, deben reducirse las partidas presupuestarias para los servicios públicos o para la lucha contra los incendios. Para ello cuenta con el apoyo incondicional de las burocracias sindicales representadas, entre otros, por el Secretario General de la UGT, Pepe Álvarez, que no duda en mirar hacia otro lado mientras las y los bomberos forestales se juegan la vida en unas condiciones totalmente precarias, y donde la subcontratación, los contratos temporales, la inestabilidad y las jornadas interminables, de una plantilla cada vez más reducida, son el pan de cada día mientras propone que “la UE cree un impuesto a toda la ciudadanía para financiar la defensa”.

Los capitalistas deciden y la clase trabajadora sufrimos las consecuencias, porque de igual manera que no serán los hijos de Botín, Amancio Ortega, Juan Roig o Felipe VI quienes irán a morir al frente, tampoco son ellos los que sufren las consecuencias directas de los incendios o de las Danas. Menos aviones de combate y más hidroaviones.

Derribemos el capitalismo

Pero esta situación solo puede ser revertida irrumpiendo los y las trabajadoras en la política, movilizándonos. En efecto, para depurar las responsabilidades de esta catástrofe, pero también para enfrentar las políticas de aumento del gasto militar y para superar esta crisis ecológica y climática, solo podemos confiar en las fuerzas de la clase trabajadora. Para imponer un programa de urgencia social que priorice los intereses de la mayoría social en vez de los beneficios de unos pocos ricachones, solo podemos apoyarnos la movilización y las huelgas. Los incendios, las guerras y el cambio climático tienen mucho que ver con el sistema capitalista ya que son el fruto de la búsqueda del máximo beneficio por unos pocos en detrimento de la defensa de los intereses de la mayoría y del propio planeta. La izquierda institucional no está dispuesta a enfrentarse a los intereses de los capitalistas. Por eso se sigue privatizando los servicios públicos, se sigue aumentando la edad de jubilación aunque sea de manera voluntaria, se sigue sin aportar respuestas al problema del acceso de la vivienda o se sigue aumentando los salarios por debajo de la inflación.

Mientras exista el sistema capitalista, el planeta y las personas estaremos en peligro. Es necesario defender una sociedad alternativa que haga un uso racional de los recursos y en la que no existan ni las guerras ni ningún tipo de opresión y explotación. Una sociedad comunista en la que los y las que producimos las riquezas y hacemos que todo funcione seamos los que decidamos sobre todo. Para afrontar esta tarea es necesario organizarse colectivamente para defender esa perspectiva y entender que los cambios no surgen, ni nunca lo hicieron, de las elecciones o de los debates parlamentarios sino de las movilizaciones y de las huelgas de nuestra clase. De ahí vienen todas nuestras conquistas sociales. Por lo tanto, si queremos mantenerlas y lograr nuevas, no hay atajos posibles.