30 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE ERNEST MANDEL: LEGADO DE UN SUPERVIVIENTE

El día 20 de julio se cumplen 30 años de la muerte del dirigente de la IV Internacional Ernest Mandel. Si buscásemos quién fue Mandel, muy probablemente leamos que fue un economista, un historiador y hasta un político. Pero Mandel no fue nada de eso en el sentido profesional de la palabra. Mandel fue, ante todo, un militante comunista revolucionario: un militante cuya vida atraviesa casi todo el siglo XX —ese siglo de crisis, guerras y revoluciones—, dejando tras de sí una inmensa producción escrita de libros, artículos, conferencias transcritas, etc. que no han perdido actualidad. En este sentido, Mandel no fue ningún intelectual que pensara por su cuenta y escribiera por su cuenta en busca de prestigio o un plato de lentejas: Mandel piensa y escribe en y desde las organizaciones obreras, atendiendo estrictamente a su compromiso revolucionario, por lo que sus textos son balances de las coyunturas que atravesó y contienen debates que todavía no se han cerrado y de los que aún podemos extraer conclusiones para orientar nuestra intervención política en la lucha de clases.

De ciudadanía belga, aunque se llamaba a sí mismo flamenco, flamenco de Flandes, región donde la cuestión nacional se articulaba con las luchas del movimiento obrero, Mandel nació en 1923 en el seno de una familia judía étnicamente, pero no religiosa. Su padre era comunista, así que desde chico tendrá contacto con las ideas marxistas y bolcheviques, y en particular con un grupo de seguidores del revolucionario soviético León Trotsky, con los que empezaría a militar siendo adolescente. Con este grupo el joven Mandel tendría sus primeras experiencias de organización política y sindical apoyando las potentes luchas mineras de la zona.

En 1940 la Alemania nazi ocupa Bélgica, lo que obliga a Mandel y su grupo a pasar a la clandestinidad. Durante un reparto de panfletos llamando a los soldados a no resignarse a ser carne de cañón de los imperialistas y a volver las armas contra sus explotadores, la policía detiene a Mandel y lo manda a un campo de prisioneros en Alemania, de donde logra escaparse varias veces hasta el final de la guerra, en 1945. Mandel rememoraba esa etapa con cierta sorna, reconociendo que tenía todas las de perder siendo “judío, marxista, comunista y trotskista”, deportado en la Alemania nazi y en un momento en que el estalinismo reprimía toda oposición en el seno del movimiento comunista internacional. Lo cierto es que Mandel fue uno de los pocos supervivientes de una generación que en gran parte cayó bajo la bota del fascismo o en los campos de exterminio nazis, como su camarada y amigo del alma Abraham León, asesinado en Auschwitz y que también fue dirigente internacional además de un adelantado opositor al sionismo que hoy comete un genocidio en Palestina.

Ya derrotado el nazismo, y liberado y de vuelta en casa, Mandel empieza a asumir responsabilidades de dirección en su organización, la sección belga de la IV Internacional, en la que se forma como cuadro dirigente. Desde allí dedicará todos sus esfuerzos a reconstruir la Internacional, tarea a la que consagrará toda su vida tanto con aciertos como con errores. Un momento clave en su trayectoria será el año 1968, año en que se producirá una sacudida internacional a las puertas de la crisis mundial de 1974, con estallidos sociales en cada rincón que terminarán adquiriendo un carácter de impugnación política a los gobiernos capitalistas: movilizaciones de la juventud contra la guerra del Vietnam en Estados Unidos, movimientos guerrilleros que se extienden por América Latina siguiendo el ejemplo de Cuba, en Japón un movimiento estudiantil muy masivo y combativo que presiona a un gobierno títere del imperialismo estadounidense, grandes revueltas en la Irlanda ocupada por el imperialismo británico mientras que en Londres los estudiantes se manifiestan en favor de los irlandeses… Y, en una Francia que recoge el impulso de la resistencia anticolonial argelina, el movimiento estudiantil se suma al movimiento obrero y su oleada de huelgas, culminando en la mayor huelga general que ha visto Francia, con 10 millones de trabajadores parando el país. Es en esta coyuntura que Mandel actualiza lo que se llamará la teoría leninista de la organización, es decir, la apuesta política de Lenin y los bolcheviques que llevaría a los sóviets al poder en 1917, por la construcción de un partido de cuadros revolucionarios, de militantes convencidos de que, para acabar con el capitalismo y todas sus opresiones, no hay otra manera sino la intervención estratégica en las luchas obreras y acompañar a la clase trabajadora en su proceso de autoorganización, toma de conciencia de clase y finalmente la toma del poder.

Los últimos años de Mandel vienen marcados por una grandísima derrota histórica: la caída de la Unión Soviética y con ella de todo el bloque socialista. Esto no fue, sin embargo, suficiente para minar la convicción y el compromiso de un anciano Mandel, que, según cuentan quienes lo conocieron, siguió militando incansablemente hasta el último suspiro, tomando parte en todas las tareas cotidianas de su organización a pesar de sus afecciones de salud. Con su muerte en 1995 se fue parte de una generación comunista revolucionaria que nos enseñó que, incluso entre los escombros y los horrores de la guerra imperialista y el fascismo, y a pesar de las divisiones y las traiciones en nuestro bando social, no hay más salida que organizarse y empujar la lucha de clases hasta la revolución de la clase trabajadora.

Desde Izquierda Anticapitalista Revolucionaria – IZAR recogemos este legado en el nuevo libro “La lucha continúa. Escritos de Ernest Mandel para la acción revolucionaria”, de la editorial Cangrejo Rojo, del cual tuvimos una presentación el pasado mayo en el Ateneo La Morrallita (Granada) y del que haremos otra presentación en Madrid en otoño. Con mucho esfuerzo organizativo de revisión, corrección, traducción y reedición, llegando a corregir errores sustanciales de traducciones previas, en este libro recuperamos textos fundamentales para el debate y la acción política.

Animamos a todo el mundo a conseguirlo y acercarse al acto de presentación en Madrid para ahondar en todas las cuestiones que hemos expuesto arriba, cuestiones de tanta actualidad que hasta la legislación que Donald Trump ha utilizado para deportar activistas propalestinos es la misma jurisprudencia anticomunista que se emitió especialmente para impedir la entrada de Mandel en Estados Unidos. Lo que puede parecer una anécdota, revela en realidad que la lucha continúa aunque adopte formas nuevas. Solamente entre 2010 y 2020 hubo más protestas en el mundo que en cualquier otra década desde los años 1960. Los estallidos sociales seguirán sucediéndose. Debemos prepararnos.