Traducción de Tomás Martínez de un artículo de Speak Out Now (EEUU).
Mientras la administración Trump continúa intensificando sus agresivos ataques contra los inmigrantes en todo el país, la clase trabajadora se ve obligada a defenderse sola. Mientras los demócratas siguen conformándose con una retórica vacía de oposición, las protestas en Los Ángeles en el mes de junio han demostrado que las supuestas salvaguardias de la administración (los tribunales, la Constitución, el Congreso) son ineficaces para limitar los excesos autoritarios de Trump.
Según el Departamento de Seguridad Nacional, el ICE arrestó a 118 personas solo la primera semana de junio por cargos de inmigración. Estas redadas constituyeron una clara provocación contra las comunidades en Los Ángeles, con la intención ejemplarizante para quienes se atrevieron a resistir. En realidad, la escalada de represión y ataques gubernamentales contra las comunidades inmigrantes demuestran que las únicas salvaguardias somos nosotros/as: las masas organizadas de trabajadores/as que nos alzamos y nos unimos en nuestras para garantizar nuestra seguridad mutua.
Manifestaciones y rabia en Los Ángeles para contrarrestar al ICE
Las redadas en Los Ángeles siguen a semanas de ataques similares en otras partes de California y en todo EEUU. Una semana antes, 20 agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), armados y con vehículos blindados, irrumpieron en un barrio residencial del centro de San Diego, California, y allanaron un restaurante, arrestando a 19 trabajadores. Las y los vecinos reaccionaron rápidamente, rodeando a los agentes y sus vehículos. Los agentes del ICE dispararon granadas aturdidoras para dispersar a la multitud y realizar algunos arrestos.
En las últimas semanas, el ICE se ha encontrado cada vez más con multitudes organizadas de manifestantes en todo el país, desde Minneapolis hasta Chicago y Ohio, y ahora en Los Ángeles, la 2ª ciudad más grande del país y hogar de una de las mayores poblaciones de inmigrantes. Antes de las redadas en los centros de trabajo, los agentes del ICE arrestaron a decenas de inmigrantes que comparecieron voluntariamente en los tribunales de todo el estado, separando familias y arrestando a adultos y niños.
El punto álgido tuvo lugar el viernes 6 de junio, cuando agentes del ICE irrumpieron en varios barrios obreros del centro de Los Ángeles, conocidos por su gran población inmigrante y centros de trabajo que emplean principalmente a trabajadores/as inmigrantes. El ICE atacó a trabajadores/as de varias empresas textiles en el distrito de moda, tiendas Home Depot, donde muchos/as se concentran para buscar trabajo. Con frecuencia, los trabajadores eran arrestados y llevados a la fuerza a camionetas sin identificación, sin previo aviso ni identificación.
Ninguna de estas operaciones quedó sin respuesta. Los grupos de derechos de los inmigrantes respondieron rápidamente, alertando en redes y reuniendo con éxito a cientos de manifestantes en varios lugares donde se llevaban a cabo redadas del ICE. Los manifestantes se equiparon con megáfonos para dar instrucciones legales a los detenidos por el ICE. Los grupos intentaron bloquear sus vehículos, pero fueron repelidos con gases lacrimógenos y granadas aturdidoras.
La noche del viernes cientos de manifestantes marcharon hacia el centro de detención de ICE de Los Ángeles, donde 200 arrestados iban a ser procesados, al grito de «¡Libérenlos!». La concentración fue declarada ilegal y la policía de Los Ángeles, con equipo antidisturbios, cargó con balas de goma y gases lacrimógenos. El presidente del sindicato más grande de California, el Sindicato Internacional de Empleados de Servicios (SEIU), fue arrestado por agentes de ICE y trasladado al hospital. Las protestas continuaron durante toda la noche y la policía realizó más de 100 arrestos. Y el sábado agentes militarizados de ICE acudieron a otra tienda Home Depot, en el barrio obrero, inmigrante y afroamericano de Paramount, a continuar las redadas.
Cuando los agentes del ICE intentaron salir en sus vehículos, blandiendo porras y disparando gases lacrimógenos y balas de goma, se encontraron con barricadas, piedras y botellas lanzadas por jóvenes, en su mayoría latinos y afroamericanos, que habían inundado las calles. Los enfrentamientos continuaron durante todo el día y la noche, extendiéndose a ciudades vecinas, como Compton, Long Beach e Inglewood, también barrios obreros con una población mayoritariamente afroamericana y latina. Al final de la noche, las fuerzas del orden se retiraron de algunas de estas zonas entre cánticos de «¡Al diablo con el ICE! ¡Fuera de Los Ángeles!».
