Traducción de Hada Martínez para IZAR de un artículo editorial del NPA Révolutionnaires
Es un año perdido para el gasto público y los baremos sociales y fiscales, no se reemplazarán a uno de cada tres jubilados en la función pública, supresión de dos días festivos – ¡trabajar más para ganar lo mismo! -, nueva “reforma” del seguro de desempleo, dicho de otra forma, endurecimiento de los derechos, recortes de 5.000 millones de euros en sanidad sobre los aumentos indispensables. Pero, Macron hace dos días anunciaba que el gasto militar va aumentar más de lo ya previsto, para que empresas como Dassault y Thalès se froten las manos, mientras que se nos pide pagarlo a las clases populares.
Hacer pagar a los pobres una deuda que sólo beneficia a los ricos
Bayrou ha justificado todo esto con los 3,3 billones de deuda que tiene Francia. Pero ¿quién ha disfrutado de esa deuda pública? ¿Los hospitales? Con falta de camas, de medicamentos, de enfermerxs y personal. ¿Los centros de estudio? Donde falta de todo, empezando por los profesores, monitorxs escolares y personal en general. ¿En qué nos ha beneficiado esa deuda? ¿Quién ha visto aumentar su nómina a la vez que lo hacía la deuda pública?
Y, sin embargo, una comisión del Senado acaba de calcular en 211.000 millones al año las ayudas para las empresas- donde Thalès, Dassault, STMicroelectronics (empresas armamentísticas y de defensa) se benefician las primeras, así como otras empresas del CAC 40 (el equivalente francés al IBEX 35)- con exenciones fiscales, subvenciones directas y exenciones en las cotizaciones a la Seguridad Social. ¡Vemos bien quién se aprovecha del endeudamiento del Estado! ¿Y, aun así, somos nosotros quienes debemos pagar los intereses de estas deudas contraídas para seguir enriqueciendo a los ricos?
Los regalos a los ricos responsables de las deudas
El Observatorio Francés de Coyunturas Económicas (OFCE), un organismo que aconseja al gobierno, acaba de publicar un informe explicando que la deuda pública se debe, desde el 2017, a la bajada de impuestos- que sobre todo ha beneficiado a los ricos- y no al aumento del gasto público. Aún así, es el gasto público lo que Bayrou quiere recortar sin importarle: que los hospitales no puedan funcionar correctamente, que los estudiantes estén amontonados en clases masificadas frente a profesores absolutamente desbordados, que los trabajadores despedidos tengan que luchar cada vez más en el paro. Todo debe ir a los que comercian con la muerte y la guerra, a los accionarios de las grandes empresas, a los ricos en general.
Prepararse para la lucha
Tan rápido como se apagó el micrófono de Bayrou, los responsables sindicales sólo se quejaron de la pérdida de los dos días festivos. Por parte de los dirigentes de la izquierda institucional, para Mélenchon “las destrucciones y las injusticias no deben ser ya aceptadas. Es urgente acabar con Macron. Hay que hacer que Bayrou se vaya”. ¿Y cómo? ¿Dónde está el plan que permitiría conseguirlo? ¿Una enésima moción de censura que sólo podría ir hacia delante con el voto de Rassemblement national (partido de extrema derecha de Marine Le Pen)? Así cayó Barnier (fue primer ministro de Francia de septiembre a diciembre de 2024), ¿Y después? Nos tocó Bayrou, aún no nos ha tocado Le Pen, pero sí tenemos a Retailleau (ministro del Interior actual), las diferencias son cada vez menores.
El problema no es tanto conseguir que Bayrou dimita, si no acabar con la política que defiende, que es la continuidad de aquella defendida por sus predecesores. Esto supone otra cosa que contar con un voto milagroso en el Parlamento Francés.
No tenemos otra opción que luchar. En su discurso al Ejército, Macron, para justificar sus prebendas a los militares, dijo: “Para ser libres en este mundo, debemos ser temidos”. Es exactamente lo que necesitamos los trabajadores, si no queremos que la máquina en marcha nos aplaste, ricos y gobernantes deben temernos.
Las medidas de Macron y Bayrou no tienen nada de inevitables, por medio de nuestras movilizaciones, tenemos de sobra los medios para inspirarles temor y acabar con esta política antiobrera que se impondrá, si no hacemos nada para evitarlo.