Trump responde con la militarización y el despliegue de la Guardia Nacional
A medida que se difundían las noticias y circulaban imágenes de vehículos policiales destruidos, agentes de ICE superados en número y grafitis generalizados contra ICE y Trump, el presidente recurrió a las redes sociales para denunciar las protestas y anunciar el despliegue de 2.000 efectivos de la unidad de combate más grande de la Guardia Nacional de California. Esto a pesar de la firme oposición de la alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, y del gobernador de California, Gavin Newsom. El gobierno Trump declaró la resistencia a ICE como una insurrección y, una vez más, traspasó los límites de la ley.
El domingo, cientos de efectivos armados de la Guardia Nacional desencadenaron otra jornada de protestas y enfrentamientos en toda la ciudad. A lo largo del día, los manifestantes se enfrentaron con la policía, incendiaron varios vehículos y se enfrentaron a gases lacrimógenos y balas de goma, además de ser arrestados. Fue un día de resistencia generalizada contra la policía, que recordó los días posteriores al asesinato de George Floyd a manos de la policía en 2020 y la rebelión de 1992 en Los Ángeles tras la absolución de los agentes que apalearon brutalmente a Rodney King.
El 9 de junio por la mañana, Trump había advertido repetidamente que estaba considerando invocar la Ley de Insurrección de 1807, que le otorga amplios poderes, incluyendo la capacidad de desplegar militares, declarar la ley marcial, imponer toques de queda y suprimir el derecho a la protesta. El gobierno ya ha enviado a 700 marines en servicio activo a Los Ángeles, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha amenazado con enviar más marines desde otra base en el sur de California. La orden de llevar a cabo estas redadas militarizadas del ICE se ha convertido en el pretexto para enviar militares a Los Ángeles.
El racismo y el miedo a la comunidad inmigrante para dividir a la clase trabajadora
Mientras la administración Trump transfiere descaradamente la riqueza a multimillonarios con su reforma fiscal, recortando drásticamente los servicios sociales y eliminando numerosos departamentos y programas que brindan ayuda a la clase trabajadora, ha intensificado sus ataques de alto perfil contra las y los inmigrantes. Busca explotar estas movilizaciones como un medio para dividir a la clase trabajadora y como una provocación que merece una respuesta más militarizada. Repite la mentira de que los inmigrantes son criminales que abusan de los recursos de las comunidades, pero son trabajadores/as esenciales, viven aquí desde hace décadas y a menudo realizan los trabajos más difíciles del país. Son abuelos, madres, padres e hijos y forman parte de la clase trabajadora.
Estas redadas solo sirven para aterrorizar a las comunidades inmigrantes, intimidar a sus trabajadores, aumentar su vulnerabilidad y, en última instancia, reforzar su explotación. Al mismo tiempo, el gobierno intenta reprimir cualquier forma de disidencia. No cabe duda de que la decisión de utilizar agentes armados del ICE equipados con vehículos blindados para llevar a cabo redadas de alto perfil —ahora respaldadas por la Guardia Nacional y la Infantería de la marina— tiene como único objetivo intimidar a la población para que se someta y obligarnos a aceptar un estado de represión generalizada.
Trump ha dejado claro que quiere arrestar, detener y deportar a ciudadanos, además de inmigrantes, a cualquiera que se niegue a aceptar este flagrante régimen autoritario de la clase multimillonaria. Solo una cosa se interpone en su agenda: nosotros/as. Ni el Partido Demócrata, ni los tribunales con sus interminables juicios que, al final, no dan resultado en las apelaciones. Nadie vendrá a salvarnos. Es la clase trabajadora la que está siendo atacada y la que tiene todas las razones para mantenerse unida y resistir estos ataques. Son quienes mantienen viva la sociedad quienes tienen el poder para resistir esta ofensiva estatal.
Las protestas de los últimos días en Los Ángeles han puesto de relieve la violencia del sistema capitalista. Estas redadas separan con violencia a nuestras familias. Los explotadores se aprovechan de quienes llevan las vidas más difíciles de la sociedad. Los ataques se centran con frecuencia en barrios obreros de zonas urbanas marginadas, donde muchos jóvenes, en su mayoría negros y latinos de familias inmigrantes, viven y se enfrentan a la creciente pobreza, al terror policial y la opresión de un sistema racista y violento. Pero muchas ya se han enfrentado a las fuerzas del orden en el pasado.
Las protestas de Los Ángeles han demostrado que es posible contraatacar. Si unimos fuerzas, unimos a todas las comunidades trabajadoras que sufren ataques —contra inmigrantes, personas transgénero, palestinos/as, personas afectadas por prohibiciones de viaje, ataques a la educación y bibliotecas, a nuestra atención médica, etc.— unidos, podemos contraatacar. Mientras las protestas continúan y se extienden a otras ciudades, es el momento de unir fuerzas y aunar todas nuestras luchas para defender a nuestros vecinos y vecinas y rechazar la división. Podemos oponernos a Trump y a todo este sistema que vive de nuestra explotación.